Textos y Entrevistas

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La teoría de la formación como fricción – Por Roque Farrán

Investigador Independiente (CONICET) Director del Programa «El giro práctico en el pensamiento contemporáneo»(CIECS-UNC-CONICET) Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET) Úrsula K. Le Guin opone a la clásica historia del héroe excepcional que mata o muere, que sale a cazar y lucha, que corta o pincha o penetra, la otra historia olvidada de la recolección a través de distintos géneros y materiales, de la bolsa que contiene múltiples historias de vida, del trajín cotidiano para cultivar, juntar y comer. Si bien esta última historia es más rica que la anterior, más próxima a lo real, y no excluye el mito del hombre y su épica sino que lo pone en su lugar; no obstante, puede haber cierta oposición simétrica entre ambos relatos.  Creo que hay una historia intermedia entre ambas, entre el corte y la contención, la lucha y la supervivencia, lo excepcional y lo cotidiano, y es la historia de la formación como fricción o roce. Desde la primitiva invención del fuego, frotando pacientemente una yesca o unas maderitas, hasta el minucioso tejido de cestas o telas, el amasar o el triturar las semillas para hacer el pan; no es la pura acción sobre los otros o la pura recepción contenedora lo que prima allí, sino una dinámica que requiere el uso justo de la fuerza y la paciencia activa que van curtiendo el pellejo, haciendo callo, al construir herramientas y hacerse cuerpo con ellas en el uso. Así también los saberes y tecnologías más sofisticadas, como la escritura en diversos medios materiales. No solo contar historias sino irse formando en ellas, en citas y aforismos que hacen cuerpo, que tejen el alma de múltiples voces que resuenan, nos dan valor, templanza o alegría para sobrellevar cada momento, excepcional o cotidiano. La teoría de la formación como fricción o roce la descubrí hace poco, aunque hace mucho se venía amasando, entre lecturas y experiencias varias, entretejiendo en múltiples historias de formación que requerían hacer cuerpo los saberes, darles un uso material que no fuese la simple aplicación instrumental o informativa que hoy dominan. Lo primero fue entender que el uso de los saberes implicaba un goce irreductible, que el goce de su adquisición era el mismo que el de su ejercicio, y que hay que curtirse el pellejo para adquirirlos, como dice Lacan. Esto me resonaba con lo mismo que escribe Spinoza al final de su Ética: la felicidad no es una recompensa por la virtud sino el ejercicio de la virtud misma. Luego encontré en Foucault un modo de practicar la lectura y la escritura que remitía a los antiguos estoicos y que consistía en transformar lo visto y oído en fuerzas y en sangre, un modo de incorporar los saberes en el ejercicio cotidiano, como comer y respirar, una suerte de fisiología del pensamiento puesto en acto; hacerse un corpus literal, y tramar la propia genealogía espiritual. Pero esta serie de lecturas que buscaba traducir en ejercicios y prácticas concretas tomaron decididamente una forma teórica renovada cuando leí la Carta VII de Platón comentada por Foucault; allí el roce o fricción (kribé en griego) resulta crucial para acceder a la cosa misma, la idea material que se trama entre diversos modos de conocimiento. Este tejido de múltiples historias de formación, con sus citas, ejercicios y referencias, lo vengo contando en distintos libros, desde El uso de los saberes y Nodaléctica (2018), pasando por Leer, meditar, escribir y Militantes ¡ocúpense de sí mismos! (2020), escritos en pandemia, hasta los últimos Escribir es respirar y La filosofía como intervención (2025), por eso no voy a redundar en ello. Solo quería dejar asentada esta propuesta de la teoría de la formación como fricción en un contexto donde la agresividad avanza y las posiciones progresistas tienen que encontrar un modo de respuesta que no sea meramente especular, evasivo o pasivo; tenemos infinidad de tradiciones que nos respaldan, pero hay que saber activarlas para que la formación haga cuerpo y no sea meramente testimonial o ilustrativa. Roque Farrán, 25 de noviembre de 2025.

