Florencia Menseguez*
El resultado de las elecciones de las PASO, del pasado domingo, terminó de confirmar lo que viene siendo una tendencia a nivel global, donde efectivamente la extrema derecha hace rato es una realidad en otros países y Argentina no sería la excepción.
Pero las cosas no empezaron para nosotros el domingo pasado, hubo signos antes, fuertes y claros de que la derecha en la Argentina iba tomando otro color. Por ejemplo, las manifestaciones en plena cuarentena de los grupos “Anti” (vacuna, barbijo, salud, etc) y otros tantos ejemplos más, que fueron conformando el odio como un arma política.
Está demostrado y dicho de todas las maneras, que cuando la derecha pasa a una práctica, fundada en ese odio, donde un sujeto, como Milei, instrumentaliza el sentimiento de frustración, de hartazgo, de un sector amplio de los argentinos, ejercerá esa práctica, contra grupos minoritarios, débiles y vulnerables (planeros, empleados públicos, científicos vividores del estado, feministas, etc.) Convirtiéndose en un fascismo de la ultraderecha. Violento y peligroso.
Lo notable y sorprendente, es cómo los jóvenes, en su gran mayoría, acompañan y votan este discurso. Encarnado en alguien que promete más exclusión, para quienes, como los jóvenes de hoy, se sienten atrapados en un sistema de explotación y precarización.
Se da en ellos algo exactamente al revés de lo que sucedió en el año 2001 en la Argentina, donde los jóvenes se movilizaron, en protestas masivas en las calles, contra los efectos de las políticas de ajuste neoliberal.
La búsqueda a la salida de ese momento, tuvo como consecuencia, que la política tomara para ellos, otra forma, que permitió cierta sutura, en las heridas de aquel momento del tejido social.
Hoy en cambio, son los mismos jóvenes los que adhieren e impulsan las propuestas a la derecha de la derecha. Hay un cambio de signo, hay en ellos una disposición reactiva, frente al sistema político, sí, pero especialmente frente a la democracia. No creen que esta democracia contenga las respuestas a sus problemas e intereses. Entonces prefieren como dice Nicolas Tereschuk, en la Repetición de los ciclos políticos, “no mirar, no preguntar y desplazar el odio hacia el vecino de abajo”.
Aún, hay un tiempo hasta octubre que serán las elecciones presidenciales definitivas, un campo como dice Jacques Lacan, en souffrance, en suspenso, en espera de lo que pueda allí definirse, que es la defensa de la democracia y el Estado de derecho y la posibilidad de decir que NO.
*Florencia Menseguez es psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Adherente al CIEC
Fotografía seleccionada por el editor del blog.