EL LOBO DE LOS LIBROS – Por Valentina Minieri

IOM3 Delegación Ushuaia

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Ayer un libro, mañana otro. Novelas, ensayo. Por ahora, todos escritos por mujeres. El gobierno denuncia públicamente sus contenidos y que estén al alcance de los adolescentes en las bibliotecas de secundaria, reeditando además el ataque sistemático a los libros que, viviendo en democracia, algunos creíamos perimido.

Dice la autora de uno de ellos: “Si tienen un hijo que está creciendo: la escuela tiene que abrir el espectro (…) a esos niños, esas niñas, esos adolescentes, porque eso es protector, les da la oportunidad de poner palabras a las cosas que les preocupan y no saben cómo decir y les da la posibilidad de poner distancia con esas cosas a través de la ficción.”[1] “Ruego a las madres, a los padres, a las familias, que no se hagan eco de esta antigua trampa (la censura) que no hará sino empobrecer la experiencia de los chicos y las chicas, además de dejarlos desprotegidos frente a los desafíos que se les presentan o se les presentarán tarde o temprano”.[2]

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“Se les presentan o se les presentarán”.

Perrault lo ha escrito en los versos finales de Caperucita Roja, en los que advierte que la adolescencia corre un gran riesgo, “especialmente las señoritas”, si oye al lobo que, mañoso, paciente y zalamero, la hará su presa. Éxito editorial ininterrumpido desde 1697 porque, lejos de ser una historia anodina, el cuento presta ficción a ese lado del otro, ese Homo lupus homoni tan bien invocado por Freud en El malestar en la cultura que ve en el prójimo la tentación para “…satisfacer en él la agresión,(…) usarlo sexualmente sin su consentimiento, (…), humillarlo, infligirle dolores (…)”

Se podría prohibir Caperucita. Perdón; no es buen momento para hacer esos chistes.

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“Desprotegidos frente a los desafíos”

El ataque de hoy se dirige puntualmente a textos referidos a la sexualidad, pero no es raro que se ataque a la literatura que relata escenas de sometimiento y violencia, de muerte, ya sea por enfermedad, asesinato o suicidio (o sea, toda la buena literatura). Expresa el rechazo propio de una subjetividad que no puede tratar con las ficciones necesarias. Claro que La cerillera de Andersen, el cuento de la niña que muere de frío en la noche de una ciudad que le da la espalda, es enormemente triste. Pero esa crueldad y esa indiferencia están ahí en la noche de la ciudad. Disney lo entendió hace mucho y nos arrojó de un segundo a otro a la orfandad de Bambi, así como hay más muertes y más huérfanos en sus filmes que en el resto.[3]

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“Poner palabras a las cosas”

Además y fundamentalmente, las ficciones ofrecen un soporte a la pulsión, una trama simbólica, una imaginarización posible. Su lugar es segundo respecto de un goce que nos parasita desde que llegamos a este mundo de lenguaje. Gérmenes de la pulsión sexual, observaba Freud, se manifiestan desde el comienzo mismo de la vida humana.

El mito responde por un punto en el cual desfallece el saber por estructura, el punto de origen, pero no solamente. Mitos y cuentos tradicionales, cuyas formas permanecen atravesando los continentes y los siglos, así como la mejor ficción de autor, lidian también con ese otro agujero, el de la pulsión. Ocupan, por lo tanto, un lugar equivalente al del fantasma (o la fantasía inconsciente en Freud) pero en la cultura.

Por eso las buenas ficciones no son banales ni edulcoradas. Con intuición propia de escritor genial, decía Borges que no sentimos horror porque soñamos con la esfinge; soñamos con la esfinge por el horror que sentimos.

La pulsión es un lobo del que no podremos huir. Mejor empezar por contarle un cuento.

Referencias bibliográficas:

Freud, S.: Tres ensayos de teoría sexual. Bs. As., 1990, (AE) Tomo VII.

Freud, S.: El malestar en la cultura, Bs. As., 1992, (AE) Tomo XXI.


[1] Entrevista con Ernesto Tenenbaum en Radio con vos 18 de noviembre de 2024.

[2] Carta a las familias difundida por Sol Fantín en sus redes sociales.

[3] Se trata de un dato objetivo que ha sido medido por más de un estudio, a lo largo de los años. En las producciones Disney hay un 30% más de muertes y la mayor parte de los personajes protagónicos pierden o perdieron a  madre o padre.

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