Rosa Edith Yurevich

Argentina 2023

“FAIRE VATEL”

Rosa Edith Yurevich* Faire Vatel es un dicho francés para significar “morir de vergüenza”, expresión que Lacan retoma en la última clase del Seminario XVII, El reverso del psicoanálisis. La vergüenza es el eje de este seminario. El acto final de Vatel, personaje del siglo XVII, quien ante su fracaso y por ende la pérdida de su honor, coloca una espada en el picaporte de su puerta y se suicida, convirtiéndose así en un paradigma. Él, literalmente, muere de vergüenza. Un hecho político nos ha conmocionado y al mismo tiempo, ha posibilitado que las puertas del armario se abran y aquello que creíamos que no estaría o estaría perimido, aquello aparentemente reprimido, salió con todas sus fuerzas, originando preguntas: ¿cómo llegamos a esto? ¿qué nos pasó? Comienza un trenzado entre vergüenza y obscenidad, la banalización de la obscenidad pero también comienza el darle consistencia a un “discurso delirante”.  La vergüenza se entrelaza con la civilización, señalando que la nueva es la de la permisividad donde lo que está prohibido, es prohibir. Pasamos a …o peor? Asistimos azorados a los que se creen que están por encima de la ley, los que se creen impunes, hasta llegar a una certeza de que el poder los habilita.   Si ya no hay vergüenza, es que el Otro ha dejado de importarnos. Su mirada ya no nos hace mella. Es la “muerte de la mirada de Dios”[1]. Si cualquier cosa vale, habrá un punto de no-retorno puesto que habremos perdido el pudor, el honor, la dignidad de seres hablantes. Como consecuencia asistimos a la emergencia de “salvadores”. La comparación con aquellos que la historia nos brinda como Hitler, Stalin, Mao y los otros que podríamos sumar, es la trivialización o frivolización de lo que estos produjeron a nivel de la humanidad. Coincidimos en que estamos en la época de un Otro que no existe pero no es sin el Otro. *Rosa Yurevich es psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Participante de La patria del sinthoma Fotografía seleccionada por el editor del blog. [1] J-A. Miller. Nota sobre la vergüenza. Revista Freudiana n° 39 (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis).2004. Barcelona, España.

