El botellazo – por Silvia Baudini

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis

AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana

Habeas corpus es una fórmula que proviene del derecho romano. El cuerpo debe aparecer.

Hace algunos días se produjo la asunción presidencial. Todo ocurría con un rigor protocolar eficiente, más allá de algunos malos humores. Podemos decir que el espíritu era de alegría y conformidad. 

El número de personas en la plaza de los Dos Congresos era razonable, ni mucha ni poca, llevaron bolsas de consorcio para recoger los deshechos, la plaza quedó muy limpia. La caravana en el descapotable y luego de a pie, sin euforia, con esperanza. 

De pronto irrumpe un botellazo, alguien arroja a la caravana presidencial una botella de vidrio que impacta sobre un agente de seguridad. Hay sangre, hay sorpresa, hay silencio. 

Habeas corpus, que aparezca el cuerpo. No siempre aparece de la misma manera, en esta ocasión el cuerpo se hizo presente por la vía de un pasaje al acto. 

En la época se multiplican los pasajes al acto violentos que incluyen un nivel cada vez mayor de segregación social. 

El discurso del presidente fue muy verdadero, ningún lugar para la ficción, ni para la esperanza, ni para la ilusión. El público aplaudió la frase pronunciada “no hay plata”, difícil de entender sino pensamos que, al aplaudir, cada uno no estaba allí en cuerpo, encore, encorps. El otro aplauso espontáneo fue coreando el término “policía”, justamente lo que Lacan menciona como lo que hace girar en torno de una ronda eterna, cuerpos bajo control. “Circule, circule”.

Las ficciones humanizan los cuerpos, no es lo mismo la ficción que la mentira. Las ficciones son efecto de un real, el impasse sexual. Las ficciones permiten que el amor haga que el goce condescienda al deseo. 

Olvidar las ficciones, decir toda la verdad, deshumaniza, retira el cuerpo. Forcluye el cuerpo. Pero el cuerpo hace su entrada de alguna manera. 

*Fotografía seleccionada por el editor del blog

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