El psicoanalista frente al lenguaje de destrucción neo-reaccionario, por Jesús Santiago

Carnaval, 1940 – Emiliano Di Cavalcanti

Psicoanalista en Belo Horizonte, Brasil

Analista Miembro (AME) de la Escola Brasileira de Psicoanálise  (EBP)

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) 

En la correspondencia con Ernest Jones, fechada en agosto de 1933 -el mismo año del ascenso de Hitler al poder en Alemania-, Freud afirma que «es inútil comentar la situación mundial». Para él, «no hacemos más que repetir la ridícula tentativa de salvar una jaula de pájaros mientras que la casa entera se consume por el fuego»[1]. Aislado y derrotado, se niega a hablar de la sombría miseria de los tiempos, que en aquel momento frenaba en él cualquier actividad de valor, comenzando por el psicoanálisis. Es inevitable captar en estas palabras de Freud la idea de que el ejercicio del psicoanálisis se vuelve inviable en regímenes políticos que, como el nazi-fascismo, cercenan las libertades públicas e individuales. Sus palabras indican que el psicoanalista no escapa a la política, se le impone la elección de un «hilo ideológico» capaz de resistir al lenguaje de destrucción que amenaza con derrumbar los pilares de la democracia como régimen de convivencia civilizatoria.

Inconsciente y democracia

La práctica del psicoanálisis nos revela que el inconsciente y la democracia comparten una afinidad fundamental: ambos tratan con un real carente de sentido o de leyes deterministas. Esta relación íntima se explica porque la espina dorsal de ambos es la indeterminación —una falla irreductible refractaria al saber objetivable o totalizante. Esta proximidad entre el inconsciente y la política se hace en función de la falla irreductible que se traduce por el significante de la «unidad perdida» cuyo nombre, en el terreno de lo colectivo es la democracia[2]. Esta apertura a la indeterminación de lo real, permite que tanto uno como otro se conviertan en terrenos fértiles para lo más humano: la acogida del conflicto, de la división interna y de la inquietante extrañeza en todas sus formas. Ni el inconsciente, ni la democracia son finitos o se escriben de modo definitivo. Siempre capaces de sorprendernos, ambos solo encuentran fuerza cuando admitimos que sus debilidades y fallas no son pasajeras, sino constantes. Al igual que el inconsciente, la democracia está hecha de experiencia e invención ,por lo tanto, eternamente sujeta a ser reescrita. Esta articulación constitutiva con la indeterminación de lo real expone a la democracia a crisis recurrentes. En este preciso momento de las elecciones presidenciales, esa fragilidad alcanzó un punto máximo: el régimen corre el riesgo de colapsar si las fuerzas políticas genuinamente democráticas no ganan la próxima contienda electoral. Si el analista tiene una ideología, ésta consiste en la búsqueda y defensa de la democracia como fundamento de la vida civilizada. Después de todo, la práctica analítica es incompatible con las ideologías de matriz fascista y con los diferentes ropajes que éstas asumen en la actualidad.  ¿Y cuáles son esos nuevos ropajes que en Brasil se expresan a través del bolsonarismo?

Neo-reaccionarismo y aceleración de la máquina cibernética capitalista

Las nuevas caras de la extrema derecha en el mundo surgen en las formas contemporáneas del pensamiento reaccionario y en la contracultura de la derecha radical, gestada en foros de internet y redes sociales. Por lo tanto, el neo-reaccionarismo de sesgo autoritario cobró fuerza a finales de los años 2000 y principios de la década de 2010, marcado por una fuerte hostilidad hacia los medios académicos y progresistas. Cabe destacar que esta constelación ideológica y sus activistas on line impulsaron la renovación de la derecha radical estadounidense durante la campaña y la victoria de Donald Trump en 2016. Así, a diferencia del conservador clásico, que se acomoda a la estructura democrática, el neo-reaccionario busca activamente desmantelarla o sustituirla, por entender que la democracia favorece la mediocridad, la inestabilidad y un igualitarismo ficticio.

Su primer principio es el rechazo radical de la democracia liberal, proponiendo la sustitución de las instituciones representativas por un modelo inspirado en la lógica gerencial y tecnocrática. En este escenario, la idea de república da paso a la de una empresa privada dirigida por un CEO, prácticamente una monarquía corporativa sin procesos electorales. Son formulaciones basadas en la premisa de que existen jerarquías naturales e insuperables entre los seres humanos, sea que estén fundamentadas en competencias, sexo o patrimonio genético, lo que anula la idea de igualdad universal [3]. Se trata de una visión sombría y trágica de la naturaleza humana, en la que el conflicto y la violencia son inevitables, justificando la necesidad de una autoridad soberana fuerte, vertical y centralizada.

