EFECTOS NEOLIBERALES EN LA RELACIÓN SUJETO-DROGA – Por Caroline Quixabeira

Practicante del Psicoanálisis en Goiânia – Brasil

            Las substancias psicoactivas son parte indisociable de la historia humana, ocupando diversos espacios a lo largo de los siglos: marco de la relación del hombre con la naturaleza, de la conexión con lo sagrado hasta sus usos terapéuticos. En relación con las dos primeras formas incluían un uso ritual enlazado directamente a la cultura de un pueblo, la función medicinal permitió la separación de estas sustancias a nivel del lazo. Blanco directo del cientificismo fundado con el progreso del capitalismo, se acompaña desde el siglo 19 una transformación y una tergiversación de estos lazos agregando a estas substancias una característica diferente: la de producto.[1].

            Este nuevo rasgo origina un mercado, el comercio de las drogas. En este sentido, sus modificaciones no se reducen a una transformación en producto, sino en las formas de capitalismo vigente a lo largo de los siglos. En el período de la Revolución industrial, primera gran expansión del capitalismo, las sustancias mantuvieron su dimensión comunitaria. Sus orígenes provienen principalmente de plantas como la hoja de coca, Cannabis, Papoula[2]  y otras, que requerían no solo la mano de obra para las plantaciones, sino también una infraestructura para su extracción, refinamiento y distribución.

Entre tanto, en los últimos años acompañamos el desarrollo de un estadio mas avanzado, marcado por el neoliberalismo con sus políticas de constante crecimiento y ampliación sin ninguna responsabilidad en relación con los efectos[3]. Como consecuencia, el número de sustancias que circulan aumentó y es diferente de los tipos convencionales de los siglos anteriores, reduciendo también la necesidad de una amplia infraestructura. Estas nuevas drogas son mas potentes y de acción mas rápida[4], posibilitan una sinterización clandestina e individual de las estructuras químicas. Introduciendo en el uso de las sustancias su versión hipermoderna individual, tecnológica y mercadológica al servicio de la experiencia del usuario.[5]

De modo que no se trata solo de una satisfacción pulsional, sino de una dimensión no-cuerpo, un retiro del campo de los discursos o del Otro, a partir de un modo de gozar sin ley ética y desprovisto de significaciones[6]. Santiago (2017) nombra esa práctica como un atajo cínico, al busca “un dominio del cuerpo capaz de evitar los dos mayores enemigos del hombre: placer y sufrimiento”[7]. Se trata, entonces, de una ruptura y no de un uso en su versión sintomatológica, de formación de compromiso, ya que no se supone un objeto.[8]

A partir de este atajo, el uso de sustancias psicoactivas se presenta de una nueva manera. Envuelto en la experiencia de no-cuerpo, el hombre es un instrumento conducido por el químico, en un espacio de experimentación particular. En este sentido, su funcionamiento adquiere su rostro neoliberal, el de la libertad individual radical, al permitir que cada uno vivencia la droga en una soledad sin ley o ética.

El cuerpo se vuelve una máquina conductora de experimentos con la capacidad de la tecnología, donde el atajo cínico no se reduce a evitar el placer o el sufrimiento, sino a poder vivenciar todo en una libre demanda. No hay interlocutores en el corto circuito hombre-droga capaz de insertar un límite, pues esta misma idea es el acto más grave dentro de una política neoliberal. De este modo, se vuelve “una máquina que avanza (…) sin importar si en el camino va perdiendo un brazo, un órgano o le disparan, lo mojan o lo queman”[9]

El sujeto se fija en una conexión química individual que se ha vuelto hacia un mas de gozar que lo supera. No hay nada que perder, cuando no hay un cuerpo o un lazo. Ejemplificando por la vía del acto la versión neoliberal de un individuo: aquel que es tan responsable de sí mismo que ya no es responsable de nada.

Traducción. Silvia Baudini


[1] Informaciones obtenidas de la entrevista a Daniel Salas para Zadig Córdoba.

[2] Planta de donde se extrae el opio

[3] Leserre, A. (2019). La hidra neoliberal. Grama Ediciones

[4] Informaciones obtenidas de la entrevista a Daniel Salas para Zadig Cordoba

[5] Assef, J. (2016) El hiper-zombi: una posible interpretación de mutaciones del sujeto contemporanéo. In Mutaciones del sujeto contemporáneo.  p. 148

[6] Santiago, J. (2017). A droga do toxicômaco. Relicário.

