
Miembro EOL/AMP
Aletósfera bautizó Lacan –con su proverbial talento para el neologismo– al estado de la civilización en el que el significante, ciencia mediante, se convierte en una capa envolvente, y en el que se perdió definitivamente el silencio de los espacios infinitos que aterrorizaba a Blaise Pascal.
Hoy, 50 años más tarde, el significante ha devenido un zumbido constante, un torbellino imparable de megabytes, en la cuasi infinitud de mensajes que los millones y millones de cuerpos hablantes arrojan sin respiro en la red-aletósfera.
En ese torbellino emergen, precedidos de un #, los llamados trending topic, estado degradado y efímero del S1 que arrastra una avalancha de S2, hasta decaer y dar paso a un nuevo tema, en ciclos vertiginosos, no exentos de reiteradas vueltas. Pese a su condición efímera, ese S1 admite una lectura, si hay quien asuma la tarea de interpretar, particularmente bajo el modo de la extracción, y allí el analista.
De ese ruido constante, entonces, recorto uno: anestesia
El escándalo de los anestesistas y sus “viajes controlados” con Propofol sacudió las redes por unos días, con todos los condimentos necesarios para la fascinación: drogas, sexo y “lore”, es decir, una historia y personajes de fondo, que en este caso son bastante truculentos, y se prestan bien a la profusión gozosa del sentido.
Recortado el S1 de la novela, lo que queda es signo rutilante de una modalidad de goce. La que prevale en un país al que la reversión del odio condujo a inmolarse en el altar del ajuste, y hoy parece incapaz de reaccionar ante la crueldad y la eugenesia manifiestas.
Un país anestesiado, mientras dure el viaje…
