LAS REDES SOCIALES Y LA CONECTIVIDAD- Por Graciela Ruiz

Participante del núcleo temático de incidencia: Cuerpos, soledades y redes sociales.

Miembro de la EOL y la AMP

Hace 15 años, internet nos sacaba del mundo real. Ahora el mundo real nos saca de internet” [i]

La hiperconectividad se califica rápidamente como una adicción pero razonablemente se dice “la tecnología no es una droga”[ii]. Nuestras vidas están tan atravesadas por la conectividad que valorar como adictivo su uso no aporta nada, solamente la sanción moral y una aspiración imposible de realizar: “aléjense de las redes”

Pero, no se puede negar que existe una “pegajosidad”[iii] de la que no es fácil escapar. ¿Qué es lo que produce esa adherencia, esa tendencia a permanecer conectados? ¿Cuál es la causa? No es una sola. Partamos del reconocimiento de que las redes sociales se vuelven idénticas a “lo social”. Por el aburrimiento, la soledad y el interés de salir de nuestra propia realidad nos entregamos a que el espacio “tecno social” nos sorprenda. Es una entrega sin riesgos, anónima, manejada a discreción, sin otros cuerpos en dimensión real, internet es un espacio donde reina la impunidad. Una vez conectados se desata el frenesí metonímico, siempre hay algo más por ver. No hay punto de capitón. Finalmente lo que queda es el sentimiento de pérdida, esencialmente de tiempo. La conexión puede definirse como “un distanciamiento de corto plazo de la inmediatez circundante durante el cual el contacto con la realidad se difumina”[iv] y hay un repliegue posible en la fantasía.

El algoritmo nos devuelve nuestro propio mensaje en forma invertida, aunque no se trate de un mensaje articulado por el lenguaje de manera explícita. Los datos que el algoritmo ordena dependen de un procedimiento constante atento a cualquier movimiento, cualquier acto, clic o deslizamiento. Los datos no se producen conscientemente.  

Cuando Malena Pichot es interrogada sobre su maternidad, relata que su algoritmo insistía con enviarle monitos vestidos, ante lo cual un amigo le dice, vos querés tener un chico. Y así fue. Una sujeto comenta que el algoritmo le hace ver todas las escenas de películas en las cuales la mujer descubre a su marido con otra mujer, no puede ignorar el goce en la humillación y en la venganza que para ella originan esas escenas. Una forma sutil del goce autoerótico del objeto técnico.[v]

El algoritmo da a ver el deseo, da a ver el fantasma, da a ver la ideología, da a ver la modalidad propia de goce.

Hace 15 años internet nos sacaba del mundo real, ofrecía un acceso democratizado transversal que ingenuamente creímos como una verdadera revolución. Lejos de eso se acentuaron más las jerarquías, el poder se concentró y para peor ya no es ubicable.

El Otro no existe pero “hay Otro que funciona regido por la Técnica y el Capital y que ha alcanzado un orden capaz de subsumir a los cuerpos y a las subjetividades en la forma de mercancía”[vi]

Más allá de las descripciones generales en torno a los efectos de la conectividad a las redes solo podemos alcanzar nuestro verdadero interés en la singularidad de su uso de acuerdo al pathos del sujeto.


[i] Lovink Geert “Tristes por diseño” Editorial Consonni pág 65

[ii] Op. cit. Pág 17

[iii] Op. cit Pág. 51

[iv] En .wikipedia.org/wiki/Daydream. Citado por Lovink Geert Pág.74

[v] Alemán Jorge. Soledad: Comun NED Ediciones. Pág 45

[vi] Op. cit Pág.46

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