[7] Santiago, J. (2017). A droga do toxicômaco. Relicário. p.185

[8] Laurent, E. (2017). Três observações sobre a toxicomania. Pharmakon digital, n. 3

[9] Assef, J. (2016) El hiper-zombi: una posible interpretación de mutaciones del sujeto contemporáneo. In Mutaciones del sujeto contemporáneo.  p. 150


Efeitos neoliberais na relação sujeito-droga

            As substâncias psicoativas são parte indissociável da história humana, ocupando diversos espaços ao longo dos séculos: marco da relação do homem com a natureza, da conexão com o sagrado até seus usos terapêuticos. Enquanto as duas primeiras maneiras incluíam um uso ritualístico ligado diretamente a cultura de um povo, a função medicinal permitiu o afastamento destas substâncias no nível do laço. Alvo direto do cientificismo fundado com o progresso do capitalismo, acompanha-se desde o século 19 uma transformação e uma deturpação destes laços agregando a estas substâncias uma característica diferente: a de produto[1].

            Este novo traço origina um mercado, o comércio das drogas. Neste sentido, suas modificações não se encerram na transformação em produto, mas nas formas de capitalismo vigentes ao longo dos séculos. No período da Revolução Industrial, primeira grande expansão do capitalismo, as substâncias mantiveram sua dimensão comunitária. Suas origens advieram principalmente de plantas como folha de coca, Cannabis, Papoula[2] e outras, que demandavam não só a mão de obra para as plantações, como também uma infraestrutura para sua extração, refino e distribuição.

            Entretanto, nos últimos anos, acompanhamos o desenvolvimento de um estágio mais avançado, marcado pelo neoliberalismo com suas políticas de constante crescimento e ampliação sem qualquer responsabilidade com os efeitos[3]. Como consequência, o número das substâncias que se circulam aumentou e é distinto dos tipos convencionais dos séculos passados, reduzindo também a necessidade de ampla infraestrutura. Estas novas drogas são mais potentes e de ação mais rápida[4], possibilitam uma sintetização clandestina e individual das estruturas químicas. Inserindo no uso da substância sua versão hipermoderna individual, tecnológica e mercadológica a serviço da experiência do usuário.[5]

            De modo que, não se trata apenas de uma satisfação pulsional, mas uma dimensão não-corpo, uma retirada do campo dos discursos ou do Outro, a partir de um modo de gozar sem lei ética e desprovido de significações[6]. Santiago (2017) nomeia essa prática um atalho cínico, ao buscar “um domínio do corpo capaz de evitar os dois maiores inimigos do homem: prazer e o sofrimento”[7]. Trata=se, pois, de uma ruptura e não um uso em sua versão sintomatológica, de formação de compromisso, já que não se supõe um objeto.[8]

            A partir deste atalho, o uso de substâncias psicoativas apresenta-se de uma nova maneira. Envolvido na experiência do não-corpo, o homem é um instrumento ao qual o químico conduz, em um espaço de experimentação particular. Neste sentido, seu funcionamento toma sua face neoliberal da liberdade individual radical ao permitir que cada um vivencie a droga em uma solidão sem lei ou ética.

            O corpo torna-se uma máquina condutora de experimentos da capacidade da tecnologia, em que o atalho cínico não se encerra em evitar o prazer e o sofrimento, mas poder vivenciar tudo em uma livre demanda. Não há interlocutores no curto-circuito homem-droga capazes de inserir um limite, visto que esta própria ideia é o ato mais grave dentro de uma política neoliberal. Assim, torna-se “una máquina que avanza […] sin importar si en el camino va perdiendo un brazo, un órgano o le disparan, lo mojan o lo queman”[9]

             O sujeito fixa-se em uma conexão química individual voltado para um mais-de-gozar que ultrapassa a si próprio. Não há o que perder, quando não há um corpo ou laço. Exemplificando via ato a versão neoliberal de um indivíduo: aquele que é tão responsável por si próprio, que não é responsável por nada.


[1] Informações retiradas da entrevista de Daniel Salas para o Zadig Cordoba.

[2] Planta de onde se extrai o opio

[3] Leserre, A. (2019). La hidra neoliberal. Grama Ediciones

[4] Informações retiradas da entrevista de Daniel Salas para o Zadig Cordoba.

[5] Assef, J. (2016) El hiper-zombi: una posible interpretación de mutaciones del sujeto contemporanéo. In Mutaciones del sujeto contemporáneo.  p. 148

[6] Santiago, J. (2017). A droga do toxicômaco. Relicário.

[7] Santiago, J. (2017). A droga do toxicômaco. Relicário. p.185

[8] Laurent, E. (2017). Três observações sobre a toxicomania. Pharmakon digital, n. 3

[9] Assef, J. (2016) El hiper-zombi: una posible interpretación de mutaciones del sujeto contemporanéo. In Mutaciones del sujeto contemporáneo.  p. 150

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio