Un apagón ético, o cómo salir de la hipnosis
Ana Cecilia González* Me preguntaréis, sin duda, por qué razón no nos retiramos finalmente de la sala,y tendré que confesar mi incapacidad total de contestar a esta pregunta.No lo comprendo, ni de hecho puedo justificarlo. Thomas Mann, 1929 Estamos ante un fenómeno hipnótico, que alcanza a quienes lo votaron, sí, pero también a quienes no lo haríamos jamás. Como en el tremendo cuento de Thomas Mann, “Mario y el mago”, asistimos al show de este personaje grotesco y su retahíla de barbaridades, lo vemos subir la apuesta en cada frase, en cada exabrupto, en cada nueva versión de su promesa de destrucción, agitando el fantasma de la depuración por el fuego, una especie de Nerón que goza anticipadamente de su hoguera. Y no podemos dejar de mirarlo, compartir videos y notas, nos desgañitamos en las redes sociales intentando desarmar sus mentiras, despertar al ciudadano, advertirle lo que significaría perder sus derechos. En vano, nada de eso lo detiene, al contrario, cada click, cada tweet, cada video, sólo lo alimenta. El algoritmo que comanda las redes está hecho para eso: una hipnosis programada en la que cada quien solo escucha la propia opinión en un eco tan infinito como inconducente, sin jamás hacer mella en el otro. Cada quien habla solo y no hay Otro que haga retornar el propio mensaje en forma invertida. De eso se trata el algoritmo. La salida, en el cuento de Mann, tiene lugar cuando un personaje es herido en su honor, es decir, en lo más íntimo de su goce. Ultrajado, Mario despierta y sin vacilar termina con Cipola con dos tiros certeros, desatando el pánico de la masa que se había reunido para verlo. Entonces, por fin, el narrador, que una y otra vez se pregunta por qué no lo hizo antes, logra despertar y sacar a sus hijos del horrendo lugar. Para ellos, todo habrá sido parte del show, el velo aún está en su sitio. Otra es la situación en la época de los Unos solos. La masa no se reúne, solo se agita fantasmalmente en las redes, y un buen día se traduce en ese 30% que de un sopapo nos dejó aterrorizados, fascinados e impotentes. No hay salida en el circuito de las redes de las que el monstruo se alimenta, como no habrá velo ante la violencia que se avecina. La salida acaso necesite un apagón ético, una abstinencia rigurosa que nos obligue a salir de la nube para hablar con gente de carne y hueso, los otros de cada quien, los que cada uno tiene cerca. Y entonces habrá que encontrar, cada vez, la buena manera de decir que No, usar el semblante que haga falta, encarnar con firmeza una enunciación que haga tope a la pulsión de muerte. Es hoy, el mañana no llegará si no despertamos a tiempo. Es hoy. * Ana Cecilia González es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Fotografía seleccionada por el editor del blog.









