Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis
AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana
Adherente al CIEC
Participante del Nudo La patria del sinthoma
“El psicoanalista tiene que hacer una pausa para no dejarse sugestionar… para no dejarse llevar precisamente cuando todo va muy rápido”
Ésta cita de Jacques-Alain Miller en la primera clase de su Curso “Todo el mundo es loco”(2007-2008), hace referencia a que es algo parecido a lo que ocurre con las alteraciones atmosféricas como los tifones o huracanes y ubica lo que está en el centro que es llamado “el ojo de la tormenta”. Pensemos que es una expresión común aludir al ojo de la tormenta, a estar situado en ella, que es como estar en el centro de algo convulsionado.
Tomando esta figura, Miller propone al psicoanalista que cuando algo se desencadena, hay que estar calmo, muy tranquilo, ubicado en el ojo.
También considera que si no está muy situado en su práctica en la posición de desapego recomendada para su función, puede quedar hipnotizado, capturado por el discurso del analizante.
“Los tiempos que corren”, expresión que usa al inaugurar el Curso y desplegar esta reflexión, agrega que, además, “los tiempos corren”. En parte porque aumentó la velocidad de la rotación de la Tierra -él lo señala-, pero hace hincapié que también hay cuestiones metapsicológicas que superan a la psicología, y que se trata de otro movimiento que sí nos compete más directamente, que es el movimiento de la civilización, con la pregunta acerca de qué la aceleró. Propone aquí que se dió en la civilización un momento de desear lo nuevo, que también es una función temporal que no dura mucho, porque también se acelera y lo constatamos con cualquier objeto del mercado y más, lo verificamos en las demandas que los sujetos traen a nuestros consultorios.
Tomando esta propuesta, y si hacemos una pausa y nos ubicamos en el centro, en el ojo de la tormenta, la que sea, sin dejarnos hipnotizar por ella, captaremos que hoy la aceleración y el empuje a lo nuevo ha atomizado a las sociedades, las ha disgregado. Empuja al individualismo, y va produciendo restos humanos y de objetos, va cambiando los valores donde lo humano, la solidaridad, la moral, los lazos afectivos ya no son sólo más livianos o banales, también más tensos. Constatamos que cual apuesta, hay quienes encuentran en este concierto, la forma de dominar voluntades.
Melissa hoy, en otro momento El Niño, La Niña, Katrina, arrasaron poblaciones, territorios, fueron de un país a otro, aniquilaron valores, en fin…
Considero como psicoanalista, como ciudadana, como mujer, que es momento de ubicarme con calma en ese ojo del huracán en la civilización, para leer su comportamiento, su derrotero, sus efectos por donde va y sus consecuencias.
La naturaleza es imprevisible e incontrolable en sus consecuencias, aunque los científicos nos ofrecen evidencias de sus ciclos que permiten, estimativamente, avizorar lo que puede venir, por lo que se pueden tomar algunas precauciones, algunas veces, y reducir los riesgos y los efectos.
El factor humano que se juega en esas instancias, permitirá morigerar su rumbo y sus consecuencias. Ese factor, que nos compete, su eficacia en la ocasión, dependerá si está distraído o advertido, expectante, o si niega las advertencias y/o evidencias. Aunque si se ubica con calma en el ojo de Melissa, con desapego, operará con responsabilidad según el lugar que le cabe .
Podemos usar esta figura, en las circunstancias actuales en la sociedad, donde no es la naturaleza la que juega su partida.