Ciencia, cuerpos y capitalismo, Textos y Entrevistas

CUERPOS HABLANTES, POLISEGREGACIÓN, LOS GUETOS CONTEMPORÁNEOS

                                                                            La imágen es del artista Sebastián Pastorino Conservo en mi memoria mi primera visita a Israel hace ya más de 30 años atrás. En esa oportunidad habíamos alquilado un dpto. para quedarnos por el tiempo que duraría nuestra estadía. Al lado vivía una señora cuya edad era indefinida. Un día en que fuimos a solicitarle una información y como mi madre hablaba Yiddish única lengua posible con esta señora, tocamos en su puerta y creo que la sorprendimos en las tareas de la casa, sus mangas se encontraban arremangadas. Mi mirada voló hacia su brazo donde se encontraba el número grabado. Fue un instante, el instante de ver, su mirada siguió la mía, levantamos los ojos en el mismo momento, nos miramos, ninguna de las dos habló. El tiempo de comprender duró los segundos de las miradas. No había nada para decir. Ella supo que yo sabía. Tiempo de concluir. A medida que la conversación proseguía, lenta y disimuladamente bajaba la manga de su pullover. Cuántos libros había leído sobre el Holocausto?  no lo recuerdo. Sin embargo ese número era más de todo lo leído. Estaba allí un cuerpo marcado para toda la vida, un número que señalaba con indiscutible precisión su sufrimiento, su pasaje por algún gueto, el campo de concentración, las máquinas de la muerte de las cuales, de alguna manera había sobrevivido. La conclusión de que un Otro había planificado, precisado, sistematizado este cruel y brutal acontecimiento inédito y no-contingente dentro de la pretendida llamada humanidad. El problema judío se convirtió prontamente en la Solución final. Era el espejo hegeliano “nosotros” o “ellos”. Imposible realizar la más mínima comparación. Ninguna segregación ha tenido, ni tendrá jamás los ribetes del Holocausto. LAS MÚLTIPLES SEGREGACIONES  Después de un año de estar en una inédita situación en el mundo a raíz de un real que se nos ha impuesto, el covid-19, éste ha cambiado. Algunos aún esperan que de aquí surja un “hombre nuevo”,  que existan “nuevas normalidades” expresión que me produce un malestar profundo puesto que parece que vivíamos en una “normalidad” aparentemente aceptada. Vivíamos un “eso marcha”. Una sociedad antigua e inmóvil. Una aceptación de que el mundo era inmutablemente así y que atravesados por esta pandemia, habríamos “entendido”, vaya uno a saber qué, la fantasía de que seríamos “mejores”, cuando ahora es otra igual y caprichosamente desigual. Las segregaciones se han multiplicado. Lo que antes era una cuestión étnica o religiosa abarca hoy, segregaciones que van desde los géneros, las raciales, religiosas, políticas, las franjas etarias, los sintomáticos, los asintomáticos, los pobres, inmigrantes, refugiados, parias y así podríamos seguir agregando categorías. Dentro de nuestra “hiper civilización”[1] el espectro es  muy amplio. Los objetos de desecho del mundo se amplían. Nos olvidamos que lo real es sin ley que no se domeña. Distintos eventos surgidos como consecuencia de este hecho absolutamente contingente y sin Otro. Un innegable hecho científico puesto que sólo la ciencia podría poner fin a esta situación. Y subrayo lo de “sin Otro” del no hay quien haya planeado diezmar la población mundial o asesinarla e inventar un método para ello. Los cuerpos comprometidos, vulnerables, expresión de Judith Butler que significa que lo común se convierte en la ausencia de lo común.  Cuerpos sufrientes pero también hablantes, hoy sometidos a la incertidumbre. Aislados sin que nadie se pregunte por la angustia que los abraza. En el hombre el cuerpo habla, porque tiene un cuerpo se rebela, grita, pelea por sus derechos, los derechos del hombre que tan finamente Jean Claude Milner[2] separa de los derechos del ciudadano. Los derechos del hombre, es un para –todos-iguales. Un derecho a sobrellevar, en estos tiempos inéditos, con dignidad, a reclamar un ex –sisto!! “Hacer una demanda con el cuerpo, una reivindicación corporal en el espacio público y una demanda pública a los poderes políticos”[3]Por ende se entrevé lo real de los derechos. Los derechos del cuerpo examinando lo que le ocurre cuando les son negados a los individuos.[4] LOS GUETOS El término proviene del barrio judío de Venecia, establecido en 1516.  Durante la supremacía nazi, los guetos eran distritos urbanos cerrados donde obligaban a vivir a centenares de personas hacinadas. Con un distintivo, la estrella judía en amarillo, que ya había sido establecido por primera vez con la Reina Isabel La Católica para diferenciar los judíos con un listón bordó, bajo la insistencia de la Iglesia Católica, que se consideraba la verdadera y única religión. En el siglo XX los guetos establecidos por los nazis, consideraban que, los “residuos humanos” debían convivir  con una policía adentro y otra policía afuera más un consejo que dirigía y también establecía quienes serían llevados a los campos de exterminio.  Bauman,[5] nos habla de otra modalidad absolutamente diferente de aquellos horrorosos guetos cuyo final programado era la muerte. Para él hoy existen guetos voluntarios, guetos involuntarios y me atrevo a agregar una tercera categoría los guetos invisibles que pueden ser tanto voluntarios como involuntarios. Los primeros  aquellos que recurren a los barrios cerrados para que todo lo que no quieren ver quede por fuera, burbujas de aparente seguridad. No se consigue evitar lo paradojal, es decir donde lo familiar se torna finalmente siniestro.   Después están los involuntarios, los campos de refugiados padecidos por los emigrantes sobre todo. Los centros de aislamiento que, por la pandemia, proliferan con una cuarentena que va más allá de lo aceptable. Cuerpos encerrados y parlantes. Esta contingencia en lo real ha despertado como correlato, el tomar medidas autoritarias por parte de los gobiernos y por ende ha generado los guetos invisibles. Fronteras cerradas, fronteras nuevas.  Conjuntos A y no-A. El “resto” se confunde también allí. Quien es el “resto” ahora.? Se difuma. Son invisibles.  Las vallas internas y externas señalan ambos lados. Quien está afuera, quién adentro? Acaso ésta es la “nueva normalidad” de la que se habla?. Hay un nuevo “nosotros “y “ellos”.? Jorge Cafrune cantaba: “estamos prisioneros carcelero, yo de estos torpes barrotes, tú de miedo.”[6] Rosa Edith Yurevich Psicoanalista en Córdoba.

