¿Qué pasa con los jóvenes?

Luciana Varela*

Algunos ejemplos y una hipótesis.

  • Un niño de 10 años llega a la escuela con un dibujo de Milei, estilo superhéroe, una compañerita indignada se lo arrebata y le increpa su fanatismo al loco. Al día siguiente, el propietario del dibujo concurre a la escuela con su producción multiplicada.
  • En una encuesta a 150 ingresantes de una universidad pública se preguntó quién aspira a vivir en una sociedad que se ordene por el mérito. De 150 estudiantes, 120 se pronunciaron a favor de ella. En una charla más pequeña, los jóvenes mencionaron que mérito es sinónimo de esfuerzo: Que se dé a cada cual lo que se merece, lo que se esforzó. Estos estudiantes validan una sociedad que no sólo premia el esfuerzo, sino que se administra a partir de él[1]. Llama la atención que estos estudiantes se forman y provienen del sistema educativo público desde el nivel inicial (jardín de infantes)
  • En una encuesta[2]reciente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, analizan la desconfianza y decepción cada vez mayor, por parte de los jóvenes a la democracia, y esto explica su abstención al voto sin ninguna responsabilidad subjetiva ni cívica, Da igual.
  • Día a día asisto a la presencia cada vez mayor de jóvenes enloquecidos que llegan al hospital: llegan solos, sueltos, rechazando al Otro, ya que de allí no fue transmitido nada bueno. Rechazan, sostenidos en un discurso de odio y querella frente al Otro que los dejó caer y proclaman venganza. Hay un signo que no rechazan: la presencia gentil y amorosa.

Y así, hay muchos ejemplos, cotidianos y transversales.

¿Qué pasa con los jóvenes? A muchos de ellos, parece no haberles sido trasmitido algo del amor y del deseo, se los ha dejado caer y han sido absorbidos por discursos fascistas, de Orden y Mérito, encarnados en los candidatos más votados en las últimas PASO

¿Será que asistimos a la profecía Lacaniana que anuncia en el seminario 21?

“Es bien extraño que aquí lo social tome un predominio de nudo, y que literalmente produzca la trama de tantas existencias; él detenta ese poder del «nombrar para» al punto de que después de todo, se restituye con ello un orden, un orden que es de hierro; ¿qué designa esa huella como retorno del Nombre del Padre en lo Real, en tanto que precisamente el Nombre del Padre está verworfen, forcluido, rechazado?; y si a ese título designa esa forclusión de la que dije que es el principio de la locura misma, ¿acaso ese «nombrar para» no es el signo de una degeneración catastrófica?”

* Luciana Varela es psicoanalista en La Pampa. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

[1] Mario Mendoza. FA_UNLPam- POR QUÉ GANA LA NUEVA DERECHA. EL MÉRITO COMO RECURSO SIMBÓLICO

[2]https://www.tiempoar.com.ar/encuesta-uba-democracia-jovenes/

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Scroll al inicio