CONTRE L’AMENDEMENT LIBERTICIDE, Textos y Entrevistas

LOS CUATRO INCONSCIENTES FINANCIEROS Y EL DELIRIO DE GRANDEZA (FÁBULA) – Por Laurent Dupont

Analista Miembro de la Escuela (AME) de l´École de la Cause Freudienne (ECF) y (AMP) Secretario del Bureau de la AMP Texto escrito hacia el FORUM CONTRE L’AMENDEMENT LIBERTICIDE. Al momento de esta publicación en nuestro Blog tenemos la grata noticia de que la enmienda ha sido retirada tras la importante movilización impulsada en Francia por l´École de la Cause Freudienne.Compartimos el escrito que consideramos de valor epistémico, ético y político, que supo captar con sagacidad una interpretación de lo social. Había una vez cuatro inconscientes, con Lacan los llamaremos: los cuatro trumanos no incautos. Eran tan inconscientes que no creían en él. En lo que sí creían era en el ahorro que podía hacerse con lo neuro (en singular, podríamos decir. Un neuro, Una neurona, Uno solo), en resumen creían en el Uno. No creían en el número, creían en la cifra. Partieron a la cruzada contra el psicoanálisis gritando, como Hamlet: “¡Ahorro! ¡Ahorro!” Y entonces redactaron una enmienda. Como amos serviles de su ideal no estaban poco orgullosos de haber elaborado esa pequeña publicación incendiaria. Lo menos que podemos decir es, que es pequeña porque bendito sea el que encuentre la más mínima grandeza en este pendorcho (bidule como diría el general de Gaulle, porque siempre hay que citar a los grandes hombres cuando tenemos que vérnoslas con unos Bouvard y Pécuchet de carnaval). Mal escrita, con argumentos trillados e infinitas veces desarmados. Nada se sostiene. Aullaban: “Pero la ciencia, de todos modos!” Pero la ciencia misma permanece muda. En el silencio y la vacuidad de sus pensamientos, comenzaron a escuchar un estruendo. “¡Al fin! ¡Han reconocido nuestro justo combate!”, pensaron, pero cuanto más se inflaba ese estruendo, cuanto más se acercaba, más escucharon a la multitud. Ellos que solo creían en la cifra descubrieron el número. Porque había miles movilizándose, miles de Uno más Uno más Uno…que trabajaban, algunos en instituciones médico sociales, otros en psiquiatría al lado de los pacientes como los llamamos. Pacientes y practicantes que empezaban a perder la paciencia delante de estos cuatro Don Quijotes sin penacho ni discernimiento que querían economizar a costa de ellos e iban a destruir decenios de un trabajo de hormiga.  Tanto y tan bien que incluso aquellos que no se orientaban por el psicoanálisis, sino que trabajaban al lado nuestro encontraron a esos cuatro trumanos no incautos totalmente fuera de onda y se unieron al estruendo que iba en aumento. Nuestros cuatro fantoches tuvieron un movimiento de duda – como Louis de Funès en El delirio de grandeza, esperaban aclamación y tuvieron merecidos bastonazos. Entonces, miraron su pequeña enmienda pendulante, falo ridículo, ideal a media asta, y descubrieron que estaba repleta de sus propios inconscientes, denegación sobre la libertad, pulsión agresiva, rechazo de la realidad. Traducción: Silvia Baudini 

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MELISSA – Por Ana Simonetti

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana Adherente al CIEC Participante del Nudo La patria del sinthoma “El psicoanalista tiene que hacer una pausa para no dejarse sugestionar… para no dejarse llevar precisamente cuando todo va muy rápido” Ésta cita de Jacques-Alain Miller en la primera clase de su Curso “Todo el mundo es loco”(2007-2008), hace referencia a que es algo parecido a lo que ocurre con las alteraciones atmosféricas como los tifones o huracanes y ubica lo que está en el centro que es llamado “el ojo de la tormenta”. Pensemos que es una expresión común aludir al ojo de la tormenta, a estar situado en ella, que es como estar en el centro de algo convulsionado.  Tomando esta figura, Miller propone al psicoanalista que cuando algo se desencadena, hay que estar calmo, muy tranquilo, ubicado en el ojo. También considera que si no está muy situado en su práctica en la posición de desapego recomendada para su función, puede quedar hipnotizado, capturado por el discurso del analizante.  “Los tiempos que corren”, expresión que usa al inaugurar el Curso y desplegar esta reflexión, agrega que, además, “los tiempos corren”. En parte porque aumentó la velocidad de la rotación de la Tierra -él lo señala-, pero hace hincapié que también hay cuestiones metapsicológicas que superan a la psicología, y que se trata de otro movimiento que sí nos compete más directamente, que es el movimiento de la civilización, con la pregunta acerca de qué la aceleró. Propone aquí que se dió  en la civilización un momento de desear lo nuevo, que también es una función temporal que no dura mucho, porque también se acelera y lo constatamos con cualquier objeto del mercado y más, lo verificamos en las demandas que los sujetos traen a nuestros consultorios. Tomando esta propuesta, y si hacemos una pausa y nos ubicamos en el centro, en el ojo de la tormenta, la que sea, sin dejarnos hipnotizar por ella, captaremos que hoy la aceleración y el empuje a lo nuevo ha atomizado a las sociedades, las ha disgregado. Empuja al individualismo, y va produciendo restos humanos y de objetos, va cambiando los valores donde lo humano, la solidaridad, la moral, los lazos afectivos ya no son sólo más livianos o banales, también más tensos. Constatamos que cual apuesta, hay quienes encuentran en este concierto, la forma de dominar voluntades. Melissa hoy, en otro momento El Niño, La Niña, Katrina, arrasaron poblaciones, territorios, fueron de un país a otro, aniquilaron valores, en fin… Considero como psicoanalista, como ciudadana, como mujer, que es momento de ubicarme con calma en ese ojo del huracán en la civilización, para leer su comportamiento, su derrotero, sus efectos por donde va y sus consecuencias. La naturaleza es imprevisible e incontrolable en sus consecuencias, aunque los científicos nos ofrecen evidencias de sus ciclos que permiten, estimativamente, avizorar lo que puede venir, por lo que se pueden tomar algunas precauciones, algunas veces, y reducir los riesgos y los efectos. El factor humano que se juega en esas instancias, permitirá morigerar su rumbo y sus consecuencias. Ese factor, que nos  compete, su eficacia en la ocasión, dependerá si está distraído o advertido, expectante, o si niega las advertencias y/o evidencias. Aunque si se ubica con calma en el ojo de Melissa, con desapego, operará con responsabilidad según el lugar que le cabe .  Podemos usar esta figura, en las circunstancias actuales en la sociedad, donde no es la naturaleza la que juega su partida.

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TORCER LO DADO – Por Javier Navarra

Participante del núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales Adherente al CIEC El discurso de las redes sociales se configura a partir de la articulación de sistemas de software y cómputos, en consonancia con marcos regulatorios comerciales y unas formas discursivas que definen un régimen de prácticas sociales significantes. Las prácticas ejecutadas son legitimadas por dicho discurso, con el fin de capturar y apropiarse de la atención de usuarios (Ubieto, 2023 & Berti et al, 2024). La eficacia de dicho discurso depende de la atención efectiva que los sujetos brinden a las redes, para registrar el involucramiento del sujeto, ya sea por duración, intensidad y recurrencia de la interacción (Ubieto, 2023 & Berti et al, 2024). Las redes registran interacciones con juegos y plataformas, auscultan contenidos de audio o video, indagan en gustos, en contenidos semánticos y contactos interpersonales para disputar con el conjunto de prácticas sociales el tiempo disponible que el usuario brinda al uso de las redes. Es decir, se trata de la explotación de las pulsiones de los sujetos por una economía de carácter consumista que es continuamente formalizada por las matemáticas aplicadas y los algoritmos que buscan atraer y retener a los sujetos. El psicoanálisis ha indagado en los aspectos involucrados en la atención. Específicamente Miller retoma la conceptualización que hace Freud sobre los mecanismos del chiste, y como este indaga sobre la atención, a partir de su participación en la estructura del Witz. Freud estaba interesado en obtener un saber sobre la eficacia del chiste y cómo se logra el dominio del otro para hacerlo reír, para que toda la energía sea utilizada en reír y de esta manera no se mal utilice o se desvíe la energía en otra cosa (Miller, 1996). Freud toma distancia de los estudios de la psicología que indagan en las relaciones posibles entre la atención, en relación al tiempo de duración y la aparición de la fatiga, es decir en qué momento la misma decae; y se centra en indagar en la atención como un exceso de investimento, la cual se activa cuando, en determinadas circunstancias, la atención se fija sobre algo que nos rodea. La eficacia del mecanismo es solicitar al sujeto un exceso de investimento, una inversión, un plus de gozar (Miller, 1996). Para Miller esto sugiere un interrogante ¿Qué es lo que, en un momento dado, se enciende en el pensamiento y condensa el goce? Para que un chiste sea efectivo lo que debe lograr es llamar la atención, pero a la vez adormecerlo. Como psicoanalistas la cuestión es saber cómo interviene este exceso de investimento y cómo se puede maniobrar con ese suplemento, ese plus de goce (Miller, 1996). Se retoman las conceptualizaciones sobre la atención y el chiste, para reflexionar sobre la incidencia de las redes sociales en la atención y como estas buscan modelizar las pulsiones orientando a los sujetos a realizar determinadas prácticas. Esta modelización de las pulsiones, tiene un efecto sobre el sujeto lo cual se le presenta en el cuerpo como un no poder dejar de hacer. Estos dispositivos retencionales, confrontan al sujeto con una demanda contra la que en un principio no puede defenderse. La tarea consiste en poner en palabras, la forma que adoptan los actos desregulados de los sujetos por el uso de las redes. Esta es una condición preliminar a una subjetivación que permita decidir con mayor autonomía la manera de habitar los ambientes digitales. Despertar al sujeto de ese adormecimiento, de esa espera vacía que generan. Que logre distanciarse de los efectos retencionales para apostar por la presencia física y contingente de los vínculos. Referencias: Berti, Agustín Federico; Reynoso, Julián; Blanco, Javier Oscar; Ilcic, Andres Alejandro. “Bases epistemológicas y alcances políticos de la computación a gran escala. Cómo repensar la inteligencia artificial desde abajo”. Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia.  Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia; 24; 49; 12-2024; 169-199. Freud, S. (1905). El chiste y su relación con lo inconsciente. (Vol. VIII). Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores. Miller, Jacques-Alain: Entonces: «Sssh…”, Ed. Eolia, Barcelona, 1996. Ubieto, José R. “Por qué la presencia (física) seguirá siendo necesaria”. zadig españa. Abril de 2023.

