Participante del núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales.
A partir de la propuesta de José Vidal, en el marco del movimiento Zadig, acerca de trabajar sobre “Cuerpos, Soledades y Redes Sociales”, es que un grupo de personas nos abocamos a la lectura de distintos textos.
Hubo producciones, pero también saldos, entre estos se encuentra el mencionado por José Vidal, en una de las reuniones mantenidas, sobre la ingeniera social. Punto clave a mi entender del texto de Eric Sadin: La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas.
Creo que Eric Sadin llama a esta ingeniería social, el proyecto civilizatorio, es decir qué tipo de sujeto pretenden formatear– o formatean- los poderes globales (hiper-presentes, ocultos, oscuros y siempre interesados en acumular poder y capital), a los fines de digitar fácilmente sus vidas. Las consecuencias no se hacen esperar y no son las mejores.
Sadin trae a colación la pereza (los pecados capitales siempre tienen algo de sufrimiento, por lo excesivo, en el placer que provocan) que, según su perspectiva, caracterizaría de alguna manera a los seres hablantes y de la que se servirían estas fuerzas, hechas de la técnica, para entrometerse y dominar.
De lo extraído en las conversaciones con los compañeres del núcleo de incidencia, si el lazo siempre implica un imposible a sortear; si el deseo no está exento de esfuerzo y renuncia; si el amor hace condescender el goce al deseo, pero no sin inconvenientes y si hacer presente el cuerpo nos confronta a toda una gama de dificultades, no es tan descabellado pensar qué cómodo y preferible resulta permanecer ¿aislado? ¿encerrado? ¿solo? dando rienda suelta a los gustitos íntimos y personales por medio de las pantallas y aparatos tecnológicos.
Ahora bien, no es sobre cualquier función sobre la que influyen estos aparatos y es algo que Sadin (nos) advierte, haciendo hincapié en un régimen retiniano. Hay una captación de la imagen en la actualidad, por sobre otros soportes y sentidos, adoptando lo audiovisual (vista y oído) una prevalencia absoluta, en un régimen perceptivo de características únicas, no por su singularidad, sino por su carácter casi monopólico.
Esto Netflix lo sabe bien, es por eso que, si sugerís el visionado de una película de origen desconocido, suscitas desinterés, por no decir paja. Esto ocurre en la comodidad del hogar, dado que, me arriesgo a suponer, algo distinto sucede en la sala de cine, en donde esta presencia, posibilitaría, al despistado espectador, atender al film.
¿Se trata esto de esnobismo, elitismo o erudición? Puede ser. O es simplemente la defensa de la existencia de otras formas de la imagen y su relación con la narrativa y el lenguaje cinematográfico, en definitiva, otras formas de la existencia y la percepción, menos pasivas, periféricas quizá.
Se trabaja lisa y llanamente en la atención, provocando paradójicamente, cada vez mayor dispersión y/o falta de concentración (esta falta sería al menos auspiciosa). ¿En qué, por qué, para qué? La cuestión en juego no es solo cognitiva, es fundamentalmente política.
En su texto “La estética de la dispersión”, publicado en el sitio web “Con los ojos abiertos”, Roger Koza dice algo similar: se ha instaurado lo que denomina una ontología portátil en una topología determinada por la red, es decir somos en la medida en que estamos permanentemente conectados por medio de aparatos tecnológicos en un espacio virtual con otres que “están” en las mismas circunstancias. Y resume: Conexión permanente, dispersión inmanente, ya que la relación entre estimulo-respuesta, por inmediata, se trastoca provocando modificaciones cognitivas.
Entonces, volviendo a la estructuración subjetiva del programa civilizatorio que se afanan en instalar: ¿Para qué nos querrían bobos, entes, desatentos?
A continuación, una cita, con la que, improviso/propongo una respuesta:
“Conexión permanente, dispersión inmanente, he aquí una fórmula para desacelerar el entusiasmo acrítico frente a la velocidad de las conexiones y la naturalizada lógica de una conexión ininterrumpida como necesidad vital. Con tal sentencia no se trata, bajo ningún concepto, de satanizar el prodigio técnico, pero sí de pensarlo para que él no piense por nosotros.”
Su importancia radica en no dejar por fuera los resortes subjetivos que condicionan que los poderes financieros y políticos puedan inmiscuirse en el colectivo para llevárselo puesto.
Bibliografía:
Roger Koza, “La Estética de la Dispersión” en el sitio web Con los ojos abiertos (2015). https://www.conlosojosabiertos.com/la-estetica-de-la-dispersion/
Éric Sadin, La Vida Espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Ed. Caja Negra, Buenos Aires (2024).