Una lengua de Hierro

                                                                                                              Ricardo Seldes*

Las declaraciones de Milei irritan a muchas personas. Su estilo angustia a los partidarios de la democracia republicana.

El psicoanálisis nos pone siempre del lado de la sospecha de las idealizaciones, de las utopías de las que está plagado el campo político. Este campo está usualmente hablado en lengua de madera, una forma particular de manipular el lenguaje, de inventar neologismos y palabras perturbadoras, de expresar generalizaciones sin contenido, eufemismos y repeticiones innecesarias de un pensamiento que usa las mismas o similares palabras para no avanzar en la argumentación.

¿Esto es algo exclusivo de Milei? Claro que no, es raro que los políticos no hagan uso de la lengua de madera, la que nos aburre, nos cansa, la que nos deja cada vez en peor lugar. La diferencia con Milei es cuando captamos que se trata de algo mortífero lo que se esconde detrás de sus enunciados rimbombantes contra las ideologías que más odia.

Cuando se refiere a los comunistas puede parecer, por su ironía extravagante, al Superagente 86, y apela al lenguaje y mímica de los superhéroes de Marvel que tanto fascinan a los adolescentes. Eso es lo que produce Milei cuando enfervoriza a los jóvenes decepcionados por tanta miseria vivida o relatada por sus padres o abuelos.

¿Acaso ignoran que en ese nuevo producto del mercado del consumo se desliza un peligro que nos recuerda al poema del Pastor luterano Martin Niemöller grabado en el Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos, casi mellizo de la versión de Brecht “ahora vienen por mí”?

A los ojos de Lacan la política procede por identificación, manipula significantes amos, busca con ello capturar al sujeto vacío, que como el inconsciente, está necesitado de identidad, que se desvanece como el cogito antes de que el gran Otro divino lo estabilice.

Lo que Javier Milei deja traslucir es la creación de una lengua de hierro que apunta a la obra de la muerte en la civilización.

Dejar las cosas para después puede ser demasiado tarde.

*Ricardo Seldes es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Presidente Actual de la Federación Americana de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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