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UN POCO MÁS DE ODIO, LLEVA A LO CRUEL – Por Silvina Fenoglio

Practicante del psicoanálisis Adherente al Centro de Investigación y Estudios Clínicos – CIEC Participante de La Patria del Sinthoma, Zadig “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época…Que conozca bien la espira a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes”. [1] Así nos convoca Jacques Lacan a saber leer la época cada vez, sin prejuicios, sin escándalos. Es a partir de una singular lectura de algunos acontecimientos que se presenta una pregunta, ¿acaso estamos verificando un tiempo donde los discursos de odio escalan y toman otro estatuto? ¿Los discursos de odio dieron lugar a lo cruel? Ha tomado una presencia significativa hablar de cruel, de crueldad, a distintos hechos de discursos, a diferentes acontecimientos ya sea en nuestro país o en otras partes del mundo. El odio se presenta como esa pasión que bien puede ser la otra cara del amor, odioamoramiento llamó Lacan. Es capaz de tomar tal consistencia agresiva que produce un franco rechazo del goce del Otro. Hablar ya no con odio, sino un decir cruel ¿tiene un impacto diferente? Lo cruel en su etimología remite a lo crudo, a lo sanguinario, a la crudeza de la carne sin ninguna mediación. Lo cruel es en dirección al cuerpo sin más, no ataca al ser, sino a la existencia. Un recorte del pensamiento de la antropóloga argentina Rita Segato, estudiosa de la ligazón del narcotráfico con asesinatos, sobre todo en México, nos esclarece sobre las nuevas modalidades de ataque sobre los cuerpos, modos en extremo sangrientos que toman los hechos, donde la crueldad sin límites es un modo de operar, sobre todo con las mujeres. Ellas aparecen descuartizadas, mutiladas, torturadas, violadas, colgadas en puentes para quien quiera mirar, muertes que dejan apenas restos de los cuerpos imposibles de sepultar, restos de cuerpos desechados y desechables. Esta autora nos advierte que la crueldad se va extendiendo más allá de las fronteras de México, y llega a nuestro país. Cito. “La pedagogía de la crueldad me refiero a algo muy preciso, como es la captura de algo que fluía errante e imprevisible como es la vida para instalar la inercia y la esterilidad de la cosa, mensurable, vendible…El ataque sexual y la explotación sexual son hoy actos de rapiña y consumición del cuerpo que constituyen el lenguaje más preciso con que la cosificación de la vida se expresa”.[2] Las palabras crueles, las imágenes crueles tienen tal poder de captación sobre quien las recibe que impactan en el cuerpo; a veces son capaces de afectar con suspiros, quejas, silencios, giros de cabeza, son capaces de fijar la mirada o de tornarse tan insoportables que resultan imposibles de mirar. Entonces si los discursos de odio están al servicio del rechazo y la segregación del goce del Otro, de anular las diferencias; lo cruel en palabras o en actos, sostenidos en una inexistencia absoluta del Otro, apuntan al cuerpo como desecho, es la palabra destinada al mal. [1] Lacan, «Jacques. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis», Escritos 1. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores. Pág. 309. [2] Segato, R. «Crueldad: pedagogías y contra-pedagogías». 22/1/2022. https://lobosuelto.com/crueldad-pedagogias-y-contra-pedagogias-rita-segato/

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¿QUÉ ME QUIERE EL OTRO? ENTE – Por Agustina Albertocchi

Participante del núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales. A partir de la propuesta de José Vidal, en el marco del movimiento Zadig, acerca de trabajar sobre “Cuerpos, Soledades y Redes Sociales”, es que un grupo de personas nos abocamos a la lectura de distintos textos. Hubo producciones, pero también saldos, entre estos se encuentra el mencionado por José Vidal, en una de las reuniones mantenidas, sobre la ingeniera social. Punto clave a mi entender del texto de Eric Sadin: La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Creo que Eric Sadin llama a esta ingeniería social, el proyecto civilizatorio, es decir qué tipo de sujeto pretenden formatear– o formatean- los poderes globales (hiper-presentes, ocultos, oscuros y siempre interesados en acumular poder y capital), a los fines de digitar fácilmente sus vidas. Las consecuencias no se hacen esperar y no son las mejores. Sadin trae a colación la pereza (los pecados capitales siempre tienen algo de sufrimiento, por lo excesivo, en el placer que provocan) que, según su perspectiva, caracterizaría de alguna manera a los seres hablantes y de la que se servirían estas fuerzas, hechas de la técnica, para entrometerse y dominar. De lo extraído en las conversaciones con los compañeres del núcleo de incidencia, si el lazo siempre implica un imposible a sortear; si el deseo no está exento de esfuerzo y renuncia; si el amor hace condescender el goce al deseo, pero no sin inconvenientes y si hacer presente el cuerpo nos confronta a toda una gama de dificultades, no es tan descabellado pensar qué cómodo y preferible resulta permanecer ¿aislado? ¿encerrado? ¿solo? dando rienda suelta a los gustitos íntimos y personales por medio de las pantallas y aparatos tecnológicos. Ahora bien, no es sobre cualquier función sobre la que influyen estos aparatos y es algo que Sadin (nos) advierte, haciendo hincapié en un régimen retiniano. Hay una captación de la imagen en la actualidad, por sobre otros soportes y sentidos, adoptando lo audiovisual (vista y oído) una prevalencia absoluta, en un régimen perceptivo de características únicas, no por su singularidad, sino por su carácter casi monopólico. Esto Netflix lo sabe bien, es por eso que, si sugerís el visionado de una película de origen desconocido, suscitas desinterés, por no decir paja. Esto ocurre en la comodidad del hogar, dado que, me arriesgo a suponer, algo distinto sucede en la sala de cine, en donde esta presencia, posibilitaría, al despistado espectador, atender al film. ¿Se trata esto de esnobismo, elitismo o erudición? Puede ser. O es simplemente la defensa de la existencia de otras formas de la imagen y su relación con la narrativa y el lenguaje cinematográfico, en definitiva, otras formas de la existencia y la percepción, menos pasivas, periféricas quizá. Se trabaja lisa y llanamente en la atención, provocando paradójicamente, cada vez mayor dispersión y/o falta de concentración (esta falta sería al menos auspiciosa). ¿En qué, por qué, para qué? La cuestión en juego no es solo cognitiva, es fundamentalmente política. En su texto “La estética de la dispersión”, publicado en el sitio web “Con los ojos abiertos”, Roger Koza dice algo similar: se ha instaurado lo que denomina una ontología portátil en una topología determinada por la red, es decir somos en la medida en que estamos permanentemente conectados por medio de aparatos tecnológicos en un espacio virtual con otres que “están” en las mismas circunstancias. Y resume: Conexión permanente, dispersión inmanente, ya que la relación entre estimulo-respuesta, por inmediata, se trastoca provocando modificaciones cognitivas. Entonces, volviendo a la estructuración subjetiva del programa civilizatorio que se afanan en instalar: ¿Para qué nos querrían bobos, entes, desatentos? A continuación, una cita, con la que, improviso/propongo una respuesta: “Conexión permanente, dispersión inmanente, he aquí una fórmula para desacelerar el entusiasmo acrítico frente a la velocidad de las conexiones y la naturalizada lógica de una conexión ininterrumpida como necesidad vital. Con tal sentencia no se trata, bajo ningún concepto, de satanizar el prodigio técnico, pero sí de pensarlo para que él no piense por nosotros.” Su importancia radica en no dejar por fuera los resortes subjetivos que condicionan que los poderes financieros y políticos puedan inmiscuirse en el colectivo para llevárselo puesto. Bibliografía: Roger Koza, “La Estética de la Dispersión” en el sitio web Con los ojos abiertos (2015). https://www.conlosojosabiertos.com/la-estetica-de-la-dispersion/ Éric Sadin, La Vida Espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Ed. Caja Negra, Buenos Aires (2024).

