Experiencias sin cuerpo, conexión sin lazo – Por María Micale

Analista practicante en Ciudad Jardín, El Palomar, Bs. As.

El consumo de sustancias se ha extendido, sobre todo entre los jóvenes. En la entrevista “Empatías químicas en la trama social”[1] Daniel Salas ilustra el cambio de paradigma respecto de consumos de otros tiempos. Lo nuevo es que las sustancias entran en la lógica del mercado actual: potentes, rápidas y en mutación constante. Estas características pueden estar referidas a cualquier producto que se quiera comercializar hoy, incluso en el campo de la salud mental. La dictadura del plus de gozar que impone el mercado devasta la naturaleza, modifica la relación con el cuerpo y hace estallar los lazos.

Una joven dice en el consultorio que frente a las malas vibras de algunas personas, las Pasti, además de la intensa experiencia en el cuerpo, el calor y las ganas de bailar, hacen que en las fiestas todos sean amables, que todos se integren.

Surgen entonces al menos, dos interrogantes.

¿De qué se trata esa experiencia en el cuerpo?

Como Lacan nos enseña en el Seminario 23, “uno tiene un cuerpo, no lo es en grado alguno”[2], pero para eso tiene que haber algo de la palabra encarnada, asociación que no va de suyo. Hace falta el eco de una palabraen un cuerpo que permita una satisfacción. Cuando la palabra no hace marca, pareciera que las sustancias son una manera de lograr una experiencia de goce, apuntando directamente al organismo. Silenciosas adormecen a los sujetos y los conducen a una entrega sin límites a la oferta de drogas sintéticas asociada con la pulsión de muerte.

Estas conexiones químicas, ¿son la evidencia del profundo deterioro en los lazos?

En la actualidad la palabra está devaluada, ya no tiene el peso, la encarnadura que tenía en la época en donde el Nombre del Padre era un significante que limitaba el goce, un semblante en el que se creía. Hoy, la increencia en los semblantes deja al sujeto sin velo frente a lo real. Allí surge la desconfianza hacia el semejante, tierra fértil para la paranoia cada vez más presente en lo social. Las conexiones químicas provocadas por las drogas son la evidencia de que no se trata ni del amor ni de la inserción de estas prácticas en la cultura. Dicho de otro modo, no se trata de “lo que atempera lo imposible de soportar”[3].

Conexión no es lazo. El lazo es el intento entre los seres hablantes de hacer algo con el goce del cuerpo que no entra en sintonía con el goce del cuerpo del semejante, una forma de hacer con el otro a pesar de la diferencia absoluta, irremediable e incurable. Es en el espacio de un análisis donde se pone en juego esa diferencia.

Frente al avance del capitalismo plus ciencia, como lo llamó Miller, donde reina el Uno solo del goce es necesario que el discurso psicoanalítico se inserte en lo social y en lo político.

Los analistas y practicantes del psicoanálisis tenemos el desafío de hacer valer nuestra posición ética en distintos ámbitos de la sociedad. Apostar al psicoanálisis como único discurso que no rechaza lo real, sino que lo incluye para que la potencia del síntoma singular permita una defensa más digna.


[1] Agradezco a Silvia Baudini y Jorge Castillo por la iniciativa para establecer intercambios con otros discursos mediante la entrevista “ Empatías químicas en el lazo social”, publicada en este blog La patria del sinthoma. Enero, 2026. Recuperado en https://lapatriadelsinthoma.wordpress.com/2026/01/08/empatias-quimicas-en-la-trama-social-entrevista-a-daniel-salas/

[2] Lacan, J.(1975-1976), El Seminario, Libro 23, El Sinthome, Editorial Paidós, Bs. As., 2018, p. 147.

[3] Miller, J. (1984), Matemas II. Lacan clínico, Editorial Manantial, Bs. As, 1988, p. 127

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio