UNA CUESTIÓN PRELIMINAR A TODO POSIBLE TRATAMIENTO DEL PÚBLICO. UNA LECTURA DE LA REBELIÓN DEL PÚBLICO DE MARTÍN GUIRRI- Por Juan M. Conforte

Adherente al CIEC

Participante Zadig

Coordinador de un grupo de investigación Psicoanálisis y filosofía CIFFyH.

Es importante, para comprender los movimientos de la nueva derecha, detenerse en un cambio radical en torno a aquello que en psicoanálisis llamamos “masa”. El libro de Martín Gurri La rebelión del público, es una de las bibliografías esenciales para comprender ese cambio y para intentar repensar ciertas categorías que la época nos obliga a poner en cuestión. Gurri es nuestro nuevo Le Bon.

La primera característica  esencial que da Gurri sobre la creación del público en contraposición a la masa, es el uso y la irrupción de las nuevas tecnologías en su configuración. No podemos pensar las nuevas configuraciones sociales, y los impactos que estas tienen en el devenir político, si no ponemos en relieve el uso de las redes sociales (desde los inicios del blog en los 90 hasta la viralización de Twitter o X en la actualidad) y la disponibilidad de una cantidad inusitada de información (lo que Gurri llama la Quinta Ola… o tsunami informacional), que le otorga al público una herramienta poderosa para intervenir en la vida pública. Pero no es solamente la aparición de las redes y de la información lo que caracteriza este nuevo movimiento del público, si no el basamento sobre el eje horizontal de igualdad que proponen.

Con ellas arriba también una posibilidad igualitaria que no logró tomar cuerpo social hasta este momento, dándole un papel altamente relevante al “común” de la gente. Las redes permiten una horizontalidad que pone en jaque, como nunca antes las figuras tradicionales de autoridad. “Las redes digitales, dice Gurri, son igualitarias hasta el límite de la disfuncionalidad” (p.73).

En esto hay una distancia respecto a la masa tradicional. La masa perteneció a un momento de la historia industrial altamente jerarquizada y disciplinada, dice Gurri, en pos de un modo de producción. El público, no. Su horizontalidad ya desestima el trabajo y el modo de producción, y pone de relieve el “interés”. Una comunidad organizada partir de un interés en común. Ese interés puede ser diverso, determinado por una búsqueda constante de novedad que es lo que aglutina el cuerpo del público.

Pero este carácter casi sectario, horizontal, donde lo que domina es la novedad, comienza a avanzar hacia una rebelión oscura. La novedad implica una ruptura con todo sistema anterior y la ruptura con todo sistema anterior comienza a ser la novedad misma.  

Esta es otra característica esencial del nuevo público. Lo que pesa primordialmente en ellas, no es un sentido positivo o utopista, no un cambio o una revolución hacia formas e ideales nuevos, si no que “Estar a favor del cambio quiere decir hoy ser anti-sistema, anti-programa, anti-ideología” (p. 84). Un rechazo a cualquier forma que venga del Otro, y en todo caso hacia toda instauración de un ideal.

De hecho, así caracteriza Gurri los grandes movimientos que ha producido el público en términos políticos; profundamente enraizados en una especie de negación (o renegación) de la política como forma posible de garantizar el lazo social y de garantizar cierto ideal. Esto, dice Gurri, se enraizará en un nuevo modo del nihilismo, en el que podríamos agregar todas las formas de la negación: cierta forclusión de la autoridad y su capacidad de instaurar algún tipo ideal, una constante negación de la historia como base de una transmisión posible, y un rechazo descarado a toda forma de imposibilidad (si no puedes es porque no quieres, rezan los nuevos influencers por tik tok).

Gurri toma una definición de público de otro periodista estadounidense, Walter Lippman. “El público tal como lo veo, no es un cuerpo fijo de individuos. Son meramente las personas que están interesadas en un asunto y pueden afectarlo solo mediante su apoyo u oposición a los actores” (p. 105). Gurri recupera este poder de afectación del público, no solamente la posibilidad de ser afectado, si no de intervenir activamente y cambiar el rumbo del asunto de interés. Un eje imaginario para nada deleznable de la potencia del público: estar a favor o en contra, y fundamentalmente en contra. En contra de los políticos, en contra del cambio climático, en contra del movimiento feminista, etc. La agrupación del público –que tampoco es una agrupación fija, que no está destinada a volverse en un elemento permanente de la vida social, dice Gurri– tiene el poder de tomar un tema entre manos y modificar sus efectos en la mayoría de sus ocasiones en “contra de”. Es, dice Gurri, “el rugir de una opinión”.

El público no es el pueblo, no es la masa, aunque se desprende de esta última. Si la masa correspondía a un modo de producción altamente jerarquizado y disciplinado; el público llega a tener un lugar en ellas a medida que el espacio público se va “personalizando”. Es, dentro de la masa, esa parte reactiva que devino en activa e hiperinfluyente.

Tampoco es la multitud: el público no pertenece a una clase minoritaria ni desplazada que se acumula en las fronteras de lo social gestando una potencia de estallido, de rebelión o revuelta. Las personas que conforman el público provienen del sistema mismo que les dio la posibilidad de estudio, de medios económicos para mantener su target tecnológico, etc. y que, en su voluntad nihilista, están en contra del sistema mismo que los vio nacer.

Esta somera caracterización del público (el libro de Gurri permite muchas más), nos da suficientes indicaciones sobre el desplazamiento que existe entre la famosa Psicología de las masas… y esta nueva forma de “lazo”, con todas las comillas que puedan ponerse sobre este término en relación al público. Esto ya que en tanto se asientan sobre una base forclusiva de todo tipo de autoridad (igualitarias hasta la disfuncionalidad), no hay posibilidad de caída de aquellos S1 que puedan instaurar el discurso. Es decir, podríamos sugerir que están fuera de discurso, o dentro del pseudo discurso capitalista. Comandados a partir de un eje imaginario que los lleva siempre a estar en “contra de”, sin constituir modos de lazo más allá de la contingencia de un interés y un eje amigo-enemigo.  Su base positiva, aquello que los nuclea, es un ámbito de interés. La figura del influencer quizás resuma esa característica, dar una opinión e influir con ella en el devenir del asunto. Ese es el poder del público, y lo que lo nuclea. Potencia que a la luz del arribo del público al poder del estado, ya no podemos subestimar.

Algo menos que la masa, el público nos puede dar algunas indicaciones para pensar aquello que sucede a nivel del lazo social, de las identificaciones, del ideal, es decir, en las formas de ámbito discursivo en nuestro siglo XXI, y sus incidencias en los movimientos políticos actuales.

Referencias

Gurri Martin, La rebelión del público. La crisis de la autoridad en el nuevo milenio, Adriana Hidalgo editora, 2023.

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