La libertad arrasa

Gisèle Ringuelet*

A nivel planetario estamos inmersos en una inducida política del miedo en pos del bien común, un “bien común” que precipita a cuidar –cada vez más– el propio pellejo individual y no tanto el de los otros.                                                                                                                               

En Argentina, con el regreso del sistema democrático hubo expectativas de un país más justo regido por las leyes constitucionales, hubo esperanza, alegría, pero éstas fueron decayendo con el transcurrir de los años.                                                                                              

En los noventa surge con más virulencia la política del espectáculo que ahora, en otro contexto, se abre camino con slogans que impactan a algunos ciudadanos.

“La libertad avanza” es el slogan que distingue a los denominados “libertarios” de otros partidos políticos, de “la casta” que gobernó las últimas décadas nuestro país. Pero ¿cuál es la libertad que enarbolan? ¿Es la libertad de derogar derechos adquiridos en las democracias que tuvimos? ¿Es una libertad que se separa de las leyes prescriptas en la Constitución Nacional?

Es sabido que las leyes no reflejan ni abordan las diversas realidades de un país donde la pobreza se acrecienta y las posibilidades de una educación y salud pública se desvanecen. Ahora bien, ¿cómo salir de este atolladero en el que estamos insertos?, ¿destruyendo lo que hay para dejarlo en manos de las leyes del mercado que deciden con evaluaciones de lo que es rentable o no a corto plazo?, ¿o recreando con los restos que aún quedan un estado que acoja la riqueza cultural y natural que todavía tenemos, un estado que mantenga políticas publicas más allá de los partidos políticos que gobiernan en diferentes períodos de la historia?

Javier Milei es trampista, es decir, allegado a las ideas de Donald Trump, pero a diferencia de este último Milei gobernaría un país “en desarrollo”, situación que provocaría consecuencias inimaginables en la economía de los goces. ¿Las personas con apremios económicos venderán sus órganos para saldar sus deudas ya que podrían valer más que su propio trabajo?

Debemos estar advertidos – como indica Miller (1) – de las paradojas que esa “libertad” acarrea y actuar en consecuencia promoviendo discursos y hechos alternativos a las chicanas políticas que, como queda en evidencia, llevan a lo peor; a una libertad delirante que arrasa las particularidades y desoye aún más las singularidades.

*Gisèle Ringuelet es psicoanalista en La Plata. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

  1. Jacques-Alain Miller: “las paradojas de la libertad”, Zadig N 4, agosto 2023.                          

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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