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UNA PRAGMÁTICA DEL CUERPO- Por Silvia Baudini

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana En nuestra práctica el cuerpo aparece cada vez más implicado en la consulta. “¡Ya no sabemos qué hacer!» escuchamos por parte de padres de hijos adolescentes. ¿Qué lugar hoy para alojar el desvarío de un hijo adolescente? Si “en el extravío de nuestro goce solo el Otro lo sitúa en tanto estamos separados de él.” ¿Entonces qué lugar ocupa el Otro cuando el Otro no existe? ¿Qué regula? E. Laurent da dos modos de regulación: por el espectáculo y por el síntoma: “La regulación por el espectáculo da lugar a la industria del narcisismo, dispositivo en la época de la reproducción de masas de los cuerpos, empalme de los cuerpos con el saber en el lugar del Otro. Nuestra época multiplica las imágenes…pero el sufrimiento de esos cuerpos exhibidos es en vano. El ojo democrático de la cámara no engendra ningún discurso”. Lo que pone en evidencia la soledad del cuerpo en los casos actuales, desarreglos que nada orienta y menos aun la norma universal que deja al sujeto en la vía del pasaje al acto. La angustia se opone al trastorno como lo que no engaña, y orienta al sujeto a lo real lo que se intenta reducir por la vía del espectáculo. Como analistas no buscamos mantenernos a distancia de los excesos de los cuerpos, sino hacer hablar al exceso para que encuentre el cauce de un discurso. La angustia (de castración) para Lacan no se inscribe en el Edipo, no es deudora de la historia, ni del Otro, está en el nivel de la detumescencia del órgano masculino y no responde a ninguna amenaza y permite que surja el objeto como causa sexual irreductible al significante  determinado sino por la separación. “El analista solo opera con la condición de responder a la estructura de lo extraño…sin lo cual todo probaría que, por no acostumbrase el mismo a lo extraño, no sería capaz de perturbar la defensa.” La regulación por el síntoma interroga a cada sujeto por lo que inquieta a su cuerpo, el goce, el síntoma concebido a partir de la efectividad de la práctica analítica. Es lo que permite el giro pragmático de la enseñanza de Lacan orientada por los discursos. El sinthoma como anudamiento posibilita una ganancia de satisfacción, permite que el afecto se enlace. Un sujeto viene a la entrevista diciendo que está de muy mal humor, que venía peleando con su padre por que este le reprochaba que fumaba marihuana, que él no lo vio y no sabe por qué habla, porque lo jode, que le amargó el día. Al cabo de unos minutos de entrevista me interroga acerca de su diagnóstico, si siempre tendrá que tomar medicación, ¿si alguna vez podrá volver a tomar alcohol? Este joven consumía 4 litros de cerveza por noche para poder silenciar los pensamientos que lo atormentaba y así dormir. Le digo: “sí un porrón, que no es un porro grande”. Esto le produce visible alegría, se ríe con complicidad e interrumpo la entrevista. La siguiente vez vuelve más contento, refiriendo estar más tranquilo. El síntoma concebido a partir de la efectividad del psicoanálisis, ganancia de satisfacción apropiada que resuena en el cuerpo vivificándolo, solo a partir de allí el sujeto podrá ligarse con otros en un lazo social humano. Bibliografía

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LACAN Y LA ALETOSFERA – Por Eliana Llanos

