Silvia Baudini

Argentina 2023, Textos y Entrevistas

Sin pudor

Silvia Baudini Psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Hace algunos días una foto ocupó los medios, se trataba de un acolchado con una mancha y al lado una mano y una parte del antebrazo masculino y desnudo. Poco importa lo que ocurrió después. La foto, como cualquier foto, congela algo, un instante. Hay fotos de gran nobleza, de gran crueldad, de gran estilo, de gran talento. Esta foto es la foto de la obscenidad que puede venir. Digo que puede venir porque aún estamos a tiempo. Todo parece indicar que la cosa está jugada, que el malestar es mucho y “que reviente todo” sería el cántico de una juventud (sin edad) hastiada y que solo valora el dinero, “queremos plata”.  El nombre del padre actual (si leemos a J.-A. Miller) es el dinero. El candidato lo sabe y lo usa, usa a ese fetiche y se pasea en caravana por La Matanza, suburbio del gran Buenos Aires que tiene una altísima densidad demográfica de ciudadanos de bajos recursos y es una de las capitales de la inseguridad y del delito, con una gigantografía de un billete de 100 dólares con su rostro, el rostro y la melena del león. A él no hay que espiarlo para buscar su costado morboso, no hay que tener una cámara oculta, él lo muestra a cielo abierto, al desnudo. Esa obscenidad es la que Freud señala en el caso de la melancolía; sin pudor se dice lo peor de sí mismo. Y Freud nos enseña que se puede ser tan impúdico cuando se habla de sí mismo porque en realidad es del objeto perdido de quien se habla, de ese que no existe más, o mejor dicho nunca existió pero que no se escribió su ausencia. Por eso su retorno es siempre posible. Los medios aspiran este verbo desbocado sin obstáculo, lo convocan, lo presentan, le dan tiempo en el aire. Se habla mucho de él, el nuevo, el desconocido, el recién llegado. No reconocen lo viejo, el olor a rancio de un discurso aniquilador, por llamar a lo peor. Sin retórica, sin dialéctica, sin metáfora. ¿Se estiró demasiado la cuerda? ¿Lo que pasó explica lo que pasa? Lacan nos enseña a desprender el efecto de la causa. Lo que pasó no explica totalmente lo que pasa. Pero la tentación de la ruina es grande, “que todo reviente por los aires”, alguien supo encarnar este anhelo. Vaya a saber por qué vías subjetivas. Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Zadig en el mundo

Un discurso de odio

Silvia Baudini Nada de lo humano debería serle ajeno a un psicoanalista. Eso llega hasta que nos topamos con los enemigos del género humano. Esos que no tienen ningún miramiento en decir lo peor. Hipérbole verídica, nombraba un colega francés al discurso de Trump. ¿Cómo nombrar el discurso de Bolsonaro?. ¿Vitriolo? Ese acido que corroe los metales que fue usado por los alquimistas. La ciencia lo nombra ácido sulfúrico. Un discurso vitriólico, lleno de odio que no respeta ni a la mujer, ni al hombre. Que no mide nada, salvo lo que se cuenta en dinero, no en vano nuestros colegas de Brasil lo asocian a los millonarios. Pero ¿y los votantes?, millones de hombres y mujeres que aceptan ese discurso como parte de lo cotidiano, algo que entra en la esfera de lo contingente – como nos decía J.-A. Miller cuando Francia se debatía con la posibilidad que un régimen estrechamente ligado al nazismo llegue al poder «y se haga cargo de las palancas del ministerio del interior»- lo imposible se ha hecho contingente. ¿Que fibra sensible ha tocado en los hombres y mujeres del Brasil ese discurso? A que apela sino a lo peor que hay, si por supuesto que lo hay, en cada uno. Pero eso peor es inconsciente y el discurso del candidato es totalmente decidido y calculado para dividir al otro y hacerlo querer el mal. Ahora Brasil una potencia latinoamericana corre el riesgo, alto riesgo, de quedar en manos de una convivencia amarga entre el fascismo militar y la iglesia. Y santificado por el voto democrático. Una democracia a la que se desprecia al punto de reivindicar la fuerza bruta de los golpes militares. Hasta donde llega la amargura de los hombres en nuestra época. Manuel Castels nos insta a decir cada uno su palabra. Propongo dignificar a las palabras, saber que hablar tiene efectos y que esos efectos pueden ser una catarata que limpie el odio y ponga a la luz una verdad que los discursos del odio hacen torcer. No hay tiempo ni lugar para la abstención, cada voto cuenta.

Scroll al inicio