El cuerpo dispositivo – Por Ariel Hernández

Miembro de la AMP y de la EOL-Sección La Plata.

Docente de la Facultad de Psicología de la UNLP.

La entrevista realizada por Zadig a Daniel Salas tiene para mi gusto varias perlas, voy a detenerme en una de ella: el cuerpo dispositivo y su regulación.

·      Desde los inicios

El cuerpo y sus avatares están presentes en el psicoanálisis desde el encuentro de Freud con sus histéricas, con acontecimientos y fenómenos de cuerpo que no entraban en la legalidad del discurso médico de la época.  

Los historiales clínicos freudianos nos enseñan cómo cada uno tiene que lidiar con “eso” que pasa o no en el cuerpo, por ejemplo: Juanito y su hace pipi, el presidente Schreber que testimonia, a cielo abierto, sobre un cuerpo que se desarma y sus intentos de regulación; de un modo más discreto tenemos el caso del Hombre de los lobos, y la casuística sigue… En fin, el cuerpo ya estaba ahí y la presencia del analista también.

·      “Sensación de conexión”

Ahora bien, el cambio en el orden simbólico impactó en el modo de hacer lazo y en las invenciones con las que cada uno se procura una satisfacción.

Salas señala la pluralización de las drogas de diseño y “un cambio estructural en el uso del tóxico” que no se inscriben en una tradición, sino en “una libre experiencia de satisfacción”, que podemos ubicarla en el campo del Uno-solo.

En estas coordenadas de consumo de diseños se pone al desnudo que el otro queda reducido a un medio de goce, y la única condición para esa “sensación de conexión” es: que esté en Una igual. Una manera de hacer existir, al menos por un instante, una relación sin embrollos.

·      El cuerpo dispositivo y su regulación

Sabemos que el modo de habitar el cuerpo, que se tiene y no se es, está íntimamente vinculado al anudamiento de los registros: RSI, así podemos leer el cuerpo como dispositivo, a condición de incluir los tratamientos de los lapsus del nudo en la época del Un-dividualismo, es decir las nuevas respuestas del sujeto. Algunas constituyen prácticas como intentos de regulación, justamente ahí podemos incluir distintas modalidades de consumo, que no se reducen a las drogas.

En el ocaso de la modernidad, la fantasía del cuerpo máquina que se puede regular por una app está cada vez más generalizada y los avances de la tecnociencia, dominada por el mercado, le dan consistencia.

·      Sin límites

Al escuchar la entrevista recordé una película: “Sin límites” (Limitless, 2011) que tiene como protagonista a una pastilla (NZT-48) y un escritor impedido del acto de escribir, abandonado por su pareja, que se encuentra con una promesa de felicidad: explotar el “todo” de las capacidades del cerebro. Se traga la píldora y con ello pasa al “éxito”. Experimenta sensaciones inéditas, intensas, una satisfacción más allá de los amarres de lo simbólico. La alteración (real) que la molécula produce abre a una satisfacción “ilimitada”, de manera tosca y eficaz podemos decir con Freud.

Un efecto que produce -en el consumidor/protagonista- lo deja más del lado de responder como una IA auto generativa (lo sorprendente aún faltan 10 años para la irrupción de las IA en la vida cotidiana). Puede aprender idiomas en cuestión de minutos, o escribir un bestseller en un par de días.  Aprender de leyes o finanzas en cuestión de minutos, etc.

Un-Dividuo que encarna ideales-imperativos, empujes del discurso hiper moderno: una sensación de poder que no conoce de los tropiezos del inconsciente, de la castración, de lo imposible, del amor, el deseo y el goce.

·      Usos

Tanto Freud como Lacan nos enseñaron sobre el “uso” del síntoma, del tóxico, etc. No es mi idea realizar un rechazo de los avances de la tecnociencia, extraordinarios en el campo de enfermedades neurodegenerativas, para mencionar un área, donde los implantes neuronales, la neurofarmacología, o dispositivos controlados por las apps permiten mejorar ciertas condiciones en personas con lesiones severas.

No es estar en contra, es estar advertidos de los usos y que es a partir de la falla, del tropiezo, como nos constituimos… al menos en la versión homo sapiens. El rechazo del cuerpo es el rechazo de la castración, es decir el rechazo de lo imposible, que abre paso a lo ilimitado de la pulsión que sabemos desde Freud es de muerte. Consumidor consumido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio