Textos y Entrevistas

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El cuerpo dispositivo – Por Ariel Hernández

Miembro de la AMP y de la EOL-Sección La Plata. Docente de la Facultad de Psicología de la UNLP. La entrevista realizada por Zadig a Daniel Salas tiene para mi gusto varias perlas, voy a detenerme en una de ella: el cuerpo dispositivo y su regulación. ·      Desde los inicios El cuerpo y sus avatares están presentes en el psicoanálisis desde el encuentro de Freud con sus histéricas, con acontecimientos y fenómenos de cuerpo que no entraban en la legalidad del discurso médico de la época.   Los historiales clínicos freudianos nos enseñan cómo cada uno tiene que lidiar con “eso” que pasa o no en el cuerpo, por ejemplo: Juanito y su hace pipi, el presidente Schreber que testimonia, a cielo abierto, sobre un cuerpo que se desarma y sus intentos de regulación; de un modo más discreto tenemos el caso del Hombre de los lobos, y la casuística sigue… En fin, el cuerpo ya estaba ahí y la presencia del analista también. ·      “Sensación de conexión” Ahora bien, el cambio en el orden simbólico impactó en el modo de hacer lazo y en las invenciones con las que cada uno se procura una satisfacción. Salas señala la pluralización de las drogas de diseño y “un cambio estructural en el uso del tóxico” que no se inscriben en una tradición, sino en “una libre experiencia de satisfacción”, que podemos ubicarla en el campo del Uno-solo. En estas coordenadas de consumo de diseños se pone al desnudo que el otro queda reducido a un medio de goce, y la única condición para esa “sensación de conexión” es: que esté en Una igual. Una manera de hacer existir, al menos por un instante, una relación sin embrollos. ·      El cuerpo dispositivo y su regulación Sabemos que el modo de habitar el cuerpo, que se tiene y no se es, está íntimamente vinculado al anudamiento de los registros: RSI, así podemos leer el cuerpo como dispositivo, a condición de incluir los tratamientos de los lapsus del nudo en la época del Un-dividualismo, es decir las nuevas respuestas del sujeto. Algunas constituyen prácticas como intentos de regulación, justamente ahí podemos incluir distintas modalidades de consumo, que no se reducen a las drogas. En el ocaso de la modernidad, la fantasía del cuerpo máquina que se puede regular por una app está cada vez más generalizada y los avances de la tecnociencia, dominada por el mercado, le dan consistencia. ·      Sin límites Al escuchar la entrevista recordé una película: “Sin límites” (Limitless, 2011) que tiene como protagonista a una pastilla (NZT-48) y un escritor impedido del acto de escribir, abandonado por su pareja, que se encuentra con una promesa de felicidad: explotar el “todo” de las capacidades del cerebro. Se traga la píldora y con ello pasa al “éxito”. Experimenta sensaciones inéditas, intensas, una satisfacción más allá de los amarres de lo simbólico. La alteración (real) que la molécula produce abre a una satisfacción “ilimitada”, de manera tosca y eficaz podemos decir con Freud. Un efecto que produce -en el consumidor/protagonista- lo deja más del lado de responder como una IA auto generativa (lo sorprendente aún faltan 10 años para la irrupción de las IA en la vida cotidiana). Puede aprender idiomas en cuestión de minutos, o escribir un bestseller en un par de días.  Aprender de leyes o finanzas en cuestión de minutos, etc. Un-Dividuo que encarna ideales-imperativos, empujes del discurso hiper moderno: una sensación de poder que no conoce de los tropiezos del inconsciente, de la castración, de lo imposible, del amor, el deseo y el goce. ·      Usos Tanto Freud como Lacan nos enseñaron sobre el “uso” del síntoma, del tóxico, etc. No es mi idea realizar un rechazo de los avances de la tecnociencia, extraordinarios en el campo de enfermedades neurodegenerativas, para mencionar un área, donde los implantes neuronales, la neurofarmacología, o dispositivos controlados por las apps permiten mejorar ciertas condiciones en personas con lesiones severas. No es estar en contra, es estar advertidos de los usos y que es a partir de la falla, del tropiezo, como nos constituimos… al menos en la versión homo sapiens. El rechazo del cuerpo es el rechazo de la castración, es decir el rechazo de lo imposible, que abre paso a lo ilimitado de la pulsión que sabemos desde Freud es de muerte. Consumidor consumido.

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EFECTOS NEOLIBERALES EN LA RELACIÓN SUJETO-DROGA – Por Caroline Quixabeira

Practicante del Psicoanálisis en Goiânia – Brasil             Las substancias psicoactivas son parte indisociable de la historia humana, ocupando diversos espacios a lo largo de los siglos: marco de la relación del hombre con la naturaleza, de la conexión con lo sagrado hasta sus usos terapéuticos. En relación con las dos primeras formas incluían un uso ritual enlazado directamente a la cultura de un pueblo, la función medicinal permitió la separación de estas sustancias a nivel del lazo. Blanco directo del cientificismo fundado con el progreso del capitalismo, se acompaña desde el siglo 19 una transformación y una tergiversación de estos lazos agregando a estas substancias una característica diferente: la de producto.[1].             Este nuevo rasgo origina un mercado, el comercio de las drogas. En este sentido, sus modificaciones no se reducen a una transformación en producto, sino en las formas de capitalismo vigente a lo largo de los siglos. En el período de la Revolución industrial, primera gran expansión del capitalismo, las sustancias mantuvieron su dimensión comunitaria. Sus orígenes provienen principalmente de plantas como la hoja de coca, Cannabis, Papoula[2]  y otras, que requerían no solo la mano de obra para las plantaciones, sino también una infraestructura para su extracción, refinamiento y distribución. Entre tanto, en los últimos años acompañamos el desarrollo de un estadio mas avanzado, marcado por el neoliberalismo con sus políticas de constante crecimiento y ampliación sin ninguna responsabilidad en relación con los efectos[3]. Como consecuencia, el número de sustancias que circulan aumentó y es diferente de los tipos convencionales de los siglos anteriores, reduciendo también la necesidad de una amplia infraestructura. Estas nuevas drogas son mas potentes y de acción mas rápida[4], posibilitan una sinterización clandestina e individual de las estructuras químicas. Introduciendo en el uso de las sustancias su versión hipermoderna individual, tecnológica y mercadológica al servicio de la experiencia del usuario.[5] De modo que no se trata solo de una satisfacción pulsional, sino de una dimensión no-cuerpo, un retiro del campo de los discursos o del Otro, a partir de un modo de gozar sin ley ética y desprovisto de significaciones[6]. Santiago (2017) nombra esa práctica como un atajo cínico, al busca “un dominio del cuerpo capaz de evitar los dos mayores enemigos del hombre: placer y sufrimiento”[7]. Se trata, entonces, de una ruptura y no de un uso en su versión sintomatológica, de formación de compromiso, ya que no se supone un objeto.[8] A partir de este atajo, el uso de sustancias psicoactivas se presenta de una nueva manera. Envuelto en la experiencia de no-cuerpo, el hombre es un instrumento conducido por el químico, en un espacio de experimentación particular. En este sentido, su funcionamiento adquiere su rostro neoliberal, el de la libertad individual radical, al permitir que cada uno vivencia la droga en una soledad sin ley o ética. El cuerpo se vuelve una máquina conductora de experimentos con la capacidad de la tecnología, donde el atajo cínico no se reduce a evitar el placer o el sufrimiento, sino a poder vivenciar todo en una libre demanda. No hay interlocutores en el corto circuito hombre-droga capaz de insertar un límite, pues esta misma idea es el acto más grave dentro de una política neoliberal. De este modo, se vuelve “una máquina que avanza (…) sin importar si en el camino va perdiendo un brazo, un órgano o le disparan, lo mojan o lo queman”[9] El sujeto se fija en una conexión química individual que se ha vuelto hacia un mas de gozar que lo supera. No hay nada que perder, cuando no hay un cuerpo o un lazo. Ejemplificando por la vía del acto la versión neoliberal de un individuo: aquel que es tan responsable de sí mismo que ya no es responsable de nada. Traducción. Silvia Baudini [1] Informaciones obtenidas de la entrevista a Daniel Salas para Zadig Córdoba. [2] Planta de donde se extrae el opio [3] Leserre, A. (2019). La hidra neoliberal. Grama Ediciones [4] Informaciones obtenidas de la entrevista a Daniel Salas para Zadig Cordoba [5] Assef, J. (2016) El hiper-zombi: una posible interpretación de mutaciones del sujeto contemporanéo. In Mutaciones del sujeto contemporáneo.  p. 148 [6] Santiago, J. (2017). A droga do toxicômaco. Relicário. [7] Santiago, J. (2017). A droga do toxicômaco. Relicário. p.185 [8] Laurent, E. (2017). Três observações sobre a toxicomania. Pharmakon digital, n. 3 [9] Assef, J. (2016) El hiper-zombi: una posible interpretación de mutaciones del sujeto contemporáneo. In Mutaciones del sujeto contemporáneo.  p. 150 Efeitos neoliberais na relação sujeito-droga             As substâncias psicoativas são parte indissociável da história humana, ocupando diversos espaços ao longo dos séculos: marco da relação do homem com a natureza, da conexão com o sagrado até seus usos terapêuticos. Enquanto as duas primeiras maneiras incluíam um uso ritualístico ligado diretamente a cultura de um povo, a função medicinal permitiu o afastamento destas substâncias no nível do laço. Alvo direto do cientificismo fundado com o progresso do capitalismo, acompanha-se desde o século 19 uma transformação e uma deturpação destes laços agregando a estas substâncias uma característica diferente: a de produto[1].             Este novo traço origina um mercado, o comércio das drogas. Neste sentido, suas modificações não se encerram na transformação em produto, mas nas formas de capitalismo vigentes ao longo dos séculos. No período da Revolução Industrial, primeira grande expansão do capitalismo, as substâncias mantiveram sua dimensão comunitária. Suas origens advieram principalmente de plantas como folha de coca, Cannabis, Papoula[2] e outras, que demandavam não só a mão de obra para as plantações, como também uma infraestrutura para sua extração, refino e distribuição.             Entretanto, nos últimos anos, acompanhamos o desenvolvimento de um estágio mais avançado, marcado pelo neoliberalismo com suas políticas de constante crescimento e ampliação sem qualquer responsabilidade com os efeitos[3]. Como consequência, o número das substâncias que se circulam aumentou e é distinto dos tipos convencionais dos séculos passados, reduzindo também a necessidade de ampla infraestrutura. Estas novas drogas são mais potentes e de ação mais rápida[4], possibilitam uma sintetização clandestina e individual das estruturas

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Traficante de la palabra – Por Mari Paz Rodriguez

Miembro de la Asociación de la Causa Freudiana en Île-de-France Trabaja en psiquiatría con el Grupo Hospitalario Paris-Sud y en consultorio en Paris. La entrevista al científico Daniel Salas, ideada por Silvia Baudini para Zadig Córdoba, me genera varias preguntas. Al titularse «Empatías químicas en la trama social», uno podría imaginarse que el rol de las drogas que él nos presenta, las drogas sintéticas, servirían para generar un nuevo lazo social entre los jóvenes. Pero justamente no se trata de eso en la utilización actual de las sustancias psicoactivas. Habla de una proliferación de las sustancias a nivel cuantitativo, pero también a nivel subjetivo si se quiere, ya que la ideología capitalista reinante, el famoso “carpe diem”, “no hay tiempo que perder”, “todo tiene que ser ya”, son máximas que promueven experiencias intensas en breves periodos de tiempo para poder inscribirse en el mundo instagramable en el que vivimos. Mas allá de las sensaciones de bienestar o de conexión con algo del orden de lo divino que solían proporcionar las drogas en la civilización, aquí Salas pone el foco en el cambio de paradigma que se produce al crear drogas de forma artificial, que además deben mutar para poder seguir teniendo efectos, ya que los consumidores las suelen mezclar y hacer un uso inadecuado de ellas, y a pesar del falso semblante de “comunión” que puede atisbarse cuando observamos a los más jóvenes tomar estas drogas para soportar más horas y “consumir” de manera más intensa el momento festivo, no dejan de ser muchos Unos-solos, sin conexión, que gozan autísticamente con su cerebro. Cuando pensamos en el cannabis, la ayahuasca o hasta en la pipa de la paz, nos imaginamos momentos clave en los que las civilizaciones han conseguido objetivos importantes del lado de la empatía social, donde se pueden llegar a acuerdos o se logra conectar con la naturaleza o los dioses, al estilo Avatar de James Cameron. En ese sentido, estas sustancias psicoactivas no han evolucionado o mutado a través de los siglos, más bien siguen constituyendo una herramienta para abordar algo del Otro, o incluso del Uno (aprendí gracias a los colegas de la NEL-Lima que ciertos psicoanalistas se sirven de la ayahuasca para acceder más rápidamente a recuerdos inconscientes, obviamente no son colegas lacanianos los que se lanzan en esta empresa). Pero con la introducción de las nuevas sustancias psicoactivas observamos que incluso su producción no requiere un trabajo y organización colectiva, ya que se pueden sintetizar de manera clandestina e individual. Además, un usuario puede comprar estas sustancias por internet, con envíos digitalizados y consumirlos de manera totalmente anónima. De esta forma, Salas concluye diciendo que no solo la producción, distribución y venta de estas nuevas drogas empujan al uno-solo, a través de “micro-tramos individuales”, sino que también, estas drogas que supuestamente buscan una sensación de conexión breve e intensa con el Otro, nada tienen que ver con el amor, como puntúa el psicoanalista Jorge Castillo. ¿Qué puede aportar un psicoanalista a un sujeto adicto a estas sustancias? Jacques-Alain Miller indica que, en la droga, la posición subjetiva está implicada, y que el problema consiste en obtener del sujeto el sentido que se le da a la adicción, “y en particular el sentido sexual de su dependencia”[1]. Esta sería la brújula que orientaría la práctica con los pacientes adictos, suponiendo que una movilización de la palabra puede redistribuir el goce, y por lo tanto reorganizar ciertas elecciones del sujeto. En su texto, Miller nos recuerda que la elección de la droga siempre está condicionada por el significante. Para concluir, me gustaría recomendar la emisión de Studio Lacan titulada “Chemsex, le sexe sous substance avec Pierre Bonny”[2] donde este último recuerda que incluso si la adicción supone una ruptura con relación al otro y produce una iteración del goce, el psicoanálisis propone cernir la dimensión significante de este comportamiento. Retomando los términos de Miller, se trataría de “dealer de la parole”, es decir, negociar con la palabra. [1] Miller J.-A., « La drogue de la parole », Accès à la psychanalyse, n°15, septembre 2023, p. 21. [2] https://www.youtube.com/watch?v=EONxRRS1yhI

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Experiencias sin cuerpo, conexión sin lazo – Por María Micale

Analista practicante en Ciudad Jardín, El Palomar, Bs. As. El consumo de sustancias se ha extendido, sobre todo entre los jóvenes. En la entrevista “Empatías químicas en la trama social”[1] Daniel Salas ilustra el cambio de paradigma respecto de consumos de otros tiempos. Lo nuevo es que las sustancias entran en la lógica del mercado actual: potentes, rápidas y en mutación constante. Estas características pueden estar referidas a cualquier producto que se quiera comercializar hoy, incluso en el campo de la salud mental. La dictadura del plus de gozar que impone el mercado devasta la naturaleza, modifica la relación con el cuerpo y hace estallar los lazos. Una joven dice en el consultorio que frente a las malas vibras de algunas personas, las Pasti, además de la intensa experiencia en el cuerpo, el calor y las ganas de bailar, hacen que en las fiestas todos sean amables, que todos se integren. Surgen entonces al menos, dos interrogantes. ¿De qué se trata esa experiencia en el cuerpo? Como Lacan nos enseña en el Seminario 23, “uno tiene un cuerpo, no lo es en grado alguno”[2], pero para eso tiene que haber algo de la palabra encarnada, asociación que no va de suyo. Hace falta el eco de una palabraen un cuerpo que permita una satisfacción. Cuando la palabra no hace marca, pareciera que las sustancias son una manera de lograr una experiencia de goce, apuntando directamente al organismo. Silenciosas adormecen a los sujetos y los conducen a una entrega sin límites a la oferta de drogas sintéticas asociada con la pulsión de muerte. Estas conexiones químicas, ¿son la evidencia del profundo deterioro en los lazos? En la actualidad la palabra está devaluada, ya no tiene el peso, la encarnadura que tenía en la época en donde el Nombre del Padre era un significante que limitaba el goce, un semblante en el que se creía. Hoy, la increencia en los semblantes deja al sujeto sin velo frente a lo real. Allí surge la desconfianza hacia el semejante, tierra fértil para la paranoia cada vez más presente en lo social. Las conexiones químicas provocadas por las drogas son la evidencia de que no se trata ni del amor ni de la inserción de estas prácticas en la cultura. Dicho de otro modo, no se trata de “lo que atempera lo imposible de soportar”[3]. Conexión no es lazo. El lazo es el intento entre los seres hablantes de hacer algo con el goce del cuerpo que no entra en sintonía con el goce del cuerpo del semejante, una forma de hacer con el otro a pesar de la diferencia absoluta, irremediable e incurable. Es en el espacio de un análisis donde se pone en juego esa diferencia. Frente al avance del capitalismo plus ciencia, como lo llamó Miller, donde reina el Uno solo del goce es necesario que el discurso psicoanalítico se inserte en lo social y en lo político. Los analistas y practicantes del psicoanálisis tenemos el desafío de hacer valer nuestra posición ética en distintos ámbitos de la sociedad. Apostar al psicoanálisis como único discurso que no rechaza lo real, sino que lo incluye para que la potencia del síntoma singular permita una defensa más digna. [1] Agradezco a Silvia Baudini y Jorge Castillo por la iniciativa para establecer intercambios con otros discursos mediante la entrevista “ Empatías químicas en el lazo social”, publicada en este blog La patria del sinthoma. Enero, 2026. Recuperado en https://lapatriadelsinthoma.wordpress.com/2026/01/08/empatias-quimicas-en-la-trama-social-entrevista-a-daniel-salas/ [2] Lacan, J.(1975-1976), El Seminario, Libro 23, El Sinthome, Editorial Paidós, Bs. As., 2018, p. 147. [3] Miller, J. (1984), Matemas II. Lacan clínico, Editorial Manantial, Bs. As, 1988, p. 127

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Incesante devenir de lo nuevo – Por Mariana Torres Jiménez

Practicante en Salta Capital Asociada a la EOL Delegación Salta Este texto surge como resonancia a partir de la entrevista llevada a cabo por la movida Zadig, la patria del síntoma, a Daniel Salas, titulada “Empatías químicas en la trama social”. A lo largo de la entrevista, Salas desarrolla una serie de ejes de gran interés. En particular, resulta significativa la distinción que establece entre las sustancias convencionales y las nuevas, no solo en términos químicos, sino también a nivel social. Comienza con un recorrido histórico respecto del uso que se hacía de las sustancias a nivel cultural. En la actualidad, las modalidades de consumo se orientan más bien hacia una lógica mercantil en expansión, al consumo solitario, con el permanente devenir de lo nuevo, en la búsqueda de experiencias cada vez más intensas. A mi entender, esta lógica no se limita al campo del consumo de sustancias, sino que se extiende a diversos ámbitos de la vida contemporánea, entre ellos, las redes sociales. Un ejemplo de ello puede observarse en el fenómeno del “trending”: los contenidos en tendencia puede tener una alta repercusión, aunque de carácter marcadamente efímero; rápidamente se reemplaza por nuevos contenidos. Todo aquello que se ha inscripto se vuelve historia, deja de ser un producto de consumo. ¿A qué se debe este pasaje constante entre lo viejo y lo nuevo? Desde mi perspectiva, este devenir incesante de lo nuevo puede pensarse como efecto del desfallecimiento del orden simbólico. La distinción que Salas introduce en los primeros minutos de la entrevista me llevó a interrogarme sobre el modo de gozar en los sujetos contemporáneos: sujetos que consumen drogas experimentales, en ocasiones producidas por un experimentador, de las cuales no se sabe qué efectos generan, que no se encuentran bajo ningún marco de regulación. Al ingresar estas sustancias a un marco regulatorio, a mi entender, ya no serían tomadas como objetos de goce, ya que entrarían en la maquinaria del lenguaje y, al hacerlo, surgiría la repetición de ese modo de gozar con una sustancia particular. A partir de la escucha de la entrevista, me interrogaba si en la actualidad se podría pensar un modo singular de gozar que resista a inscribirse y enlazarse al S2 del lenguaje, en el cual no se lleve a cabo una elaboración de saber. Esta reflexión me remitió al curso de Jacques-Alain Miller “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”. En el apartado sobre lo real y el semblante, Miller plantea que la significantizaciónlleva a cabo dos operaciones: una es la elementalización y la otra la legalización de lo real, dos operaciones que elevan lo real a la calidad de significante. A mi entender, se produce la primera de estas operaciones, pero cuando entra en juego la segunda —aquella en la que lo real es atrapado por el saber—, deja de ser un producto para el goce. De este modo, se persigue entonces la experiencia gozosa en sí misma, llevando al límite el cuerpo como organismo, produciendo tolerancia pero no dependencia respecto de una sustancia particular, sino más bien de nuevas experiencias a secas: sin sentido, desreguladas, deslimitadas. Cabe entonces preguntarse si es posible pensar estas modalidades como modos de gozar sin inscripción significante, modos de gozar del Uno, en los que no se produce el anudamiento entre los registros. Se trataría así de un devenir constante e incesante de experiencias de goce, vivenciadas en el cuerpo del parlêtre, que rechazan una elucubración de saber sobre ese modo de gozar. Referencia bibliográfica Miller, J. A., “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”, Paidós, Buenos Aires, 2008.

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RESONANCIAS – Por Ana Simonetti

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana Adherente al CIEC Participante del Nudo La patria del sinthoma La entrevista realizada a Daniel Salas recientemente en este espacio, Master y Experto Químico de la ONUD (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el delito) entre otras especialidades, provocó mi interés en varios puntos, interés apoyado en el desconocimiento del tema que aborda y las aristas que se destacan. Tomo sólo 3 que se entrelazan: 1- En primer lugar el título que entiendo parte de los organizadores de la entrevista Empatías químicas en la trama social, plural que me sugiere un campo diverso de comunidades, grupos, tribus como se menciona, que eligen, se identifican, gustan de sustancias químicas, generando esos agrupamientos una trama social. 2- Lo nuevo, en sustancias psicoactivas. Si lo nuevo es una demanda permanente del hombre actual, es el elemento que en la oferta ocupa el primer lugar cual anzuelo de pesca de clientes. Salas hizo un interesantísimo historial de sus usos desde épocas antiguas. Destaco que antes de la era de la industria de todo  tipo de objetos, eran impensables estas sustancias como producción y distribución, menos aun atravesando fronteras y continentes como ocurre hoy. La distinción que hace  entre sustancias convencionales y sintéticas industriales modernas, revela que son ambas vehículos de la pulsión de muerte en su uso extremo, podemos decir que es la muerte comercializada como objeto de compra, al decir de Eric Laurent.[1] El objeto tecnológico que invade el planeta y genera un uso ligado a la pulsión escópica e invocante hasta una adicción que  puede ser extrema, sin contar con la posibilidad sublimatoria de su uso. Así se distingue de modo radical del objeto sustancia que se ingiere cual objeto oral y produce variedad de efectos en el cuerpo: aceleración, estimulación, cambios de ánimo, desconexión, disociación, entre los mencionados, al punto de considerar el sujeto que es imprescindible para la vida. Paradoja de la muerte como objeto de consumo para vivir. 3- El poder político. Recibimos consternados noticias que protagoniza el presidente norteamericano haciendo gala de combatir el narcotráfico, de limitar el crecimiento de ese mercado cuando él mismo encarna un sin límite transgresor, donde hay la “afirmación de un goce que desafía la civilización y que puede al mismo tiempo plantearse como héroe cultural en defensa de la civilización”[2]. Entonces, cómo no considerar el borramiento de los límites en relación al riesgo para el consumidor y en relación a lo que Daniel Salas plantea de la circulación de más de 1400 sustancias tóxicas, cifra en crecimiento, para el consumo de sujetos que quieren experimentar cada vez con mayor intensidad y rapidez. Donde la trama social desaparece tras el un-dividualismo, y la expectativa de un lazo social vivible permanece como Ideal fagocitado por el objeto. [1] Laurent, E. Conferencia “Criminología y violencia”, INES, México, 2023. Disponible en Youtube [2] Ibíd.

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Destellos de un decir – Por Ivana Villalobos

Adherente al CIEC “No hay que ser fuerte para enfrentarse al fascismo en sus manifestaciones delirantes y ridículas:  hay que ser fortísimo para enfrentarse al fascismo como normalidad, como codificación, diría yo, alegre, mundana, socialmente elegida, del fondo brutalmente egoísta de una sociedad.”  P. Pasolini La avanzada de victorias de partidos de ultraderecha bajo la bandera de un fascismo renovado, expuesto y socialmente aceptado, se me presenta como ininteligible. Evidentemente este movimiento ha capitalizado el descontento social. Ha operado también el aumento del individualismo con valores de libertad, propiedad y ganancia individual por encima de lo colectivo. El individualismo se relaciona con el término “idiota” que viene del griego idiotes que originalmente describía a una persona privada, ajena de los asuntos públicos y políticos. Cito a Miller para aclarar que “lo individual no es lo subjetivo. El sujeto no es el individuo (…) Lo individual es un cuerpo, un yo. El efecto sujeto que se produce en él, y que perturba sus funciones, está articulado con el Otro. Esto es lo que llamamos lo colectivo o lo social.” Es decir, podríamos conjeturar que el empuje al individualismo reduce a ser un mero cuerpo desprendido de lo político. La propagación de ideas neofascitas se inyectó, entonces, en individuos despojados de las ficciones de la historia, en constante (in)satisfacción con los novedosos productos del mercado. El neofascismo como forma de aglutinación no discursiva hoy más bien se presenta como consecuencia de la implantación durante años del sistema capitalista.  Mencius Moldbug, un teórico de la ideología neorreaccionaria que acompaña el nacional-liberalismo de Trump explica que: “la revolución contemporánea tiene que realizar una completa sustitución del Estado por un sistema operativo cuya lógica es la eliminación de todo aquello que no es eficiente en términos económicos.” El prefijo “neo” fascismo se refiere a que el Estado no se instaura como totalitario sino, por el contrario, se trata de la destrucción sistemática del Estado como marco operativo y regulatorio de un país para la instauración de un mercado desregulado que provoca la desprotección y a la larga la aniquilación de las minorías. Frente a este panorama del que somos contemporáneos, me oriento de un texto de Laurent, donde plantea que el análisis freudiano de los partidos fascistas de los años 30 suponía la identificación paterna. En cambio que los líderes actuales tenían la característica de “pasarse del padre”. Lideres que no son el Uno, sino que ofrecen la reducción del lazo simbólico con la propuesta de una experiencia de goce bajo el “régimen de burbujas de odio”. Se ha aglutinado la masa a partir de un discurso de odio legitimado.  Si entendemos con Lacan que el inconsciente es la política, es porque creemos que su tarea es “dilucidar qué es el inconsciente a partir del lazo entre los cuerpos.” Cuerpos movidos políticamente a partir de un goce que hace circular lo colectivo. Pero si estamos observando este socavamiento sistemático del proceso de subjetivación, podemos inferir no sólo que a esta política no le interesa dilucidar qué es el inconsciente, sino quiere eliminarlo con la erradicación del lazo entre los cuerpos, ofreciendo una experiencia individual de goce.  ¿Qué diferencia habría entre el empuje actual al individualismo bajo la fórmula living my own life y lo que encarna el deseo del analista que “es el deseo de separar al sujeto de los significantes amo que lo colectivizan, de aislar su diferencia absoluta”? La diferencia principal es que el psicoanálisis ofrece una experiencia atravesada por la castración, diferenciándose de una posición cínica, defendiendo a ultranza el lazo de cuerpos afectados por otros cuerpos. Sabiendo que dependemos de un Estado de derecho y de las infraestructuras sociales creadas para que esos cuerpos tengan soporte. Le toca al psicoanálisis, entonces, no deponer las armas: La interpretación. En tanto cuerpo vivo portando un decir con efecto disgregador que aliente la búsqueda de salidas frente a lo que se nos presenta como imposible de soportar, sigue siendo nuestra tarea.

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Protocolos, evidencia y exclusión. Resolución 3050/2025, Programa Nacional de Formación en Salud Mental – Por Alejandra Glaze

