Graciela Brodsky*
Quiérase o no, el voto expresa una voluntad colectiva. Por muy estallada que esté la cohesión social, por mucho que impere el individualismo y el sálvese quien pueda, por muy incomparables que sean las razones, conscientes o inconscientes, que llevan a elegir en una u otra dirección, el voto colectiviza. Y el gesto individual, singular, heterogéneo, confluye con otros y da un resultado, un número, un porcentaje que borra cualquier diferencia y expresa una voluntad general.
Freud intentó explicar el fenómeno que unificaba lo más dispar de cada quien y le brindaba la ilusión de compartir algo, un rasgo, con aquel que encarnaba un ideal.
¿Milei encarna el ideal de ese 30% que lo eligió? Tiendo a pensar que lejos de encarnar un ideal, Milei encarna una vociferación, un ruido que reúne sentidos diversos donde cada quien puede alojar su propio kakon, un furor que grita el objeto indecible. Milei personifica el ascenso al cenit social del objeto a. Y genera, a su alrededor, una comunidad de goce que se corporiza frente a la caída de los ideales.
A las propuestas más o menos temerarias, mesiánicas, inviables que presenta Milei es posible objetarlas, refutarlas, confrontarlas. Eso es asunto de los especialistas. Lo que el psicoanálisis puede aportar es que al imperativo de goce es vano oponerle argumentos. O se consiente o se lo rechaza.
21/08/2023
*Graciela Brodsky es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana.
Fotografía seleccionada por el editor del blog.