El hijo de la horda
José Luis Tuñón Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. IOM2 Comodoro Rivadavia La democracia, como todo lo que se representa, requiere de fe en su método y en su eficacia.El método es el cálculo de una voluntad común – ideal – que se obtiene sumando votos individuales sobre una oferta predeterminada. Aunque el método fue respetado desde la restauración democrática apenas contiene el delirio del fraude.La eficacia exige creer que cada pronunciamiento individual condiciona las decisiones del gobierno. Esto requiere de más fe todavía, porque esas decisiones se aplican al conjunto en detrimento de cada uno.Pero hace falta más fe para creer que cada uno de nosotros cuenta por algo más que la unidad significante del voto. Ese “algo más” es el corazón de la democracia porque se siente, no se razona, y desde esos sentimientos cada uno imagina su lugar en el conjunto.Y no es lo mismo imaginarlo soñando con alguna forma del amor por lo común, (que nos incluya) que imaginarlo desde convicción de que cada uno se salva solo. Si la primera nos expone a la tontera, la segunda nos deja solos, rabiosos, y dispuestos a cobrársela al primero que pase. Ni que decir si el espectro del padre llama a que cada uno tome lo suyo. Fotografía seleccionada por el editor del blog.
