PÍLDORA ROJA – por Gustavo Stiglitz

Psicoanalista en Buenos Aires

Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis

AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana

Píldora roja es una novela de Hari Kunzru [1], escritor británico, traducida al castellano por el escritor argentino Damián Tullio.

Se trata de la experiencia psicótica de un escritor norteamericano, que viaja con una beca al Centro Deuter para la Investigación social y cultural en Wannsee, suburbio de Berlín, con el objetivo de finalizar una investigación y escribir un libro.

Se plantean desde el comienzo elementos aparentemente sin relación, pero que generan una atmósfera de tensión.

El protagonista es anónimo. Podría ser cualquiera. El tema sobre el que se propone escribir es “El yo lírico”. No se sabe bien de qué se trata, pero evidentemente es una versión particular del yo. El Centro Deuter para la Investigación cultural y social, es una institución fundada y sostenida por un exitoso empresario industrial y está situado muy cerca de la casa en la que los nazis tomaron la decisión de llevar adelante la “solución final”.

Los becarios trabajan obligatoriamente en un ambiente donde todo es transparente, sin intimidad.

Anonimato, delirio del yo, concentración de riqueza, totalitarismo, panóptico, segregación y muerte, todo junto para la preparación de una situación explosiva.

Es muy interesante cómo, hacia el final de la historia, una vez estabilizado su brote psicótico y retomado su vida familiar, el protagonista establece una continuidad entre la locura, la suya, y la vida cotidiana.

“Píldora roja” es también una expresión de amplia circulación en redes sociales, sobre todo las que representan actualmente ideologías de extrema derecha.

Es lo opuesto a “píldora azul”, oposición que aparece en la película Matrix (1999, Lana y Lilly Wachowsky). El protagonista del film se encuentra ante la decisión entre tragar  la píldora roja – lo que le permitirá conocer la cruda realidad de un planeta devastado – o tomar la píldora azul y vivir en una ilusoria y cómoda ignorancia de lo real, producida por la Matrix.

La idea de base es que aquel que elige la píldora roja, ve la luz, la verdad de lo que pasa tras bambalinas. En las redes sociales, se trata de una luz más bien oscura, ya que parece que lo que se ve – al menos desde la extrema derecha – es que el mundo es controlado secretamente por los progresistas. Por lo tanto, “ver la luz”, lleva a todo tipo de teorías conspirativas que desembocan en movimientos de resistencia o revolucionarios, que hacen de la supremacía blanca, del odio a las minorías, a lo femenino, del insulto al oponente, del culto al individualismo y un terrorífico etc, sus bases para la acción. Son las características de los movimientos del tipo de la Alt Right.

Mientras que el que elije tomar la píldora azul, se entrega al adormecimiento del sentido.

La luz, la píldora roja, viene de – o lleva a – la derecha extrema.

¿Asistimos hoy en Argentina a una “epidemia de luz” causada por una sobredosis de píldoras rojas?

¿No parece una versión oscura -por más iluminados que parezcan – de la Ilustración?

De pronto se descubre que el estado regulador es pernicioso, que la concentración de la riqueza es buena para la economía de las mayorías, que lo heroico no está sino en relación con la acumulación del capital…

Volviendo a la novela de Kunzru, el protagonista hace un buen diagnóstico de lo que vivió, cuando su esposa, militante demócrata, invitó amigos a su casa para seguir por televisión las elecciones presidenciales que ganó Donald Trump.

“Observo a mi alrededor y noto la preocupación en las caras, la imagen del mundo que tenían hace unas horas se desmorona, esa idea de que el mundo era previsible y centrado y lógico puede que estuviera equivocada…descubro que nada de esto me sorprende en absoluto, que se siente apenas como la continuidad de todo lo que me estuvo pasando durante este año, como si mis pensamientos por fin estuvieran encarnándose.”

“…abro mi computadora y entro en uno de los foros de ultraderecha…hay muchísimas referencias al nazismo y a “las catorce palabras” (se refiere al slogan del supremacista blanco David Lane: “Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”)”.

El protagonista tiene la certeza de que “hasta ahora ha habido dos carriles o líneas de tiempo: la que vivían mi esposa y sus amigos, en que el futuro es predecible…mujeres y hombres que pueden planear cosas y ahorrar para su retiro, que llevan a sus hijos al colegio…Pero hay otro carril, oculto, en donde toda esta normalidad es una escenografía de papel pintado que tapa otra realidad sangrienta y atávica que emerge desde lo hondo de nuestra historia. De alguna manera, a través de mí, ese segundo carril contaminó el primero. Mi locura, esa por la que me medicaron, ahora se convirtió en la locura de todo el mundo.”

“Lo que los enardecidos (por la victoria de Trump) llaman realismo, no es más que una cínica demostración de fuerza…en su mundo la hospitalidad es un pecado mortal y la esencia de las relaciones humanas es la sujeción o la dominación”. 

Cuando un par de días después ve un joven con una camiseta que decía We Only Love Family, piensa: “una expresión de solidaridad con los suyos, nosotros contra el mundo, pero ese “only” me dio tristeza, era deprimente, una renuncia a un amor más grande. Hay un proverbio que dice: Un hombre solo es carne de lobo. Así nos quieren. Aislados como una presa. Tenemos que juntarnos. Tenemos que recordar que no existimos solos”.

Lo único real e irrenunciable para este escritor anónimo – lo que justamente viene a darle un nombre – es el amor por su mujer y por su hija.

Como no hay acceso a lo real si no es por medio del semblante, cada efecto “píldora roja” engendra su propio efecto “píldora azul”. 

El problema es cuando los significantes que produce la píldora azul son rígidos y vacíos de sentido. Así, los efectos rojo y azul, lo real y el sentido, se superponen y se acabó la dialéctica: “es así carajo”. Y punto.

Eso genera una masa de sujetos solos, aislados, pero aparentemente ligados compartiendo el odio y el goce de la segregación, que, sabemos, son un auto odio y una autosegregación, de lo más íntimo.

Todo acontecimiento de la vida social, debe ser leído y eso implica un efecto de píldora azul, una ficción.

¿Habrá algún laboratorio que produzca píldoras de mejor calidad, que hagan barrera a que los “iluminados” tomen los significantes sueltos de lo más oscuro de la pulsión, por su delirio de sentido?

[1]Kunzru, H. Píldora roja. Caja negra editora. Buenos Aires. 2023

*Fotografia seleccionada por el editor del blog

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