Por Luciano Debanne.
Comunicador social y escritor cordobés.
Andamos en estampida con el dedito desenfundado, acusando a fulano y cacheteándonos entre propios. El zafarrancho de combate está desordenado y así no va a funcionar.
No siempre el que más se mueve es quien más hace. Mire sino al perro ese persiguiendose la cola. O aquel corredor principiante que no sabe regular la energía y gasta todo sin poder llegar.
Como dicen los bomberos, conservar la calma, no entrar en pánico, no empujarse y buscar la salida más cercana.
Si usted es parte de una tropa regular, repórtese. Ahí le darán las indicaciones del caso. Y le desearan suerte.
Si anda lejos de la comandancia, arme su montonera, y tacuara en mano salga a patrullar. Cada quien es baquiano en su territorio, para qué meterse en rodeo ajeno. Seguro que ahí en lo suyo hay una tarea que va a sumar.
Si identificó al adversario, proceda. En ese trajin, recuerde que siempre es bueno quedarse con el quiero más que salir de arrebato a boquear. Y a veces se gana aunque la mano no sea buena, depende de la pericia al jugar.
Como en el TEG, recuerde lo que dice su tarjeta. No se deje ganar por el juego del resto, ni batalle con cualquiera solo por el gusto de pelear.
Tire una idea, sume un argumento, aporte un punto de vista que no está, explique con ánimo de ser entendido, no de demostrar erudición.
No discuta con los propios, ni tampoco se ensañe con ajenos. Las razones sedimentan. Si usted agita demasiado el agua, todo tarda más en bajar.
Recuerde que en las redes somos todos foristas, diletantes, gente conversando en un bar. Todo lo que escriba debe ser susceptible de tener signos de preguntas al principio y al final. A todo lo que lea agreguele los signos también.
Nadie acá expone una verdad grabada en piedra, ni da una clase, mucho menos ordenes. No funcionan así estos lugares, salvo para muy pocas personas dignas de ser obedecidas donde quiera que hablen. Usted no es una de ellas.
No sea pedante, sectario, gil.
Escriba como le hablaría a una persona que tiene al frente. Alguien que podría darle una buena cachetada si se pasa de vivo.
Converse como comiéndose una picadita con vermú.
No siempre el que busca encuentra. A veces es como esas palabras que uno tiene en la punta de la lengua y mientras más fuerza hace para recordar, menos sale. Por momentos hay que dejar que todo transcurra y ahí de repente, de manera impensada, aparece el encuentro.
La desesperación y el miedo se huelen a la legua. A nadie le gustan los desesperados, no suelen ser gente a la cual seguir. Tampoco los miedosos.
Confíe en su argumento, convidelo como un mate. Habrá a quienes le cabe más dulce, o más amargo. A lo sumos le dirán: no gracias.
Puede pasar, pero solo los miserables desprecian algo que se ofreció con respeto y amor.
Aunque a veces parezca lo contrario, no hay tantos miserables en el mundo. Confíe.
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Fotografía seleccionada por el editor del blog.