Psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana.
Milei no cuida las palabras, no anda con eufemismos, con rebusques lingüísticos ni con palabras vacuas. Y fue justamente eso lo que prendió en un tercio de la sociedad. Y este mismo extravagante solitario, que además de denunciar algunas supuestas verdades de la época se anuncia como el mesías, con un programa evangélico y salvador –que Dios nos libre y nos guarde–, dejó a la dirigencia argentina, a candidatos afines y opositores y a gran parte de la ciudadanía, boquiabiertos, sumergidos en una larguísima noche de estupor.
Asoman tiempos difíciles y hay uno que pretende desenmascarar la farsa. Eso podría ser promisorio, siempre y cuando a esa farsa no la deschave el farsante más astuto. Saber tocar las fibras más íntimas de lo humano, hacerlas emerger para con eso aunar en el delirio a una masa fascinada y dispuesta a hacer lo que el líder manda, no se da todos los días. Ya lo dijo Freud anticipándose al infierno que, sin haberlo conocido del todo, estaba a la vuelta de la esquina. Hoy sabemos que razones no le faltaban para esgrimir su teoría sobre la psicología de las masas. La Historia está ahí para demostrarlo.
La encrucijada ante la que estamos –entre otros los psicoanalistas–, la más difícil de desentrañar, es la de entender sin comprender –como decía Lacan–, para de ahí en más hacer de nuestro voto un acto.
Fotografía seleccionada por el editor del blog.