Participante del Núcleo de incidencia: «Cuerpos, soledades y redes sociales»
Practicante del psicoanálisis
Magíster en Teoría Psicoanalítica Lacaniana
En los encuentros del núcleo sobre “Cuerpos, soledades y redes sociales”, trabajamos, entre otras, la idea que propone Sadin respecto a la fijación de los cuerpos.
Se parte de una confusión actual entre los flujos de la vida y los flujos digitales, para preguntarnos por el cuerpo que peca de intermediario ante el uso tecnológico. Desde el dedo que hace el click y el ojo que capta las imágenes, hasta la espalda, piernas y brazos que adoptan una postura frente a lo que se consume a través de las pantallas, se arma una predisposición corporal que se acomodaría a lo digital, llegando incluso a hacerse su extensión. Pero ¿estamos ante la ilusión de una fusión? Existe una cercanía física con el objeto, en la que sin embargo late una separación fundamental. Lo vemos por ejemplo en los cuerpos que rechazan un implante, un “eso falla” que insiste.
El autor va a hablar de un “fenómeno de circulación” más que de una incorporación de la técnica al cuerpo. Es una circulación paradójica, ya que es lo infinito de un movimiento que propicia a su vez una quietud, una dependencia: el objeto tecnológico no podría vivir sin el sostén que le brinda nuestro cuerpo, ¿y viceversa?
Dice Sadin: “es la era del integralitarismo digital. Es decir, el hecho de ver, en un registro cada vez más variado de campos, el curso de nuestra vida cotidiana perfectamente balizado” [I]. Se advierte entonces un uso de balizas como forma de detención, de fijación de los cuerpos, quizás como un intento artificial de domesticación de la pulsión.
En esta línea, pareciera que mientras más hacemos cuerpo con la técnica, más imposibilitado se ve nuestro movimiento. No obstante, ello no quiere decir que no haya efectos, ya que reconocemos que el cuerpo queda afectado, y que, si bien hay una injerencia de las plataformas en los vínculos en general, aparecen resonancias singulares en la relación con el propio cuerpo.
Frente a esta especie de sedentarismo, no hay dudas que cuando se está conectado, se lo está con el cuerpo. Por ende, el desafío para el psicoanálisis tal vez sea sintomatizar la conectividad y el uso de las redes, como un modo de experimentar, cada vez y en la medida de lo posible, un cuerpo sin tanta desconexión.
[I] Sadin, E. La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Ed: Caja negra (2024:23).