Psicoanalista en París
Miembro de la Escuela de la Causa Freudiana (ECF) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis
*Publicamos este texto de gran actualidad que se inscribe en el debate sobre el valor del psicoanálisis en la salud pública y la libertad de elección.
La enmienda, redactada el 14 de noviembre de 2025 por cuatro senadoras y senadores en el marco del proyecto de ley de financiación de la Seguridad Social para 2026, opta, para lograr ahorros en un contexto donde se invoca la «solidaridad nacional», por eliminar pura y simplemente el psicoanálisis de la esfera pública. Él sería, por lo tanto, el enemigo a batir, en nombre del presupuesto, pero también de la ciencia. ¿El argumento económico parecía demasiado débil así que se le añadió otro, esta vez basado en la experiencia? Sin embargo, a juzgar por los recurrentes ataques que sufre el psicoanálisis, parecería más bien que el argumento económico es simplemente la nueva forma de una guerra ideológica que, desde El Libro Negro del Psicoanálisis, ha resurgido constantemente, bajo diferentes formas, pero con un objetivo inmutable: prohibir el psicoanálisis difamándolo.
El objeto de la enmienda es simple: «A partir del 1 de enero de 2026, los tratamientos, procedimientos y prestaciones que se declaren psicoanalíticos o basados en fundamentos teóricos psicoanalíticos no darán lugar a reembolso o contribución financiera del seguro médico». Esto significa, por un lado, la sentencia de muerte de toda práctica psicoanalítica en instituciones (cuya lista es tan larga como variada, desde hospitales hasta centros de salud mental (CMP) y centros de día (CATTP)…), y apuntará lógicamente a todo practicante privado que, directa o indirectamente, se apoye en el psicoanálisis. Pero también implica que el Estado, en lugar de ser ahorrador, se vuelvamiliciano.
¿Qué hacer con el formulario de reembolso de un psiquiatra que haya publicado artículos sobre psicoanálisis? Para ser consecuentes, habría que rechazar su reembolso y excluirlo. El Estado, con el fin de «garantizar la coherencia científica y la eficiencia de los gastos de la seguridad social», pretende censurar, reprimir y etiquetar. ¿Es esto ciencia?
Causa risa también ver escrito, negro sobre blanco, que se sostiene la «libertad de elección de los pacientes» y la «libertad de práctica de los profesionales», mientras que los pacientes solo podrán acceder a la oferta monocromática (y no definida) del Estado dentro de las instituciones. ¿Qué pasa con el profesional que se orienta por el psicoanálisis, aquel cuyas prácticas se consideran aquí «inadaptadas» y «contraproducentes»? ¿Sigue siendo «libre» cuando, formado en «salud mental», se entiende que no puede postularse para ninguna institución sanitaria? Libertad significa en adelante prohibición.
Con una mano, se queman los libros de Freud y Lacan; con la otra, se proclaman la razón, la ciencia y la libertad. Solo en los sistemas totalitarios se encuentran tales aberraciones en el uso de la lengua. Sería un error considerar esta arma únicamente desde una perspectiva económica. Ella no es más que una fachada tras la cual se expresa una amenaza a la democracia misma. Porque si la caza de brujas comienza mañana en los hospitales y continúa pasado mañana en los consultorios, entonces tendrá que extenderse a las universidades, donde también habrá que desalojar al enemigo. Ya lanzada, ¿dónde se detendrá? No es el presupuesto de la Seguridad Social lo que está en juego, sino una elección de sociedad.
Traducción: Jorge Castillo.