Nada es más enloquecedor que lo que no se espera – Alejandra Glaze

Alejandra Glaze es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Editora de Grama ediciones

Nada es más enloquecedor que lo que no se espera. Y frente a la sorpresas del surgimiento de Milei al tope de las preferencias, debe inquietarnos la pregunta acerca de si la carta llegó a destino.

Estamos frente a una encrucijada. Los años han revelado un desencanto palpable frente a la política. Falta de representatividad, percepción pública en declive, desgobierno e inestabilidad, y una poderosa incapacidad para resolver todo tipo de conflictos, con la consecuencia de polarización y máxima división. Así se ha labrado el camino para que figuras hasta ahora consideradas marginales cobren protagonismo.

Detrás de estos síntomas emerge una profunda crisis de confianza. No es solo sobre los políticos o las instituciones; es sobre el contrato social que ha sido roto. Hanna Arendt, al hablar sobre la república de Weimar, ya advertía cómo las masas, sintiéndose alienadas, se convierten en el campo fértil para ideologías más extremas. El deseo de pertenecer, el anhelo de un propósito, puede superar a veces nuestra aspiración por libertades individuales y bienestar material. Es cierto que frente a la falta de derechos básicos, ya no se puede perder nada, y fuertes consecuencias pueden provenir de esta desesperanza: la servidumbre voluntaria es su horizonte.

Por otro lado, la capacidad de ciertos sectores para moldear la realidad creando un universo paralelo donde la historia y los hechos son flexibles, en un tono francamente delirante, es un arma poderosa que no debe ser subestimada.

En este contexto, el resultado del próximo domingo será un reflejo del estado de nuestra sociedad frente a la sorpresa de la aparición en primera fila de un discurso que creíamos muy menor en nuestro país, y de lo que esperamos para el futuro.

Debemos ser cautelosos. Es vital reconocer la necesidad de edificar sobre pilares sólidos de respeto, diálogo y, principalmente, que no ignoren la historia que nos ha marcado a fuego. El domingo se definirá, o podremos avizorar, en qué país viviremos frente a un horizonte mundial incierto, cada vez más incierto, que debería tener como brújula el bienestar de todos y no solo de unos pocos, evitando discursos segregativos, violentos y abiertamente totalitarios.

No permitamos que la desesperanza de algunos defina el destino de todos. Contagiemos esperanza, pero una basada en acciones concretas y decisiones bien informadas. La historia nos juzgará no por las crisis que enfrentamos, sino por cómo respondimos a ella. No permitamos que nuestra época sea una página oscura del próximo libro de historia.

Fotografía seleccionada por el editor del blog

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