Participante del núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales. Adherente al CIEC Lacan en el capítulo XI del Seminario 17, llamado «Los surcos de la Aletosfera» dice: que la característica de nuestra ciencia no es que haya introducido un conocimiento del mundo mejor y más extenso. Sino que ha hecho surgir cosas que no existían en el nivel de nuestra percepción. El mundo está poblado por ondas, de radio, de tv, de internet, el celular nos escucha. Se construye una ciencia que ya no tiene que ver con la idea de conocimiento, se construye donde antes no había nada. Entonces crea el neologismo aletosfera que proviene de aleteia que significa verdad y lo une con atmósfera. Vivimos en la aletosfera una atmósfera poblada de objetos que denomina letosas, creados para causar nuestro deseo. Estas letosas, también son un juego de palabras que proviene de lethé, lo que evoca un río mítico, el Leteo, que provocaba en quien bebía de sus aguas un total olvido y ousia que remite al ser, entonces la letosa sería el olvido del ser. Las letosas son objetos que nos rodean que están en la atmósfera y que atraviesan nuestro cuerpo. En este texto Lacan dice que los astronautas cuando llegan a la luna “se las habrían arreglado mucho peor […] si no hubieran estado acompañados todo el rato por ese a minúscula de la voz humana. Por este hecho podían permitirse no decir más que tonterías como por ejemplo que todo iba bien, cuando todo iba mal. Pero qué importa lo importante es que sigan estando en la aletosfera». [1] Quiero hacer zoom en el relato de la llegada del hombre a la luna, en el momento del alunizaje (palabra que se crea a partir de ese momento) Neil Armstrong dice[2]: “Houston…, aquí base Tranquilidad, el Águila ha alunizado.” Las palabras fueron recibidas con gritos, aplausos y alivio en Houston. Eran las 15.17 del 20 de julio de 1969 (16.17 en la Argentina). Con el combustible al límite, y a sólo 40 metros de un gran cráter –que pudo ser esquivado por una maniobra de último momento– el Eagle se había posado en el Mar de la Tranquilidad, una suave llanura volcánica, de cientos de kilómetros, cercana al Ecuador de la Luna. Cuando todo estuvo listo, Armstrong abrió la escotilla, se asomó, encendió una cámara de televisión, y mientras bajaba lentamente la corta escalera, recitó su célebre “un pequeño paso para un hombre, un gigantesco salto para la humanidad”. Bajo un insólito cielo negro con Sol a pleno y estrellas por todas partes (por la falta de atmósfera), el comandante del Apolo 11 dio sus primeros pasos en aquel suelo gris, rocoso y polvoriento, como cubierto de ceniza. El traje no era nada cómodo y además tuvo que adaptarse a la rara experiencia de la débil gravedad lunar que hace que todo en la Luna sea más liviano (un sexto de la gravedad terrestre). Con absoluta espontaneidad, el segundo ser humano que pisó la Luna dijo: “Bonito… bonito…, una magnífica desolación”. Retomando el decir de Lacan en este ejemplo: ¿es la voz humana lo que posibilita arreglárselas mejor respecto de la soledad, del cuerpo? ¿Las redes sociales nos dejan en soledad o son un modo de salir de ella? Podemos pensar en la voz y la mirada como objetos que pululan en la aletosfera, pudiendo el analista proponerse como un objeto también, a usar de otro modo, no como tapón, mercancía, fetiche, sino como causa. Referencias: [1] Lacan Jacques. Seminario 17. Pág. 173 [2] https://planetario.buenosaires.gob.ar/51-anos-de-la-llegada-del-hombre-la-luna

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QUE QUEDE ENTRE NOSOTROS – Por Ignacio Izquierdo

Participante del núcleo de incidencia: Soledades, cuerpo y redes sociales Practicante del psicoanálisis La soledad del goce ¿Cómo incidir en lo político, en la vida en la ciudad, en la subjetividad de la época? Esa es la pregunta que atraviesa el trabajo de los distintos núcleos Zadig y, en particular, el que enmarca este texto y esta experiencia: Soledades, cuerpo y redes sociales. Jacques-Alain Miller, en su escrito La soledad del goce, dice: “La imagen era la de la boca que se besaría a sí misma. En este caso, el objeto es indiferente, no es más que el medio para que la boca se bese a sí misma”. Este empuje a la soledad se hace evidente en muchos aspectos de nuestra época, y es importante poder leerlo. Cuando en Flowers, Miley Cyrus canta: «Puedo comprarme flores, escribir mi nombre en la arena, hablar conmigo durante horas, puedo sacarme a bailar, puedo darme la mano, puedo amarme mejor de lo que vos podés», hace resonar un estribillo como una afirmación de autonomía, siendo también un punto de cierre, un goce solitario que prescinde del Otro. ¿De qué está hecha esa soledad? El cuerpo es la sede de lo que duele y lo que da placer, de los ronroneos y las quemazones, de los orgasmos y los ardores. La sustancia que habita en el propio cuerpo del hombre, y que Freud descubrió como pulsión —y Lacan denominó como goce—, no sirve ni para la reproducción ni para la relación sexual; comienza y termina en el propio cuerpo. Si la pulsión es autoerótica y el objeto es indiferente para satisfacerla, ¿cómo introducir algo más allí? ¿Qué sacaría a alguien de esa autosuficiencia y por qué deberíamos hacerlo? Es aquí donde la incidencia política puede encontrar una formulación. Hoy desenmascaramos aquellos discursos que, en algún momento, mediatizaban las relaciones sociales y las del propio cuerpo, mostrando que en realidad son semblantes. La narrativa del amor, el arte, la educación, son empresas con poco rédito económico; desde la lógica actual ya no producen ganancia ni mejoran la imagen en el espejo, son un mero gasto a recortar. Incidir En las redes sociales el cuerpo parece estar en juego: la cámara frontal que devuelve una imagen del todo deseable, los audios de WhatsApp que se pueden adelantar, el “me gusta” táctil como maniobra de seducción, los seguidores sin cuerpo que prometen un reemplazo a esa soledad radical del cuerpo que se goza. Sin embargo, en los sujetos persiste la angustia. El encuentro que promueven estos recursos no es del todo efectivo, y la cuestión de fondo queda intacta: cada uno solo en el sillón, con su aparato en la mano. Un lapsus de un capitalismo sin inconsciente. La solución no consiste en disfrazar las instituciones o en vivir en desacuerdo con nuestra época. La verdadera clave está en cultivar un arte de la presencia. ¿Podremos encontrar una causa o un placer más modesto, que no esté tan adentro, y que exija salir a dar una vuelta, a cruzar la esquina? Esto es hacer la guerra a lo que es inevitable en nuestro goce: esa soledad que nos respira en la nuca. La soledad se puede volver un síntoma, una oportunidad para cuestionarnos, quizás una entropía que trastorne nuestras semanas masturbatorias y nos invite a pensar. Desde este núcleo, apostamos a una propuesta presencial y artesanal: reunirnos un sábado por la tarde, en medio de la ciudad, con invitados de distintas disciplinas para conversar sobre la trama que enlaza los tres puntos del tema. No fue una mesa redonda académica, sino un dispositivo vivo, un modo de poner a trabajar el discurso, la ciudad y lo político desde la conversación misma. Así aconteció “Que quede entre nosotros”, un contrapunto al saldo postpandémico y a ese ideal virtual que promete estar en “todo, en todas partes, al mismo tiempo” sin tener que vestirse para la ocasión. Lo que puede ser un terreno fértil para nuestra incidencia no es un algoritmo, sino ese buen lapsus, esa brecha en la que la diferencia entre lo que quise decir y lo que dije se vuelva una oportunidad para hablar. Lo que suceda de ahora en más… que quede entre nosotros. Referencias bibliográficas:

