NOTAS SOBRE LA “DERECHA ESOTÉRICA” – por Carlos Trujillo

Practicante del psicoanálisis

1. Hace tiempo trabajé sobre ideología y psicoanálisis, en particular el vínculo de las izquierdas con el cristianismo. La historia argentina ofreció ejemplos como Montoneros, que leyeron a Marx desde el Nuevo Testamento. En la clínica aparecía esa marca: pacientes sacrificados por las banderas, sostenidos en lo que llamé una pasión de Ideal. Sujetos que, en el afán de encarnar la causa, terminaban crucificados por sus propios romanos.

2. Hoy el foco parece correrse. El sacrificio por el Ideal da paso a otro fenómeno ligado a la endeblez de la democracia, a la obsolescencia del neoliberalismo como gestor del capitalismo tardío y al retorno de una señal —la del fascismo— que vuelve a encenderse en Argentina.

3. La expresión “derecha esotérica” circula en ámbitos académicos y políticos. Godwin distinguía un ocultismo de derechas y otro de izquierdas[1]. Hanegraaff ubicó un “ocultismo de la derecha” en el tradicionalismo católico tras la Revolución Francesa[2]. En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner advirtió que el gobierno de Javier Milei encarna una “derecha esotérica”: mezcla de ultraliberalismo con tarot, gurúes y religiosidad.

4. Esta derecha coagula sentido en tiempos de naufragio del discurso capitalista. Ya no se sostiene en ideales colectivos, sino en pastiches de misticismo y paranoia que prometen un orden desde un “arriba” inhumano y persecutorio. Casos regionales lo muestran: López Rega y su Astrología esotérica[3]; la influencia de Guénon[4] y Evola[5]; grupos brasileños como Nova Resistência, inspirados en Dugin[6]; y El Yunque en México[7].

5. Un hilo común recorre estos ejemplos: todos apelan a un “afuera” trascendente para legitimar la política. Sea en la astrología de López Rega, en la Tradición de Guénon y Evola, en la geopolítica vitalista de Nova Resistência o en el misticismo de El Yunque, la política no se apoya en el contrato democrático sino en una autoridad invisible. Esa apelación a lo sobrenatural disimula la violencia bajo el aura de lo sagrado.

6. El discurso capitalista, en su circulación inagotable, produce intentos de fijación. Caídos los ideales, con una izquierda melancólica, la derecha esotérica busca tan atrás en la tradición que convierte el “atrás” en un “arriba”: desconectado de los vivos, sostenido en fuerzas inhumanas.

7. La lectura de Canetti sobre Schreber ilumina: “El dios de Schreber no es todopoderoso; es un dios menguante, que se sostiene solo en la medida en que Schreber lo necesita, y por eso debe acosarlo sin descanso”[8] . Ese dios que lo somete desde arriba, ajeno al mundo de los hombres, sirve de prisma para leer la escena actual. Freud señaló que los paranoicos buscan defenderse de la sexualización de las investiduras sociales[9]. Lacan, en su Seminario 3, subrayó que toda investidura social es, en última instancia, libidinal.

8. En este marco, la política se vuelve escena fantasmática donde el pueblo aparece reducido a un cuerpo de goce para el Otro, sometido a un vínculo impuesto desde lo alto. La imposibilidad de la relación sexual se dramatiza como cópula forzada: no hay contrato simbólico posible, solo violencia de un comercio sin consentimiento. De allí que imágenes de violación o abuso ritualizadas capten la imaginación esotérica, condensando la sensación de un orden persecutorio que no funda comunidad sino que la desgarra.


[1] Godwin, Arktos (1994).

[2] Hanegraaff, Esotericism and the Academy (2012)

[3] López Rega, Astrología esotérica (1976).

[4] Guénon, La crisis del mundo moderno (1927).

[5] Evola, Rebelión contra el mundo moderno (1934)

[6] Dugin, Fundamentos de geopolítica (1997).

[7] Blancarte, El Yunque en México (2012).

[8] Canetti, Masa y poder (1960/1981). P. 472.

[9] 1911/1913, p. 58

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