Hablando de la libertad… cualquier camino que tenga corazón
Julián Lastra Practicante de psicoanálisis en Buenos AiresColaborador en distintos espacios de EOL, FAPOL, ICdeBaStaff de la revista La Ciudad Analítica – ICdeBA ¿Qué mensaje envía el pueblo cuando elige? ¿Qué hace que un candidato así logre tantos votos? Preguntas como estas desvelan a un amplio arco del pensamiento, desde la ciencia política hasta la sociología. Desde los medios de comunicación, pueden escucharse todos los días un sinfín de interpretaciones variopintas, que intentan dar sentido a lo que para propios y extraños fue algo más que una sorpresa. Me pregunto, a título personal: ¿cómo saberlo? Inspirándome en Lacan, me respondo que más vale no comprender demasiado rápido. Lo que sí se sabe es que en las últimas PASO votó el 69 por ciento del padrón electoral, un récord a la baja en la historia de las mismas. De ese 69, casi el 5 por ciento votó en blanco. Si sumamos estos a los que no votaron, el porcentaje de los que no se inclinaron por ninguna de las propuestas asciende a más de un tercio del padrón total. Si convenimos que la alternativa que más votos cosechó – 30 puntos sobre los votos emitidos, lo que representa alrededor de un 20 por ciento del padrón electoral total – viene a proponer, hablando de la libertad, un rechazo de las estructuras existentes, podríamos suponer que la alternativa por la que se inclinó una amplia mayoría de la población, la que más adhesión genera, es el rechazo ¿Es sólo rechazo a la casta política? Por su parte, la antinomia política, representada por espacios que se inscriben en una u otra tradición, representaron esta vez a una minoría relegada. Parece ser que la cuestión pasa por otro lado, algo se le escapa a lo que pretende ser entendido con el paradigma tradicional de concebir la política. De cara a lo que viene, la pregunta acuciante es ¿cómo llegar a los que se inclinan por las peores pasiones? No sólo a ellos, también a los desenganchados, los desorientados, los incrédulos, los apáticos. ¿Qué posición convendría? Llevando las cosas al extremo, en una punta estaría la tendencia a intentar parecerse a lo que supuestamente se le demanda en aggiornamiento, estar más a tono con la época, resignando viejos valores. En el otro, plantarse en lo que se supo ser en su época de gloria, desatendiendo el alejamiento de los que se van en busca de nuevos referentes. Tal vez ese modo de pensar, los extremos, sea parte de lo que nos trajo hasta aquí, y que en todo caso nos quede inventar una mejor manera, aunque más no sea para fracasar mejor, pero que no cese en la búsqueda de estar a la altura de los problemas de nuestra época. Fotografía seleccionada por el editor del blog.
