
Practicante del psicoanálisis
«…una lengua es un dialecto con ejército y marina». Max Weinreich
Patricia Kolesnicov escribe una escena: un grupo de amigos de Buenos Aires que, al terminar de ver el documental Nuestra tierra, de Lucrecia Martel, aclaman no haber entendido ciertos pasajes. La periodista recorta esa escena, la radicaliza y la vuelve pregunta: ¿hay que subtitular a los argentinos en Argentina? El mismo destino, afirma, corre la novela Una casa sola, de Selva Almada.
Subtitular es doblar lo que en la lengua ya se torsionó. Pretender desdoblar eso —enderezar a martillazos lo que encontró su curva— no resuelve nada: borra la torsión, que es justamente donde algo estaba pasando.
El asunto no pasa por decir que esos textos «incluyen» determinadas palabras. No se trata de inclusión. Como señala Almada, se trata de palabras que ya existen en la tradición gauchesca. Lo que el público porteño descubre, con estupor, es que hay un castellano que se dobló distinto. Que el doblez no es un defecto sino una consistencia.
Porque lo local no es un contenido sino una operación: la lengua que se pliega sobre sí y localiza usos. No hay una lengua una y luego desviaciones: hay, desde el inicio, mezcla, equívoco, torsión. Lacan hablaba de «mestizajes» —en una entrevista sobre ciencia ficción— para nombrar esa consistencia: lo que queda cuando dos lenguas se encuentran y ninguna sale igual.
Hoy, el ejército de turno se viste de mandato de entendimiento. . Obtura todo querer saber ante la opacidad de las torsiones. Si el arte se adelanta al psicoanálisis, también lo hace en sus debates: Nuestra tierra, Una casa sola, ya hicieron la pregunta. No la pregunta por el subtítulo —esa es la respuesta fácil— sino la otra, la que no cierra: en el afán de transmisión, ¿cómo se soportan los dobleces de la lengua?
Bibliografía
Kolesnicov, Patricia. «¿Hay que subtitular a los argentinos en Argentina?», Infobae, 2026.
Martel, Lucrecia. Nuestra tierra.
Almada, Selva. Una casa sola.
Lacan, Jacques. Entrevista sobre ciencia ficción, 1977.
