
La Sabiduría, 1770, óleo sobre lienzo, José del Catillo, Colección Museo del Prado
Practicante de Psicoanálisis en CABA
A partir de escuchar a algunos colegas que mantienen conversaciones con la IA sobre casos clínicos que atienden se abre un interrogante que preferiría no aplastar con una respuesta cerrada tan rápidamente. ¿Se puede controlar con IA?
Convendría responder a esa pregunta con algún fundamento que vaya más allá de una cuestión moral, es decir, más allá de prejuicios y preceptos.
Ahora bien, ir más allá de la moral no nos exime de una postura ética que reconoce la necesidad de incluir al sujeto en aquello que de la experiencia se busca transmitir.
Al pensar en la práctica del control conviene retornar sobre la pregunta con la que inicia Lacan su texto La dirección de la cura: ¿Quién analiza hoy?
Y no es que se trate necesariamente de una interrogación acerca del saber del analista que atiende. No es una mera cuestión de teoría, que por supuesto hay que tener. Hay un fundamento en la orientación lacaniana. Tal como sostiene Miller en “El desencanto del psicoanálisis”, este fundamento del Uno lacaniano corresponde al conocimiento de los conceptos fundamentales freudianos articulados a la lógica. [1]
Ahora bien, no alcanza con eso para la trasmisión de un caso. Hace falta para su construcción y transmisión, que aparezca en juego la enunciación del analista que transmite.
En psicoanálisis no creemos en la ilusión de objetividad de la ciencia. Philippe De Georges trae el ejemplo que da Lacan en el seminario 15 acerca de la experiencia de Pavlov: “Sin el deseo de Pavlov no habría salivación del perro”[2].
Entonces, en la construcción del caso está presente un estilo, que tiene que ver con los rasgos del analista, sus elecciones y decisiones. Al igual que en el control, donde se juega una elección y decisión del caso a controlar, un recorte de los dichos del paciente y de las intervenciones del analista y sus efectos.
Es por esto que esa conversación con el chatbot sobre un caso no puede definirse como un control, ya que no hay allí un trabajo sobre la enunciación del analista, sobre su acto, sus decisiones, su deseo y los lapsus de su acto. Allí se reduce la cuestión a un intercambio de información entre las notas de un caso y lo que dice la IA, que, además, presenta los sesgos del propio practicante ya que el chat responde según instrucciones. Sería prácticamente lo contrario a un control. El analista que controla un caso no responde a ningún prompt, no hay instrucciones que se le da a éste; a nadie se le ocurriría pensar en un control de ese modo, ahí puede verse claramente la necedad de intentarlo con un dispositivo técnico.
En esas instrucciones y devolución de información hay una forclusión del sujeto, una eliminación radical de la enunciación del practicante, tal como sostiene Lacan en La ciencia y la verdad respecto al discurso científico.[3]
En este sentido, un colega que intercambia con la IA sobre sus pacientes, ¿sería un desengañado?
[1] Miller, J.-A. El desencanto del psicoanálisis, Paidós, 2026.
[2] Íbid, Página 63
[3] Lacan, J. La ciencia y la verdad. Escritos 2, Siglo XXI, 2014.
