QUE QUEDE ENTRE NOSOTROS – Por Ignacio Izquierdo

Participante del núcleo de incidencia: Soledades, cuerpo y redes sociales

Practicante del psicoanálisis

La soledad del goce

¿Cómo incidir en lo político, en la vida en la ciudad, en la subjetividad de la época? Esa es la pregunta que atraviesa el trabajo de los distintos núcleos Zadig y, en particular, el que enmarca este texto y esta experiencia: Soledades, cuerpo y redes sociales.

Jacques-Alain Miller, en su escrito La soledad del goce, dice: “La imagen era la de la boca que se besaría a sí misma. En este caso, el objeto es indiferente, no es más que el medio para que la boca se bese a sí misma”. Este empuje a la soledad se hace evidente en muchos aspectos de nuestra época, y es importante poder leerlo.

Cuando en Flowers, Miley Cyrus canta: «Puedo comprarme flores, escribir mi nombre en la arena, hablar conmigo durante horas, puedo sacarme a bailar, puedo darme la mano, puedo amarme mejor de lo que vos podés», hace resonar un estribillo como una afirmación de autonomía, siendo también un punto de cierre, un goce solitario que prescinde del Otro.

¿De qué está hecha esa soledad?

El cuerpo es la sede de lo que duele y lo que da placer, de los ronroneos y las quemazones, de los orgasmos y los ardores. La sustancia que habita en el propio cuerpo del hombre, y que Freud descubrió como pulsión —y Lacan denominó como goce—, no sirve ni para la reproducción ni para la relación sexual; comienza y termina en el propio cuerpo.

Si la pulsión es autoerótica y el objeto es indiferente para satisfacerla, ¿cómo introducir algo más allí? ¿Qué sacaría a alguien de esa autosuficiencia y por qué deberíamos hacerlo? Es aquí donde la incidencia política puede encontrar una formulación.

Hoy desenmascaramos aquellos discursos que, en algún momento, mediatizaban las relaciones sociales y las del propio cuerpo, mostrando que en realidad son semblantes. La narrativa del amor, el arte, la educación, son empresas con poco rédito económico; desde la lógica actual ya no producen ganancia ni mejoran la imagen en el espejo, son un mero gasto a recortar.

Incidir

En las redes sociales el cuerpo parece estar en juego: la cámara frontal que devuelve una imagen del todo deseable, los audios de WhatsApp que se pueden adelantar, el “me gusta” táctil como maniobra de seducción, los seguidores sin cuerpo que prometen un reemplazo a esa soledad radical del cuerpo que se goza. Sin embargo, en los sujetos persiste la angustia. El encuentro que promueven estos recursos no es del todo efectivo, y la cuestión de fondo queda intacta: cada uno solo en el sillón, con su aparato en la mano. Un lapsus de un capitalismo sin inconsciente.

La solución no consiste en disfrazar las instituciones o en vivir en desacuerdo con nuestra época. La verdadera clave está en cultivar un arte de la presencia. ¿Podremos encontrar una causa o un placer más modesto, que no esté tan adentro, y que exija salir a dar una vuelta, a cruzar la esquina?

Esto es hacer la guerra a lo que es inevitable en nuestro goce: esa soledad que nos respira en la nuca. La soledad se puede volver un síntoma, una oportunidad para cuestionarnos, quizás una entropía que trastorne nuestras semanas masturbatorias y nos invite a pensar.

Desde este núcleo, apostamos a una propuesta presencial y artesanal: reunirnos un sábado por la tarde, en medio de la ciudad, con invitados de distintas disciplinas para conversar sobre la trama que enlaza los tres puntos del tema. No fue una mesa redonda académica, sino un dispositivo vivo, un modo de poner a trabajar el discurso, la ciudad y lo político desde la conversación misma. Así aconteció “Que quede entre nosotros”, un contrapunto al saldo postpandémico y a ese ideal virtual que promete estar en “todo, en todas partes, al mismo tiempo” sin tener que vestirse para la ocasión.

Lo que puede ser un terreno fértil para nuestra incidencia no es un algoritmo, sino ese buen lapsus, esa brecha en la que la diferencia entre lo que quise decir y lo que dije se vuelva una oportunidad para hablar.

Lo que suceda de ahora en más… que quede entre nosotros.

Referencias bibliográficas:

  • Miller, J-A. La soledad del goce, en Revista Registros Tomo Arcoiris Goces. (2020).

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