Nicolás Bousoño*
El resultado de las últimas elecciones en la Argentina me resulta inquietante, como a todo el mundo. Por lo menos como a todo cierto mundo. Hay otra parte del mundo a la que por el contrario, le entusiasma. Y hay otra parte aún – mayor – a la que, no se sabe bien pero en principio, pareciera dejarla indiferente… Si bien Milei ganó las elecciones con un 30 % del electorado, el número entre ausentes y votos en blanco redondea el 35 %.
La democracia argentina está en crisis, amenazada; no como en los ´70, ni como en el ´89, ni como en el 2001, de una manera nueva. Los motivos son muchos, complejos y de distintos niveles.
En nuestro mundo, las virtudes de la democracia están claras. Está claro que, a pesar de lo tentadora que pueda resultar la idea en algún momento, romper todo no es una buena alternativa. Construir esta democracia llevó mucho tiempo, mucho esfuerzo, muchas vidas y el resultado imperfecto es muchísimo mejor que cualquier otra opción. Así como hay muchos ejemplos de lo que no anda, hay muchísimos de lo que sí; se los puede desconocer, o dar por obvios, porque hoy los primeros resuenan mucho más.
Lo que me preocupa es como hacer resonar esas virtudes en la parte del mundo que no las siente. Al menos resonar lo suficiente como para que la democracia argentina perdure y tenga chances de mejorar.
Con ese interés a cuestas, me encontré con una entrevista a Esther Solano[1] – investigadora en ciencias sociales dedicada al estudio de crisis como la de nuestra democracia en distintos países. Allí habla de su experiencia en la lucha en contra de esas crisis, planteando para eso propuestas concretas, que muy cerca de las premisas del psicoanálisis alientan la interlocución.
Solano propone darse tiempo de reflexión, “tener cautela, aprender cuestiones que no sabemos y desaprender otras”, además “no menospreciar el fenómeno ni reducirlo a algo folclórico, de caricatura, ya que líderes como Milei le dan existencia e ilusión a gente que está por fuera del sistema”. En eso estamos, considero.
También sorprende, invitando a ir más allá de los datos: “A esa gente hay que escucharla, atentamente, de forma acogedora incluso… no podemos hacer de madre o de padre que desde la autoridad avisa y quiere meter miedo; más bien es imponer un golpe de realidad, pero no desde la autoridad sino desde el afecto, desde la acogida.” Una realidad que no desconozca los fracasos de los proyectos de los últimos 40 años, agrego.
La entrevista sigue, “Hay que ir lo concreto, porque es ahí donde esos líderes no saben, no tienen planes de gobierno viables… Lo único que podemos plantear como campo democrático son cosas pequeñas, concretas, cotidianas, que al final acaban surgiendo efecto.»
Una democracia de la vida cotidiana en suma, allí donde cada uno pueda incidir; vale la pena la apuesta.
* Nicolás Bousoño es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Director adjunto de la EOL
[1] Iglesias Illa, H. “Entrevista a Esther Solano”, Seúl, 20/8/23, disponible en https://seul.ar/esther-solano
Fotografía seleccionada por el editor del blog.