“En lugar de hablar de lo que ustedes no ven hablen, hablen de lo que escuchan, es en sustancia lo que dice Lacan, y de lo que es hablar y escuchar”.[1] Jacques-Alain Miller, El eterno patapuf. Cuando aparece el sintagma nuevas normalidades se podia escuchar la incertidumbre en muchos campos, esto llamó mi atención. No era posible aún interpretar las consecuencias de la irrupción del Real de la pandemia, al menos no en Argentina que, a pesar de haber tenido la posibilidad de ver lo que sucedía al otro lado del océano, aun no era posible pensar en un nuevo funcionamiento de nada. En mi práctica, luego de las primeras extensiones del aislamiento social preventivo obligatorio, escuchaba como se intentaba nombrar algo del hacer para salir. Lo “nuevo” y lo que se pretendía “normal” nos ponia a distancia del otro, una distancia que a algunos aliviaba y a otros incomodaba, molestaba, pero había que verselas con eso de todos modos. Recordé el termino transindividual que había podido ubicar en la clase del 24 de Junio de 2017 de Jacques-Alain Miller, cito: “…estaba en la Revista La Psychanalyse: ‘…el dominio (del psicoanálisis) es el del discurso concreto en cuanto campo de la realidad transindividual del sujeto’. Eso me deslumbró «realidad transindividual del sujeto». Esta frase desencajaba bruscamente la idea de lo individual y de lo colectivo y demostraba que la subjetividad de una época tiene un sentido porque se trata de una realidad transindividual. ¿Cuál es el ejemplo tópico, memorable que todos conocen que toma Lacan? Es el de los tres prisioneros, son tres individuos pero están enganchados uno con otro lo que constituye una subjetividad prisionera, como se está prisionero de su época.”[2] Es la pandemia un acontecimiento transindividual del cual habrá que relevar entonces los efectos y la pregunta que me surge es: ¿de qué estamos prisioneros en esta época? Con el recurso a la lengua, un modo de decir que ya estaba allí desde 2008 para nombrar las consencuencias de una crisis, en ese tiempo económica, reaparece en la escena. Nuevas normalidades hace el intento de apresar algo de aquel Real que irrumpió e impactó en la vida de los seres hablantes, en el cuerpo, en las soledades y sobre todo en el lazo al otro. Resonaba fuertemente en los medios de comunicación como un modo de control sobre la amenaza que el virus y el contacto con el otro implicaba. ¿Cómo es que resulta tan pregnante? ¿Se trata de un imperativo social? “Un imperativo es una demanda del Otro, a la cual se añade que está prohibido interpretarla. El resultado es pues reabsorber el deseo en la demanda.”[3] Digo esto para pensar el rasgo que Lacan nos dice que tiene el hombre moderno: la docilidad, la docilidad del parletre a gozar como demanda del amo. Jacques-Alain Miller nos dice que hay un cambio del régimen de existencia, del para todo x al no-todo. “Estamos en la época del no-todo, en la cual, a falta de ideas generales, precisamente hay que mirar las cosas una por una. Estamos en la época del detalle”.[4] El para todo x ya no ordena, no funciona, ni regula, las ideas generales no son valideras, la ley ya no opera. En el regimen del no-todo, la ley sigue estando pero es una ley que no tiene excepciones, así este regimen resulta mucho más totalitario que el regimen para todo x, en el cual la excepción podía ser cada uno, la excepción era un efecto mismo del sistema y así podía habitar en él. Entonces, en régimen del no-todo, hay un “totalitarismo serial” que trae consigo la sospecha generalizada, todos sospechosos, todos deben ser evaluados permanentemente y luego además hay que verificar. Los medios de comunicación masivos, el mercado y los comités cientificos vociferan con esos modos intentando cernir al individuo, encontrandose cada vez con ese imposible, ya que esto no responde a lo simbolico en el sentido del orden, sino que retorna cada vez para perturbar, sorprender con sus efectos y no vuelve siempre al mismo lugar porque ya no está allí el Otro como soporte de ese lugar. Otra consecuencia de este nuevo régimen es el síntoma amordazado por el discurso de la ciencia, el capitalismo y los objetos que estos producen. Interpreto que nuevas normalidades cae en ese lugar, como intento de amordazar los efectos que se empezaban a presentar a partir de la emergencia del COVID-19 y las estrategias políticas que se fueron implementando. Creo que el el feminismo aparece como algo nuevo en esta época, si bien se viene gestando desde mucho, emerge en el otro social en nuestro país a partir del Ni una menos y así se hace escuchar. Este colectivo aloja la serie, las singularidades con su causa en el corazón, el centro de su lucha es por la vida, “vivas nos queremos” pueden decir al unisono para enfrentar la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo; la violencia de genero; la trata y secuestros; y las desigualdades a las que se enfrenta el género femenino y afectan a su vida. Con la pandemia emerge un real que, como real, es sin ley y se trata de proporcionarsela con la inflación legislativa. Cada 10 días escuchabamos nuevos decretos que extendían los modos de aislamiento social en diferentes fases y con nuevas disposiciones de los cuerpos y la vida de los sujetos, algunas teniendo que dar marcha atrás luego de leer el impacto que producian. Otra evidencia de que ya no estamos en una época donde el Otro es un regulador que puede poner las cosas en su lugar, “tenemos que vérnoslas con un mundo imprevisible, incierto, eventual, que da lugar a cierta desestructuración, a cierta desterritorialización (…) y, correlativamente, a la patología que atrapa a quienes no pueden seguir ese movimiento imprevisible de lo real”.[5] Nuevas normalidades entonces abrió la posibilidad de salir, sin necesariamente quedar en la docilidad caracteristica del hombre moderno, pero como dice Eric Laurent, “…será necesario, uno por uno, contribuir a