Gabriela Basz*
En su cuento “Ante la ley”, Kafka pone al descubierto que el hombre tiene la puerta abierta para ingresar a la ley, pero no puede hacerlo. No sabe que la ley lo incluye y lo excluye al mismo tiempo. Lo excluye porque no ha podido pasar la puerta para encontrase con ella, y lo incluye porque la puerta estaba destinada únicamente a él. Javier Milei propone una libertad sin ley. Y es sabido que la libertad sin ley es lo más parecido a la barbarie, el caos, la muerte. Si el personaje del relato de Kafka franqueara la puerta habría hecho uso de su libertad. Pero su libertad tendría en ese caso el deseo de ingresar a la ley, la única manera de poder disfrutar, en la medida de lo posible, de la libertad.
Vociferar proyectos incumplibles, tener como asesores a algunos perros vivos y otros muertos, sí muertos. Encontrarse tres veces con Cristo y escuchar voces que le ordenan que sea Presidente de la Argentina, no parece la propuesta de un político sujeto a la ley. Milei no espera que se abra la puerta de la ley porque no cree en ella. Debido a esta posición de increencia, me permito conjeturar también que su “misión” es precisamente la de destruir la ley. Por eso se anima a decir cualquier cosa. Para él no hay límite; por lo tanto no hay ley. El supone que puede crear la ley como lo hicieron todos los dictadores del planeta. Notablemente en su apellido está esa clave: si Milei es Mi Ley, es decir, la barbarie. Esto produce de un lado fascinación, del otro, angustia. Se trata de ese Dios oscuro que evocaba Lacan y que con su increíble genialidad anticipó Freud.
*Gabriela Basz es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana.
Fotografía seleccionada por el editor del blog.