Su segundo aspecto —que justifica el prefijo «neo»— es la adhesión al tecno-optimismo y la simbiosis con el capitalismo digital. A diferencia de los reaccionarios tradicionales, históricamente desconfiados de la técnica, la neo-reacción apuesta por la desregulación tecnológica. El movimiento cruza referencias conservadoras clásicas —como Thomas Carlyle o Carl Schmitt— al aceleracionismo de Nick Land o Curtis Yarvin, encontrando apoyo financiero e ideológico en Silicon Valley.  El capitalismo no es sólo un sistema económico gerenciado por humanos, funciona como una megamáquina cibernética, una inteligencia extraterrestre o artificial en vías de nacer. Esta entidad no humana se amplifica a sí misma a través de ciclos de retroalimentación positiva, en los que cada innovación tecnológica genera desdoblamientos más rápidos y poderosos, rompiendo con todos los equilibrios sociales[4]. Se rechaza cualquier propósito de emancipación humana a favor de una forma de pensamiento neo-reaccionaria y autoritaria, considerando que la democracia es un freno a esa aceleración tecnológica.

De este modo, el pragmatismo mercantil lanza al escaneo los valores de la tradición moral y rechaza los compromisos democráticos o las narrativas universalistas, legitimando la fuerza bruta y las relaciones de dominación geopolítica o de mercado, sin restricciones. De este modo el movimiento neo-reaccionario defiende el derecho de salida o de exilio, permitiendo que individuos y microcomunidades abandonen jurisdicciones estatales decadentes. El objetivo es crear o integrar nuevos órdenes políticos y digitales privados —una tendencia visible en la alineación de figuras como Eduardo Bolsonaro, que se autoexilió en los Estados Unidos— propia de los discursos de magnates de la tecnología que también optaron por el desplazamiento o nuevas bases de actuación fuera de sus países de origen, como Elon Musk y Peter Thiel.

Un hilo ideológico del psicoanalista

Lejos de la definición clásica de la ideología como ilusión, falsa conciencia o una mentira tomada por verdad, la contribución de Jacques Lacan muestra que la adhesión a una ideología neofascista no se produce solo por elección racional, sino porque ella vehiculiza un plus de gozar. Este factor de goce, inherente a la captura ideológica del sujeto, no se reduce al simple placer, se alimenta justamente de la repetición y del sufrimiento. El Seminario 12, Problemas cruciales para la psicoanálisis, señala al psicoanálisis como el único saber capaz de develar la captura del sujeto por la ideología: un aprisionamiento cuyo núcleo de satisfacción pulsional busca arruinar los propios lazos civilizatorios[5]. También en ese mismo pasaje, a propósito del tema de la ideología, él demuestra que todo discurso exige elecciones, lo que implica, necesariamente, la exclusión de ciertas posiciones sobre lo real que se revelan falsas[6].

Ante esto, cabe preguntarse, no si el psicoanálisis está exento de ideología, sino qué «hilo ideológico»[7] debe adoptar como punto de partida. En momentos de crisis de la democracia como la que vive Brasil hoy, se hace aún más urgente dilucidar este lugar de la ideología en el discurso analítico.

Después de todo, no es posible escapar a esta elección bajo el silencio de una neutralidad benevolente. Es muy probable que ese hilo ideológico consista en tomar la democracia bajo una óptica que, una vez más, la acerca al inconsciente freudiano. En este escenario, el poder democrático aparece como un lugar vacío, ejercido por simples mortales y sometido al principio de la permutación. La propia práctica clínica enseña al psicoanalista que el poder se degrada cuando es ejercido por un poseedor perpetuo, o por quien se pone como garante de un anclaje falocéntrico.

La democracia, al inaugurar formas de tratar con un real indomable e indeterminado, abre espacio para la libre diferencia de existencias, conductas y embates de opinión, desafía a la autoridad sombría que se enarbola detentando el cuerpo social. Esta indeterminación propia de la democracia —en la que el poder ocupa un lugar esencialmente vacío— refleja y remite al régimen del no todo fálico, característico del cuerpo femenino.

Despojada del saber falocéntrico de la tecnociencia, icono del poder neo-reaccionario, la democracia se revela como imagen de una mujer: opaca, revestida de enigmas y rebelde a la pretensión de un saber acabado sobre sí misma. En resumen, es a través de la política de lo femenino no familiar que el psicoanalista teje el hilo ideológico para interpretar este aparente umbral -una era en la que la propia forma democrática de poder parece exhalar su último suspiro. Es la democracia corporizada en la mujer que gana las calles de Brasil, resistiendo al neo-reaccionarismo oscurantista que intenta convertir el país en laboratorio de sus impulsos más delirantes y mortíferos.

 Traducción: Josefina Elías

Versión autorizada y revisada por el autor.


[1] Carta de Freud a Jones del 26 de abril 1932 & 7 de abril, 23 de agosto, 15 de octubre de 1933 citado en Kahn, Laurence, Ce que le nazisme a fait à la psychanalyse. Presses Universitaires de France / Humensis, París, 2018. La T. es nuestra.
[2] LAURENT, E. L’inconsciente et l’événement de corps. Entretien avec Éric Laurent. La Cause du désir/Ce corps qui jouit, nº 91, p. 24.
[3]MIRANDA, A. Les Lumières sombres. Comprendre la pensée néoreactionnaire. Gallimard, Paris, 2026.
[4] Idem.
[5] LACAN, J. El Seminario, Libro 12, Problemas cruciales para el psicoanálisis, inédito.
[6] Idem.
[7] LACAN, J., Otros escritos, “El atolondradicho”, Buenos Aires, Paidós, p. 501. “Por ello parto de un hilo, ideológico, pues no tengo otra opción (…)”.
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