Ciencia, cuerpos y capitalismo, Textos y Entrevistas

INCIDENCIAS POSIBLES EN LO SOCIAL

La imagen es del artista Sebastián Pastorino   Rosa Edith Yurevich                                                           Carmen Llarens                                                           Cecilia Mariani                                                           María Carlota Nocetti                                                           Natalia Rovera ¿Cuál es la ideología que sostiene un psicoanalista cuando quiere incidir en lo social? ¿Qué segregamos cuando segregamos?Con estas preguntas partimos para investigar el tema: La segregación y los cuerpos. La frase de la Proposición de 1967 donde Lacan transmite que la extensión depende de la intensión con “s”, es un axioma que hizo impronta. Al transitar la experiencia analítica, la intensión, sería posible incidir sobre el otro, la extensión. La segregación es inherente al ser hablante en tanto estructural. A pesar de ello, no estamos exonerados de la responsabilidad que nos compete frente al malestar en la civilización y por ende, de ser posible, incidir en la contingencia que se ha producido en lo real. Encontrar una “nueva brújula” tal como lo plantea Miller en Una Fantasía.   En un coup, un golpe, los velos se desgarraron, aquello que estaba escondido salió a la luz de manera bruta. Bruto en tanto lo más real. Acontecimiento traumático, “acontecimiento de tierra» como dice J.A. Miller, un colectivo.              Mientras la pandemia producía una perplejidad inédita, nos sumergía en una incertidumbre jamás vivida y la cuarentena se reglamentaba como una medida de prevención, asistíamos a los primeros momentos de la segregación (establecimos un orden pero sucedió todo al mismo tiempo, no fue evolutivo): 1-Psicosis-autismo             Los Centros de día y los hospitales de día fueron cerrados, sin mediación alguna.  Sujetos fuera de discurso, psicosis y autismos en todas sus modalidades, quedaron a la vez fuera de lo que les daba un cierto asidero a la vida, un cierto lazo con el otro que lo soportaba en su pesada carga de angustia.  Incidimos allí. ¿De qué manera? Nadie tenía experiencia en ello. ¿Cómo inventar un sistema de contención? Sostener a las familias ,a los sujetos, acercarles material, conservar las sesiones, las llamadas o video llamadas aunque no quisieran hablar, del otro lado del teléfono estuvimos para cada uno. Las reuniones entre los Centros fueron muchas.  Inventar, crear. Los  practicantes del psicoanálisis no retrocedieron y pusieron su cuerpo.  A la distancia física, promovimos el acercamiento social.   2.1 Niños y adolescentes La segunda franja de segregados estuvo encarnado en los pequeños y los adolescentes. Las escuelas cerraron bajo el lema: «los niños son portadores”. Se volvieron “invisibles” al sistema y de ese modo, ¿podríamos pensar que  se les “robó” algo de su goce? Las consecuencias las comenzaremos a ver prontamente. Con asombro asistimos a las aperturas de los casinos pero no las escuelas. Una pregunta que nos formulamos fue: ¿no debía considerarse al docente un trabajador esencial?  2. 2 Cambiar lo necesario en la escuela. A  partir de la entrevista que realizara Hilda Vittar a Francesco Tonucci  “llevamos la escuela al núcleo”  Abrimos el diálogo pensando en ¿cómo puede incidir el psicoanálisis en estos tiempos donde los niños, jóvenes, docentes y padres se ven desafiados a “hacer escuela” bajo estas nuevas coordenadas?  Evocamos a Freud en su conferencia 34 dejándonos orientar por los superlativos que escribiera respecto de la aplicación del psicoanálisis a este campo: “…es importantísimo, ofrece grandísimas esperanzas para el futuro, quizás  es lo más importante de todo cuanto el análisis cultiva. Me refiero a la aplicación del psicoanálisis a la pedagogía” Volvimos a pensar en las tres profesiones imposibles, la de educar es una de ellas y estamos  en  tiempos donde esta tarea pareciera tornarse más irrealizable aún. La eterna  búsqueda del cambio en  la escuela, se impone hoy como  urgente. La educación entró en emergencia. La pandemia mostró en “carne viva” lo obsoleto de muchas prácticas que en poco o nada respondían al deseo de aprender. Sin embargo hay muchos docentes, niños y familias que se han atrevido a cambiar sin que ninguna Ley de Educación marque por dónde ir. Prácticas creativas, orientadas por la brújula de la educabilidad, por el creer en no saber cómo educar frente a esta contingencia.Si la escuela no ha respondido a las necesidades educativas por ser concebida para educar a todos los ciudadanos por igual, pensarla hoy, en la virtualidad, como el instrumento más fuerte que un país democrático tiene para recuperar las diversidades alojadas en cada ciudadano, constituye un desafío mayor. “Tarea para la casa” que no podrán afrontar solo docentes, niños y familias desde el distanciamiento entendido como  soledad.  3-Adultos mayores “Edad media” El tercer grupo segregado fueron los de 65 años en adelante. ¿Cómo fue posible incidir? Rosa Yurevich fue invitada a escribir junto a otros, para un diario, La Voz del Interior  y este breve texto tuvo resonancias. Lo tituló “Es necesario el tiempo” y dice :”el tiempo es una variable presente desde el nacimiento. Sin embargo, es sólo cuando toca algún límite, para cada uno distinto, que se produce una contracción del mismo y se entiende su plus de valor. La pandemia ha puesto sobre el tapete ese plus de valor, principalmente para los +65años. Tiempo para vivir, tiempo para morir, es una elección del humano. Nos autorizamos en nosotros mismos, somos autosuficientes. La eliminación o la reducción de los derechos ganados nos conducen a un fenómeno de segregación. El distanciamiento es físico, no social. Es precisamente el social al cual el de “mayores de 65” no le es posible resignar porque es su valoración del tiempo, ya sabe, ya ve que “le queda poco hilo en el carretel”[1] 4- Last but not least el “Virus analítico” La decisión de continuar, esa especie de “virus analítico” que padecemos también. Continuar desde el consultorio privado para aquellos que aceptasen llamada o video-llamada. Cada uno eligió lo que prefería. También algunos eligieron suspender.  La brújula que nos sostuvo fue que el psicoanálisis es una práctica sin estándares pero no sin principios. Y este principio creemos que es la única “ideología” posible para un psicoanalista: la de la orientación lacaniana. 5-Hacer conversar el discurso científico con el del psicoanálisis. Transitando el curso Extimidad de Miller nos encontramos con que la experiencia analítica demuestra que