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LA FIJACIÓN DE LOS CUERPOS EN LA ERA DIGITAL – Por Fernanda Quiroga Castellano

Participante del Núcleo de incidencia: «Cuerpos, soledades y redes sociales» Practicante del psicoanálisis Magíster en Teoría Psicoanalítica Lacaniana En los encuentros del núcleo sobre “Cuerpos, soledades y redes sociales”, trabajamos, entre otras, la idea que propone Sadin respecto a la fijación de los cuerpos. Se parte de una confusión actual entre los flujos de la vida y los flujos digitales, para preguntarnos por el cuerpo que peca de intermediario ante el uso tecnológico. Desde el dedo que hace el click y el ojo que capta las imágenes, hasta la espalda, piernas y brazos que adoptan una postura frente a lo que se consume a través de las pantallas, se arma una predisposición corporal que se acomodaría a lo digital, llegando incluso a hacerse su extensión. Pero ¿estamos ante la ilusión de una fusión? Existe una cercanía física con el objeto, en la que sin embargo late una separación fundamental. Lo vemos por ejemplo en los cuerpos que rechazan un implante, un “eso falla” que insiste. El autor va a hablar de un “fenómeno de circulación” más que de una incorporación de la técnica al cuerpo. Es una circulación paradójica, ya que es lo infinito de un movimiento que propicia a su vez una quietud, una dependencia: el objeto tecnológico no podría vivir sin el sostén que le brinda nuestro cuerpo, ¿y viceversa? Dice Sadin: “es la era del integralitarismo digital. Es decir, el hecho de ver, en un registro cada vez más variado de campos, el curso de nuestra vida cotidiana perfectamente balizado” [I]. Se advierte entonces un uso de balizas como forma de detención, de fijación de los cuerpos, quizás como un intento artificial de domesticación de la pulsión. En esta línea, pareciera que mientras más hacemos cuerpo con la técnica, más imposibilitado se ve nuestro movimiento. No obstante, ello no quiere decir que no haya efectos, ya que reconocemos que el cuerpo queda afectado, y que, si bien hay una injerencia de las plataformas en los vínculos en general, aparecen resonancias singulares en la relación con el propio cuerpo. Frente a esta especie de sedentarismo, no hay dudas que cuando se está conectado, se lo está con el cuerpo. Por ende, el desafío para el psicoanálisis tal vez sea sintomatizar la conectividad y el uso de las redes, como un modo de experimentar, cada vez y en la medida de lo posible, un cuerpo sin tanta desconexión. [I] Sadin, E. La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Ed: Caja negra (2024:23).

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