
Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis
AME de la Escuela de Orientación Lacaniana
Docente del ICDEBA
Docente de la Maestría en clínica psicoanalítica de la UNSAM
Consejo Académico del IOM 3
Leo una noticia en el diario (1): un joven anestesista muere luego de colocarse una bomba de infusión de propofol y fentanilo, se caratuló como muerte dudosa y está en investigación. Se trata de dos sustancias que se usan habitualmente en la práctica de anestesia. Muere solo, en su departamento.
También aprendo por las noticias que existen las “Propofest”. Encuentros que realizan médicos anestesistas, solo se nombra esa especialidad, donde “recreativamente” usan estas sustancias, asistidos por un “ambuseador” (2), una persona que los reanima en caso de parálisis respiratoria.
Me pregunto que “anima” a quien conoce perfectamente estas sustancias a este “juego” (me disculpo por el encomillado, pero no puedo dejar de notar que lenguaje el corriente, del discurso corriente no puede nombrar sin comillas lo que digo). ¿De qué se trata? Es acaso un delirio de omnipotencia, un anestesista tiene en sus manos el poder de matar o dormir a un sujeto. Pero más aún, el poder de revivirlo, de sacarlo de un estado semejante a la muerte.
Lacan nos dice que en la psicosis hay un trastorno en la juntura más íntima del sentimiento de la vida (3). ¿Eso se extendería a la vida misma contemporánea, una vez que la psicosis se ha vuelto ordinaria?
En el año 1990, Joel Shumacher dirigió una película llamada Flatline, allí un grupo de jóvenes médicos presenciaba como uno de ellos se hacía provocar un paro cardíaco por medio de medicamentos, para revivirlo luego y que cuente su experiencia. Flatline (línea plana) hace alusión al registro electrocardiográfico cuando sobreviene la muerte, el corazón se detiene, y cesan las líneas angulares.
El ideal de nombrar todo lo real animaba ese film. Es una película americana o sea que termina bien. No ocurrió lo mismo con este joven.
Esta práctica del Propofest, ¿es acaso un último intento de arrancarle la vida a la muerte?
Como analistas sabemos que el goce es de la vida, un goce que se encarna y para ello hace falta un cuerpo vivo. Pero no sin el Otro, que marcó al sujeto con sus palabras. En una época donde el Otro se diluye en la autopercepción, le queda al “individuo”, puesto que el sujeto es quien está representado por un significante que le viene del Otro, arreglárselas para encontrar ese plus de vida.
El mercado viene aquí para acelerar el trámite. Daniel Salas, experto químico de la ONU y especialista en nuevas sustancias psicoactivas nos dijo en una entrevista que le dio a Zadig Córdoba, que la cantidad de sustancias que salen al mercado es tan veloz, que la ley corre detrás para incluirlas en el campo de la penalización. De este modo, estas sustancias no están tipificadas dentro del código que las ubicaría del lado del narcotráfico, por lo cual la sustracción de estos fármacos, Propofol y fentanilo, que son de uso restringido al ámbito hospitalario no se consideran dentro del marco del narcotráfico, sino como una “presunta administración fraudulenta en perjuicio del hospital”. Como si se hubiera sustraído un tensiómetro para su venta.
Entonces me interrogo, quien se da cuenta sobre sí esta práctica de infusión continua ¿no parte ya de un cuerpo muerto, de lo que Lacan nos dice respecto de Schreber “entretanto el sujeto estaba muerto”? En un último intento por animar, tal cual el cuento de Pinocho ese cuerpo inerte, llegan a usar ese instrumento ideal como una posibilidad de vida, aunque el límite de la muerte esté presente.
Por último, este triste acontecimiento ocurrió el 20 de febrero de este año, tuvimos noticias en esta semana.
Como analistas escuchamos el dolor de existir, y más allá de cualquier sentido común soportamos el sin sentido de cada uno. Es por la vía de ese sin sentido como algo de lo más singular puede anclarse en un cuerpo para hacerlo vibrar con un goce vivo.
Referencias
- https://www.lanacion.com.ar/sociedad/un-muerto-dos-imputados…
- Es quien se ocupa de aplicar el ambú (o resucitador manual tipo bolsa-válvula-mascarilla, BVM) un dispositivo médico portátil y desechable utilizado para proporcionar ventilación manual de presión positiva a pacientes con insuficiencia respiratoria o paro cardiorrespiratorio. Su función principal es suministrar aire ambiente u oxígeno enriquecido a los pulmones.
- Lacan J., De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, Escritos 2, p. 516