Ciencia, cuerpos y capitalismo, Textos y Entrevistas

La estadística «mata» al sujeto

“Ahora vienen…por mi” Bertold Brecht Escucho con cuanta soltura alguien larga la frase supuestamente tranquilizadora: “el 70% de la población se va a contagiar”. Podríamos completar ese enunciado de la siguiente manera ( también como suposición e irónicamente): “…del tal porcentaje, está previsto que sólo mueran los que tienen más de 65 años y como yo tengo menos …” . Esa frase junto a algunas medidas restrictivas y autoritarias surgidas de alguna mente donde prima el discurso de la cuantificación,  produce más angustia que tranquilidad, motivaron este breve texto.  De repente la pandemia nos ha hecho olvidar  al sujeto? Nos volveremos un número? Una cifra? Por cierto estamos en la era de la cuantificación. Y nos encontramos con estas conclusiones en dicho discurso: “A este lo ayudamos porque tiene menos de 65 años, a este no porque tiene más?”  Indignación. Es el afecto que me habita en este momento.   Qué manera de “matar” al sujeto y sin la ayuda de la pulsión de muerte. Quién decide cómo implementar la segregación? Comenzaremos  a hacer usar algún distintivo de color a los que tienen +65?  De repente nos vuelven al estado de “manada” a un todos iguales… homogeneidad contra la cual hemos batallado tanto los psicoanalistas. “A todo humano le vendrá el virus y así crearemos inmunidad y la pandemia desaparecerá”.(sic) Queriendo el bien del otro se produce el mal. Se nos declara “difuntos” que es “sin función “antes de estarlo. Ninguno sintió que estaba siendo cuidado.  La cifra, nueva monarca en la época de la corana, la estadística, también es una defensa, una barrera, un velo, frente al horror que nos produce el “enemigo invisible “ nombre dado.  . Los ahora llamados “viejos” somos autosuficientes, nos autorizamos a nosotros mismos, ya sea para bien o para mal no necesitamos tutores que nos indiquen qué hacer. Es mejor que no nos cuiden declarándonos “difuntos” antes de serlo verdaderamente.  Ahora me está permitido vociferar lo que Jacques-Alain Miller nos dice en su curso “Todo el mundo es loco” acerca del sujeto, vociferar es acentuar la voz , agregarle el peso de la voz para expresar ¿qué es el ser hablante? Es “El lugar de Ya-nadie ,es el lugar sin dudar del sujeto, pero concebido, nombrado en tanto redondel quemado en la maleza del goce”. La cifra deja de lado, el gusto por la vida.  Fue imposible no recordar en estos momentos el inolvidable poema de Bertold Brecht “Ahora viene por mi…pero ya es tarde”  Rosa Edith Yurevich Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma

Scroll al inicio