
Silvina Sanmartino, Florencia Sosa Fraire, Facundo Ortega, Marianela Moretti, Itatí Álvarez Cuellar, Carolina Montachini,
Fabiana Paolini.
Agradecemos especialmente a Gabriela Dargenton, Hilda Vittar y Carolina Aiassa por la conversación en posición de éxtimo. El siguiente escrito inscribe sus resonancias.
En este escrito, nos interesa transmitir el trabajo sobre apuestas online llevado adelante desde el núcleo temático. La inquietud que nos interrogó fue la atracción y la compulsión que apostar online provoca. Las apuestas no son una práctica nueva, lo inédito es que se extendieron de manera exponencial en niños y adolescentes; y que a través del gadget, del dispositivo móvil, están al alcance de la mano. Durante el trabajo realizado a lo largo de un año y medio se conversó con jóvenes, en dos escuelas de la ciudad y de manera individual.
Las siguientes interpretaciones expresan el saber producido como efecto del trabajo realizado.
Las apuestas online aparecen como un fenómeno de época generalizado. No se trata sólo de una práctica que llevan adelante los adolescentes. También juegan los adultos. Los jóvenes juegan solos, pero también con sus amigos y sus familias. Así, se borra la diferencia entre niños y adultos: todos jugadores, todos consumidores.
No todos lo viven como un problema. Al hablar de las apuestas, los jóvenes entrevistados no ubican en esta práctica algo adictivo: se puede “entrar y salir”. Por su parte, muchos conocen las reglas y saben de su transgresión, incluso afirman hacer algo por fuera de la ley, tanto en un sentido de comprender que hay plataformas legales e ilegales, como en transgredir las reglas de las plataformas (que permiten apostar a menores a pesar de “manifestar la prohibición”) y las imposiciones familiares.
“Te entra por algún lado”, dice uno de los jóvenes. A través de deportistas, eventos, influencers, publicidad, camisetas de fútbol, carteles en la vía pública, eso se hace presente y opera por la vía de identificaciones imaginarias. El bombardeo publicitario se acompaña con discursos que prometen la garantía de ganar y cómo hacerlo.
No es siempre un fenómeno de aislamiento. Si bien no se verifica la función del Otro, hay otros: muchos cuentan que apuestan cuando se juntan. Cada uno goza con su pantalla, “todos gozando solos”.
“Ganar plata”. Aparece con las apuestas la ilusión del dinero fácil. Muchos plantean apostar para “ganar plata” o para “tener plata”, aunque no se sepa bien para qué. El dinero se configura como significante vacío que no convoca a otra cosa. Querer-lo fácil se articula a la inmediatez, que deja por fuera la dimensión del deseo.
Una apuesta por el azar que deja al sujeto a merced del objeto. No solo se trata de dinero. El aburrimiento y la soledad aparecen como aquello que los lleva a apostar. Puede pensarse la apuesta por el azar como un rechazo del inconsciente, un “soy lo que digo”.
Lo virtual del dinero forcluye la dimensión de la pérdida. El dinero en formato virtual, a diferencia del dinero en efectivo, produce una pérdida de la noción de su valor puesto que se configura como números en una pantalla; se trata de una significación vacía. A la vez, el dinero virtual, propicia, entre una de sus dimensiones, la pérdida del valor simbólico del dinero generalizado, como objeto de intercambio con otros.
No son un tema tabú para los adolescentes. De eso sí hablan, siempre que se les pregunte, se los escuche y se los deje hablar. Las experiencias con jóvenes en escuelas nos permitieron pensar la importancia de la presencia y la pregunta. El asunto está en que haya quien esté dispuesto a escuchar lo que eso quiere decir.
Hacia el momento de concluir, nos encontramos a conversar con otros en la ciudad junto al Dr. Hugo Seleme, la Lic. Cecilia Curtino y junto a jóvenes, Clementina Cesaretti y Fermín Reynoso Casarín. Para concluir, un subrayado a partir de las palabras del Dr. Hugo Seleme: “En jóvenes que están sujetos a situaciones de incertidumbre, asumir voluntariamente el riesgo, que es lo que se hace en una apuesta, empodera. Apostar es una forma de vencer la incertidumbre. Es una salida espuria a un problema real, lo que necesitamos es que eso que se canaliza allí, que se tranquiliza de manera espuria, sea canalizado hacia la actividad política y social”.


