Outsiders

Mariana Pecchio*

  El término Outsider “identifica algo en la periferia de las normas sociales, alguien que  vive aparte de la sociedad común o alguien que observa un grupo desde fuera”[1]. En español;  forastero, alien, extranjero se proponen como sinónimos. Algo se presenta como Otro en la escena de lo comunitario que nos era conocido, produciendo efectos de perplejidad, extrañeza, amenaza. ¿De dónde viene? Es familiar y extraño al mismo tiempo,  reconocemos en estos rasgos lo que caracteriza a lo siniestro.  

  Para Freud no hay una pulsión social originaria, sino que el odio y el egoísmo son lo  primario; de ahí que las comunidades humanas puedan fundarse en la cesión de estas  tendencias mediante lazos de amor; de la misma manera que el odio puede aglutinar  conjuntos organizados.

  Si Milei es capaz de resonar en muchos y no en unos pocos es que, por su condición de  outsider encarna el monstruo en cada quien; esa porción forcluida del Yo (Real Ich) no  reconocida, expulsada de uno mismo, ajena. El herrumbre de un odio antiguo reverbera en  sus palabras, no son pocos los que celebran.

  Si resuena es también, porque Otra cosa que el lazo social tal como lo conocemos,  produce conjuntos heterogéneos respecto del significante a la vez que profundamente  homogéneos en cuanto a un cierto modo de gozar.

  Sin necesidad de programa o de discurso, las redes, los foros, las múltiples conexiones de  lo virtual funcionan como conductores en tiempo real de un mensaje donde el minimalismo  de algunos pocos significantes, basta para causar reacciones de afecto; “emociones” en el  lenguaje de la época que, al modo del impulso eléctrico, pegotea individualidades en una  experiencia de goce… digital.

  Al modo del flujo y reflujo de las olas, vemos aparecer  avanzar, atenuarse y resurgir de una geografía a la otra, un totalitarismo autoritario de consignas profundamente regresivas. 

  Parecen encender la adhesión _no solo pero en un amplio porcentaje_ de jóvenes varones,  nativos digitales, desorientados o reactivos al derrumbe del orden patriarcal, en especial en  lo que concierne al sexo; precarizados o marginados ante un futuro en el que cuesta  proyectarse, empujados a experimentar satisfacciones que no admiten pausa, pensamiento o espera alguna. Los vimos formar milicias evangélicas en la región, los vimos con sus  grotescos disfraces profanar el Capitolio de los Estados Unidos, los vimos vandalizando el  Planalto ante un resultado electoral adverso en el Brasil más reciente. Los vemos  desencajados, vociferando consignas que reivindican la violencia, el odio sin más del  semejante, en nuestro país. 

  Si el inconsciente es la política y la realidad no es más que el sueño que soñamos juntos,  es necesario restituir la dimensión ética del soñante, del inconsciente. Urge frenar la  embestida de un Otro autoritario y vociferante en defensa de los semblantes que hacen  posible la vida en común, el tratamiento de lo outsider de cada uno.

*Mariana Pecchio es psicoanalista en Córdoba. Adherente del CIEC. Participante del nudo La patria del sinthoma

Fotografía seleccionada por el editor del blog.


[1] https://es.m.wikipedia.org

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