EL EXCEL COMO SUPERYÓ. DE LA «EFICIENCIA» A LA DESRESPONSABILIZACIÓN POLÍTICA- por Alejandra Glaze

Miembro de la EOL y la AMP

Miembro del Consejo Estatutario de la EOL

Dirección Ejecutiva del IOM3

1. En Argentina, hoy la “libertad” se volvió mercancía y coartada: en nombre del libertarismo se promete emancipación mientras se suelta la mano al débil y convierte derechos en “costos” y el lazo social en estorbo. No es sólo un programa económico: es un tratamiento del Otro que empuja a cada uno a arreglárselas solo con su desamparo.

Se juega allí la tensión entre “libertad” y “causalidad”. Pero no hay libertad sin asumir la causalidad que nos determina. Se normaliza la autodeterminación sin interlocutor y se reduce el cuerpo a propiedad y a valor de planilla: cuerpo-Excel, goce sin lazo. La libertad no es sin Otro: la decisión aparece cuando se asume la alteridad que nos causa.

2. Desfinanciar educación y salud es parte del plan. Escuela y hospital públicos son lugares donde el Otro transmite y encarna el cuidado; pero el libertarismo los convierte en “servicios” a demanda, erosionando el mínimo de equidad garantizado para todos, y forzando la privatización del riesgo. No es “menos Estado”, es más dispositivo: aseguradoras y plataformas reemplazan garantías por contratos opacos, selección por billetera y algoritmo.

Se produce un doble efecto político: se ataca la educación (escuela del contradictor[1]) y el hospital (sostén de cuerpos que no rinden). Resultado: una ciudadanía endeudada para aprender, curarse y obedecer.

“Menos Estado” no significa menos mando, sino mando distribuido por métricas, contratos, algoritmos y plataformas. Gobiernan las redes, las apps, los scoring, el empleador, la prepaga…: una regulación sin responsabilidad común y obediencia sin escena política. La deflación del Estado en educación y salud acelera que esa maquinaria regulatoria capture el cuerpo y la palabra.

3. Llamemos las cosas por su nombre: la derecha racional es la que, como discurso político legítimo, disputa prioridades con la izquierda dentro de un marco de garantías aceptando la pluralidad de contradictores. La extrema derecha, en cambio, opera por expulsión: convierte el disenso en “ineficiencia”, reescribe derechos como “costos”, privatiza el riesgo, terceriza la coerción en plataformas y planillas, y detesta el pathos de la vida. Su combustible es la posverdad, su retórica el agravio y su coartada la desresponsabilización política: “no lo decidimos nosotros, lo arroja la fórmula”. No hay contradictores; hay enemigos. Y eso degrada la democracia que sostiene la vida en común. Del otro lado, el extremismo de izquierda también desdemocratiza: borra contradictores, absolutiza la causa y legitima expulsiones; pero no es la escena que analizo aquí.

4. La lección democrática es concreta: defender instituciones que limiten al más fuerte y hagan lugar a la singularidad. Ni “todos iguales” ni “todos rivales”, sino cada uno con su modo de desentonar con la norma y no cerrarse en la cifra. Resistir la contabilidad de vidas con una política del no-todo que no confunda diferencia con descarte. Educación y hospital público sostienen el lazo y resisten la mercantilización del cuerpo y la palabra.

5. ¿Qué le resta al psicoanálisis?: poetizar el cuerpo, con consecuencias públicas. Allí donde se reducen vidas a celdas de Excel, inventar dispositivos de palabra que restituyan al sujeto su derecho a no encajar; e introducir tiempos y conversaciones que suspendan la crueldad contable de los universales. En clave republicana –no en la lógica del Imperio– preferir la pluralidad de contradictores a la unidad por cancelación del disenso, y sostener garantías para los cuerpos vulnerables como política del no-todo, no como política asistencial. Defender educación y salud pública es defender las condiciones de posibilidad de esa política.

6. Entre el Uno del mercado y la incomodidad de la conversación, elegimos esta última. Porque hoy el Excel hace de superyó: ordena, puntúa y manda bajo la coartada de la “eficiencia” y una disciplina fiscal que habilita daño social. Frente a esa obediencia sin escena política –fuera del ámbito donde el conflicto se discute y decide públicamente–, optar por otra gramática: volver habitable la fractura, sostener contradictores en lugar de enemigos, y las condiciones institucionales de lo singular. Devolver la palabra allí donde la celda quiere decidir por todos; religar libertad y causalidad para que el sujeto no sea solo contado. En tiempos de crueldad eficiente, insistir en una política del no-todo –ni heroica ni asistencial– es ya una forma de resistencia.

18 de septiembre de 2025


[1] Miller, J.-A., “Intuiciones milanesas”, Simplemente, el inconsciente es la política, Capelli, W. (comp.), Grama ediciones, Buenos Aires, 2024, p. 17.

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