Patricio Alvarez Bayón*
Suele confundirse la figura del canalla con la del perverso, o del cínico, si bien Lacan diferencia los tres. El perverso extrae la angustia del Otro, mientras que el cínico percibe su inexistencia.
Pero el canalla no busca angustia ni inexistencia. Lacan lo define en el S. 17: “querer ser el Otro, me refiero al Otro con mayúscula de alguien, allí donde se dibujan las figuras que captarán su deseo”.[1]
Un canalla sabe ver las figuras que captan el deseo de alguien, y así erigirse como su Otro.
Pero un canalla enorme, un gran canalla, es el que sabe percibir las figuras que captan el deseo de millones. No es fácil; para hacerse el Otro de millones hay que captar:
- la decepción por los dos partidos políticos de izquierda y derecha que han gobernado en los últimos veinte años,
- el odio generalizado hacia los grandes logros y categorías indiscutibles del discurso que encarnó más tiempo esas dos décadas -justicia social, distribución económica, derechos humanos, diversidad, igualdad de género-,
- la prevalencia de un supuesto saber sobre una única figura del deseo: la economía y sus promesas de dolarización, crecimiento rápido, acceso a los medios de goce.
Resumidas, las figuras que capturaron el deseo de millones son dos: economía y odio. Luego, se necesitan varios semblantes para encarnarlas: un rostro enrojecido de furia, unos ojos arios, unas camperas rockeras, unos trajes empresariales, muchas promesas de destrucción, y un discurso aparentemente consistente en materia económica.
Debemos reconocer que no cualquiera puede captar las figuras del deseo de millones.
No lo han logrado nuestros dos partidos gobernantes, tan alejados del sufrimiento de su pueblo como adormecidos por sus luchas palaciegas -las cuales no son contra un opositor, sino internas entre los integrantes del propio palacio-, al punto de paralizar a un país y generar ese odio que parecía un murmullo silencioso pero era un grito ensordecedor, grito que no logró ser un llamado porque no hubo un Otro que respondiera, y que un canalla pudo hacer resonar.
No debemos menospreciarlo, ni ridiculizarlo, ni demonizarlo. Desde el momento que nos sorprendió surgiendo desde las sombras, repetimos esas tres fallidas respuestas.
Por el contrario, como dice Sun Tzu, debes conocer bien al enemigo.
Es Lacan quien nos da las claves para combatirlo: “el paso del discurso del amo antiguo al amo moderno, que llamamos capitalista, es una modificación en el lugar del saber”[2], “el Yo idéntico a sí mismo, eso es lo que constituye el S1 del imperativo puro (…) Del Yo que domina idéntico a sí mismo, (…) surge irremediablemente la Yocracia”[3].
La Yocracia tiene cuatro rasgos:
- es producto del discurso capitalista,
- se pronuncia al modo las órdenes y mandatos del imperativo puro,
- se identifica como igual a sí mismo, no tiene historia ni origen,
- se funda en el ideal del todo-saber, en este caso económico.
Ante la Yocracia, debemos responder con democracia.
Pero no democracia ingenua: una democracia advertida, donde algunos logren hacerse escuchar, a nivel de las instituciones, de las Escuelas, de los intelectuales, de los medios.
Una democracia advertida que no menosprecie al enemigo, que diga NO, que luche en contra (JAM), que escuche, que dirija su mensaje a donde debe ser escuchado, y que calcule su voto útil, ya sea hacia una democracia de izquierda o una democracia de derecha, pero de ningún modo hacia una Yocracia.
* Patricio Alvarez Bayón es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana.
Fotografía seleccionada por el editor del blog.
[1] Lacan, J., El S., libro 17, Paidós, pág. 64.
[2] Ibid, p. 32.
[3] Ibid, p. 66.