Adherente al CIEC
“No hay que ser fuerte para enfrentarse al fascismo
en sus manifestaciones delirantes y ridículas:
hay que ser fortísimo para enfrentarse al fascismo como
normalidad, como codificación, diría yo, alegre, mundana,
socialmente elegida, del fondo brutalmente egoísta de una sociedad.”
P. Pasolini
La avanzada de victorias de partidos de ultraderecha bajo la bandera de un fascismo renovado, expuesto y socialmente aceptado, se me presenta como ininteligible.
Evidentemente este movimiento ha capitalizado el descontento social. Ha operado también el aumento del individualismo con valores de libertad, propiedad y ganancia individual por encima de lo colectivo. El individualismo se relaciona con el término “idiota” que viene del griego idiotes que originalmente describía a una persona privada, ajena de los asuntos públicos y políticos. Cito a Miller para aclarar que “lo individual no es lo subjetivo. El sujeto no es el individuo (…) Lo individual es un cuerpo, un yo. El efecto sujeto que se produce en él, y que perturba sus funciones, está articulado con el Otro. Esto es lo que llamamos lo colectivo o lo social.” Es decir, podríamos conjeturar que el empuje al individualismo reduce a ser un mero cuerpo desprendido de lo político. La propagación de ideas neofascitas se inyectó, entonces, en individuos despojados de las ficciones de la historia, en constante (in)satisfacción con los novedosos productos del mercado. El neofascismo como forma de aglutinación no discursiva hoy más bien se presenta como consecuencia de la implantación durante años del sistema capitalista.
Mencius Moldbug, un teórico de la ideología neorreaccionaria que acompaña el nacional-liberalismo de Trump explica que: “la revolución contemporánea tiene que realizar una completa sustitución del Estado por un sistema operativo cuya lógica es la eliminación de todo aquello que no es eficiente en términos económicos.” El prefijo “neo” fascismo se refiere a que el Estado no se instaura como totalitario sino, por el contrario, se trata de la destrucción sistemática del Estado como marco operativo y regulatorio de un país para la instauración de un mercado desregulado que provoca la desprotección y a la larga la aniquilación de las minorías.
Frente a este panorama del que somos contemporáneos, me oriento de un texto de Laurent, donde plantea que el análisis freudiano de los partidos fascistas de los años 30 suponía la identificación paterna. En cambio que los líderes actuales tenían la característica de “pasarse del padre”. Lideres que no son el Uno, sino que ofrecen la reducción del lazo simbólico con la propuesta de una experiencia de goce bajo el “régimen de burbujas de odio”. Se ha aglutinado la masa a partir de un discurso de odio legitimado.
Si entendemos con Lacan que el inconsciente es la política, es porque creemos que su tarea es “dilucidar qué es el inconsciente a partir del lazo entre los cuerpos.” Cuerpos movidos políticamente a partir de un goce que hace circular lo colectivo. Pero si estamos observando este socavamiento sistemático del proceso de subjetivación, podemos inferir no sólo que a esta política no le interesa dilucidar qué es el inconsciente, sino quiere eliminarlo con la erradicación del lazo entre los cuerpos, ofreciendo una experiencia individual de goce.
¿Qué diferencia habría entre el empuje actual al individualismo bajo la fórmula living my own life y lo que encarna el deseo del analista que “es el deseo de separar al sujeto de los significantes amo que lo colectivizan, de aislar su diferencia absoluta”? La diferencia principal es que el psicoanálisis ofrece una experiencia atravesada por la castración, diferenciándose de una posición cínica, defendiendo a ultranza el lazo de cuerpos afectados por otros cuerpos. Sabiendo que dependemos de un Estado de derecho y de las infraestructuras sociales creadas para que esos cuerpos tengan soporte.
Le toca al psicoanálisis, entonces, no deponer las armas: La interpretación. En tanto cuerpo vivo portando un decir con efecto disgregador que aliente la búsqueda de salidas frente a lo que se nos presenta como imposible de soportar, sigue siendo nuestra tarea.