Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana.
Miembro de la New Lacanian School
Los psicoanalistas conocemos ese modo de defensa característico de la psicosis que se llama forclusión. Esa operación indica que no existe subjetivamente ningún reconocimiento de lo que llamamos la Ley, que por el contrario tiene su presencia definitiva en el caso de las neurosis, y que se instala mediante la represión.
Cuando la Ley queda forcluida no hay ningún registro en lo simbólico de su presencia, ergo solo se registra como ausencia de una Ley que solo puede aparecer bajo el modo alucinatorio, en lo real.
Cuando un pueblo avala posiciones negacionistas, ya sea mediante la construcción de argumentos cualesquiera, o invocando la legalidad del arbitrario en la figura de autoridad, dicho de otro modo, cuando quedan autorizados los excesos y no se sancionan, lo que se produce es nada más ni nada menos que la desorganización social definitiva, porque no hay nada que regule un orden cualquiera.
Cuando los personajes de LLA invocan la inexistencia del “Terrorismo de Estado” abusan con un mecanismo similar al de la forclusión, dejando por fuera cualquier inscripción posible de una Ley, con lo cual dejan expuestos a los ciudadanos a cualquier forma de barbarie.
La consecuencia inmediata de este negacionismo en el pueblo es la sumisión y la increencia en cualquier modo de regulación por temor a ser castigados de una manera que solo queda por fuera de cualquier código consensuado. En definitiva, lo que prima de esta operación es la identificación a figuras arbitrarias que prometen el todo de la protección bajo la instalación de un orden alucinatorio: recordemos a Videla definiendo al “desaparecido” como una “entelequia”.
La promoción de este negacionismo solo asegura arrasar con los principios éticos fundamentales que pudimos construir con nuestra democracia, sabiendo que solo es posible sostenerla en base a la presencia de una Ley.
Espero que podamos proteger mañana nuestra incipiente democracia. Porque el voto de mañana solo se trata de eso, es casi un referéndum, en el que hay que decidir entre: Democracia Si, o Democracia No. Apelo al sector de nuestra población que no haya quedado absorbido por el negacionismo de turno.