Incesante devenir de lo nuevo – Por Mariana Torres Jiménez

Practicante en Salta Capital

Asociada a la EOL Delegación Salta

Este texto surge como resonancia a partir de la entrevista llevada a cabo por la movida Zadig, la patria del síntoma, a Daniel Salas, titulada “Empatías químicas en la trama social”.

A lo largo de la entrevista, Salas desarrolla una serie de ejes de gran interés. En particular, resulta significativa la distinción que establece entre las sustancias convencionales y las nuevas, no solo en términos químicos, sino también a nivel social. Comienza con un recorrido histórico respecto del uso que se hacía de las sustancias a nivel cultural. En la actualidad, las modalidades de consumo se orientan más bien hacia una lógica mercantil en expansión, al consumo solitario, con el permanente devenir de lo nuevo, en la búsqueda de experiencias cada vez más intensas.

A mi entender, esta lógica no se limita al campo del consumo de sustancias, sino que se extiende a diversos ámbitos de la vida contemporánea, entre ellos, las redes sociales. Un ejemplo de ello puede observarse en el fenómeno del “trending”: los contenidos en tendencia puede tener una alta repercusión, aunque de carácter marcadamente efímero; rápidamente se reemplaza por nuevos contenidos. Todo aquello que se ha inscripto se vuelve historia, deja de ser un producto de consumo.

¿A qué se debe este pasaje constante entre lo viejo y lo nuevo? Desde mi perspectiva, este devenir incesante de lo nuevo puede pensarse como efecto del desfallecimiento del orden simbólico.

La distinción que Salas introduce en los primeros minutos de la entrevista me llevó a interrogarme sobre el modo de gozar en los sujetos contemporáneos: sujetos que consumen drogas experimentales, en ocasiones producidas por un experimentador, de las cuales no se sabe qué efectos generan, que no se encuentran bajo ningún marco de regulación. Al ingresar estas sustancias a un marco regulatorio, a mi entender, ya no serían tomadas como objetos de goce, ya que entrarían en la maquinaria del lenguaje y, al hacerlo, surgiría la repetición de ese modo de gozar con una sustancia particular.

A partir de la escucha de la entrevista, me interrogaba si en la actualidad se podría pensar un modo singular de gozar que resista a inscribirse y enlazarse al S2 del lenguaje, en el cual no se lleve a cabo una elaboración de saber.

Esta reflexión me remitió al curso de Jacques-Alain Miller “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”. En el apartado sobre lo real y el semblante, Miller plantea que la significantizaciónlleva a cabo dos operaciones: una es la elementalización y la otra la legalización de lo real, dos operaciones que elevan lo real a la calidad de significante. A mi entender, se produce la primera de estas operaciones, pero cuando entra en juego la segunda —aquella en la que lo real es atrapado por el saber—, deja de ser un producto para el goce.

De este modo, se persigue entonces la experiencia gozosa en sí misma, llevando al límite el cuerpo como organismo, produciendo tolerancia pero no dependencia respecto de una sustancia particular, sino más bien de nuevas experiencias a secas: sin sentido, desreguladas, deslimitadas.

Cabe entonces preguntarse si es posible pensar estas modalidades como modos de gozar sin inscripción significante, modos de gozar del Uno, en los que no se produce el anudamiento entre los registros. Se trataría así de un devenir constante e incesante de experiencias de goce, vivenciadas en el cuerpo del parlêtre, que rechazan una elucubración de saber sobre ese modo de gozar.

Referencia bibliográfica

Miller, J. A., “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”, Paidós, Buenos Aires, 2008.

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