Sobre el pasado y la democracia en la experiencia analítica, por Fernando Tarragó

Adherente al Ciec

Participante del Nudo La Patria del sinthoma

En marzo de este año, se publicaron en el marco de la AMP dos textos que ponen en primer plano la incidencia del psicoanálisis en la política. Uno es el de Éric Zuliani, publicado en el L’Hebdo-BlogCarte postale d’Amérique, donde, a propósito de un viaje de Lacan a Estados Unidos, plantea una lectura del pasado a partir de esa visita. Según el diagnostico de Lacan, el pasado en EEUU se muestra impenetrable, compacto, absoluto, artificial como una “madera muerta” que produce brotes tímidos. Podría agregarse: pocos brotes vivos, y esto se debe a que no habría lugar para la repetición.

Este diagnóstico, se contrasta con su visita a México, donde encuentra otra relación con el pasado, ligada a culturas ancestrales: donde hay una supervivencia de la repetición, donde esta se articula con el goce y el significante. En estos pueblos, Lacan ubica resonancias donde la verdad se encarna y la historia se hace, incluso a pesar y con el exilio en esos pueblos.

Por otro lado, en la revista Mondo, Cristiane Alberti plantea algo decisivo: interrogar en qué condiciones es posible hoy la experiencia analítica. Esto implica “extraer las consecuencias de un contexto dado, estudiar con precisión la relación de fuerzas en juego y juzgar qué acción llevar a cabo. Optar por inscribirse en el movimiento de la democracia (y no retirarse de él en nombre de la extraterritorialidad del alma bella psicoanalítica) y, desde ese lugar de debate, introducir una subversión. Como el psicoanálisis tiende a desidealizar la política, su influencia es la de un contagio por la causa del deseo”.

En tiempos en que la democracia es cuestionada, este optar se vuelve una decisión ética fundamental. El discurso analítico responde con consecuencias que no se sustraen de lo real en juego, haciendo de la política un campo atravesado por la repetición y por verdades encarnadas, nunca absolutas. Una política desidealizada: que produzca una subversión y un contagio a través de ese lazo, como analizante.

Estas reflexiones resuenan con un acontecimiento local: en el ex centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, se hallaron restos de personas desaparecidas por el terrorismo de Estado. Estos restos no son “madera muerta”: introducen un límite al intento de fijar un pasado absoluto y habilitan un tratamiento del horror, vía un semblante que no desconoce de lo real y le da una dignidad nueva a la vida. Como dijo una hija de un desaparecido que se encontró los restos exhumados: “Ya no soy hija de un desaparecido. Ahora soy huérfana de padre”.

Asimismo, la Universidad Nacional de Córdoba reconoció con el título honoris causa al ex juez Jaime Díaz Gavier, quien llevó adelante juicios por crímenes de lesa humanidad. Su posición subraya que solo una memoria viva puede impedir la repetición de esos crímenes y sostiene la importancia del Estado de derecho y los principios democráticos.

En esta coyuntura, se vuelve crucial la orientación señalada por Alberti: las condiciones actuales de la experiencia analítica implican una toma de posición ética con la democracia, solo allí el psicoanálisis puede introducir su efecto de subversión y de deseo.

Referencias:

Éric Zuliani, Carte postale d’Amérique. L´Hebdo-Blog. Del 15 de marzo de 2026 Recuperado de https://www.hebdo-blog.fr/carte-postale-damerique/


Cristiane Alberti, Trabajo de Escuela y Acción Lacaniana. Mondo, edición 10. 13 de marzo del 2026. Traducido por María Guardarucci. Recuperado de https://mondodispatch.com/es/2026/03/13/trabajo-de-escuela-y-accion-lacaniana/

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