¿QUÉ SIGNIFICA NO QUERER DESEAR?- por Pablo Godoy Quiroga

Participante del núcleo temático de incidencia: Cuerpos, soledades y redes sociales

Practicante del Psicoanálisis en Córdoba

El filósofo italiano ‘Bifo’ Berardi señala que en el modo de vida actual asistimos a una expansión enorme del campo de la estimulación y una aceleración del ritmo del deseo[i]. Escuchamos, cada vez más, a pacientes que declaran no poder parar: claro ejemplo en el terreno de las Toxicomanías, pero también en sujetos cuyos síntomas manifiestan la incapacidad para desligarse del trabajo, poner freno al pensamiento o conciliar el sueño sin la ayuda de medicamentos (o incluso con ellos). En este sentido, Fisher, nos acerca el concepto de “hedonia depresiva” definiendola como la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea la búsqueda del placer[ii], allí siempre queda la sensación de que efectivamente algo más hace falta, creandose una impotencia que se experimenta en un no-poder-parar.

Presenciamos el malestar fundado en un no poder parar y la imposibilidad de dejar de hacer, de producir, de movilizarse, de medicarse o pensar[iii]. Se hace cada vez más, pero lo que se profundiza son las frustraciones e insatisfacciones en el trabajo, en los vínculos y en el lazo social en general. El terror, toma los cuerpos en su cara depresiva de la mano de la impotencia y en su vertiente maníaca al no consentir parar. Presencia de un cuerpo aterrorizado por el miedo a frenar, como si el hecho de que el cuerpo pare de producir o de hacer implicase un detenimiento de la vida. De este modo, el malestar no desaparece pero se disimula en la metonimia del no-poder-parar-de-hacer. Hay algo que no marcha, pero se está imposibilitado a responder y actuar de modo diferente.

¿Cómo maniobrar con las respuestas del sujeto en este estado actual de la clínica? Aquí, la enseñanza de Lacan toma toda su relevancia, pues como expresa Laurent[iv], su interrogación a este malestar y a la dificultad moderna con el goce hace valer la respuesta del discurso analítico. Primero, porque es una respuesta que sigue siendo novedosa frente a la tendencia actual de todos los discursos por querer ocupar el lugar de la verdad y denunciar la posición fake del otro, como señala Dupont[v]. En esa línea el analista, al decir de Lacan[vi], se priva —o lo intenta— del poder que da el lugar de Otro. Desistir, en acto, a ocuparlo reintroduce al sujeto en el discurso de la falta de goce estructural y provoca un deseo no orientado por objetos plus de goce que prometen la solución al malestar.

¿No invita esta posición a los analistas a hablar un poco más? Sin dudas, hay algo para decir. Hablar a otros o con otros no siempre es colocarse en posición de saber. ¿Se corre el riesgo? Si, pero como en la clínica. Allí también se habla para interrogar al sujeto: ¿Es este un modo de vida posible? ¿Es ese un estilo de vida al que vale la pena aferrarse? Hay que interpelar a ese discurso, explorar una dialectización posible. Y es, justamente, en el encuentro con un analista que este intentará, cada vez, encarnar una posición de vacío —un vacío de goce— donde el discurso del todo pueda encontrar, quizás por primera vez, un intersticio que invite a parar, no sin angustia ni terror. Es en este punto que podemos ensayar un respuesta a la pregunta del título, si el terror es a no-poder-parar esto quiere decir que hay un terror a toparse con la propia falta y el sujeto sabe que no querer desear encierra en sí mismo aquello que no tiene revés y que al ser recorrido se regresa a ese lugar que constituye lo que supuestamente debería ser otra cara[vii].  Por lo tanto, si no querer desear es querer no desear[viii] encontramos ahí el forzamiento que hace a la respuesta del sujeto y sobre la cual es posible incidir, allí es citado el analista a conmover ese discurso arraigado del sujeto. De este modo, estaremos quizás, un poco más cerca de que algo del propio deseo del sujeto pueda comenzar a bordearse o al menos que la frustración sea la del sujeto por su implicación en los embrollos del ser hablante con su propio deseo. La invitación es a indagar como el analista puede, en cada caso, ocupar el lugar de vacío entre el sujeto y los objetos plus de goce.


[i]       Berardi, F., “Entrevista a Bifo: “Las redes sociales, postergación infinita del placer erótico” en https://lobosuelto.com/entrevista-a-bifo-las-redes-sociales-postergacion-infinita-del-placer-erotico/

[ii]      Fisher, M., “Realismo capitalista: ¿No hay alternativa?”, Caja Negra, p.50,

[iii]     Guggiari, S., “Cuerpos y mentes aterrorizadas por los cambios económico y políticos” en https://www.pagina12.com.ar/729811-cuerpos-y-mentes-aterrorizadas-por-los-cambios-economico-y-p

[iv]     Laurent, E., “Lacan y los discursos”, Manantial, p.15.

[v]  Dupont, L., “La dominación de la verdad”, Conferencia, XVI Seminario Internacional del CIEC, Córdoba, 2025.

[vi]     Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, en Escritos 2, Siglo XXI, 2014 p.570

[vii]    Lacan, J., “El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”. Paidós, Bs. As. 2010, pp. 242-243.

[viii]   Ibid., p. 243.

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