Miembro de la EOL y la AMP Miembro del Consejo Estatutario de la EOL Direccion Ejecutiva del IOM3 El 5 de diciembre de 2025 se publicó la Resolución 3050/2025 que crea el “Programa Nacional de Formación en Salud Mental”. Su propósito declarado es mejorar la formación, promover buenas prácticas. La discusión se abre en otro nivel: qué concepción de lo clínico se inscribe en el dispositivo y qué efectos produce cuando la Salud Mental queda organizada bajo una lógica de estandarización. El Ministerio dice en su comunicación pública: “el Programa impulsa la adecuación de los planes de estudio de las disciplinas afines a los marcos normativos y la evidencia científica vigente”. Sin embargo, esa “evidencia científica” no figura en el texto normativo, aunque se sugiere en su formulación. No discuto el valor de la investigación ni de ciertos consensos técnicos, pero sí el uso político de esa palabra: “evidencia” pasa a significar “lo que se deja medir”, y lo que no se mide queda sospechado de irrelevante. Ese restoes central: la dimensión del decir, el síntoma como invención, la solución de cada quien. El Anexo gira en torno a “protocolos”, “estandarización de procesos”, “indicadores”, “evaluación de impacto”. Yamplía destinatarios a fuerzas de seguridad y Poder Judicial. Cuando el corazón del dispositivo es el procedimiento y la medición, el riesgo es que la Salud Mental se convierta en una gestión donde lo singular pasa a ser un “desvío” a corregir. Hace un tiempo propuse una figura para leer la época: el “cuerpo-Excel”. No como concepto clínico, sino como metáfora de gobierno: la traducción de cuerpos y lazos en planillas, métricas y algoritmos, bajo el imperativo de la “eficiencia”. Frente a esta Resolución, insisto en la necesidad de sostener el caso por caso.  La Resolución habla esa lengua. Se insiste en “unificación” y “calidad” mediante estandarización, aunque en la Salud Mental la excepción no es un accidente: es la regla. Un ataque de pánico no es un “evento” que se gestiona igual en todos los cuerpos, y la singularidad es condición de su tratamiento. Si el programa avanza hacia “contenidos mínimos obligatorios” y lineamientos únicos, la pregunta es inevitable: ¿qué lugar quedará para la invención sintomática? Hay además un punto político: la inclusión de las fuerzas de seguridad y operadores judiciales. Puede haber urgencias en las que esos actores intervienen, pero si la urgencia se “protocoliza” en clave punitiva, el sufrimiento tiende a tratarse como amenaza, como algo a neutralizar y no como algo a escuchar. Así, aumenta la segregación, se etiquetan y descartan sujetos, bajo el rótulo de “calidad”. Vuelvo a la palabra “evidencia”. En medicina, la evidencia suele apoyarse en ensayos, promedios, poblaciones. En Salud Mental, no alcanza. ¿Qué indicador registra el punto subjetivo que hace posible una demanda? Con Lacan, la verdad es “no toda”, y eso vale también para la política sanitaria: toda promesa de cobertura total produce exclusión de lo que no entra. Hay solo una “evidencia” que le concierne al psicoanálisis: la del caso, la posibilidad de mostrar con precisión cómo un síntoma se transforma cuando se introduce un decir. Una evidencia que no clausura, que no esconde lo real bajo un formulario. Y queda una paradoja, que es que el programa se declara “sin erogación presupuestaria”. En la Argentina real, eso suele traducirse en menos recursos para sostener dispositivos concretos. En Salud Mental, esa falta no queda en el aire, se compensa con precarización y con la naturalización de concurrencias ad honorem en hospitales que terminan funcionando como el sostén de la atención y la formación. Si queremos hablar en serio de derechos, empecemos por presupuestos, equipos y condiciones de trabajo; no solo por una plataforma, un formulario y una guía de seguimiento. Una política pública en Salud Mental se juzga menos por sus slogans que por lo que hace con lo que no encaja. En eso, el psicoanálisis es un testigo incómodo, porque no promete eficiencia, sino que apuesta a que haya un sujeto.

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El PODER POLÍTICO Y LA SEGREGACIÓN − Por Ana Simonetti

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana Adherente al CIEC Participante del Nudo La patria del sinthoma Zadig, La patria del Síntoma, hizo lugar recientemente a reflexiones de las repercusiones del último embate al psicoanálisis en el parlamento francés.  No podemos olvidar otros anteriores: 2003 J.-A. Miller a partir de un artículo de un diario francés en relación a otro embate parlamentario, hizo saber de “La utilidad social de la escucha” que circuló en el mundo y en las lenguas que habitan la Asociación Mundial del Psicoanálisis.  Pero mucho antes, si consideramos la época de Freud, sabemos de los cuestionamientos recibidos a la doctrina y la práctica del psicoanálisis, y, aún más, cuando introdujo la reflexión sobre si los legos podían ejercer el psicoanálisis. Seguramente a través de casi siglo y medio de su creación, cada psicoanalista podrá tener presente pequeñas o grandes situaciones de ese tenor en ámbitos diversos.  En nuestro país, en distintas épocas, vivimos situaciones muy complejas en instituciones asistenciales públicas y privadas, en obras sociales, en ámbitos  académicos como la universidad, donde en tiempos de dictaduras cívico militares cerraron facultades de psicología o en algunas se suspendieron las cátedras de psicoanálisis.  Con idiosincracias diferentes, las sociedades hemos padecido y padecemos la implementación de políticas restrictivas del ejercicio y/ o la  difusión del psicoanálisis, a veces bien contundentes, otras más sutiles. También considero que hay otros sesgos ligados a la practica clínica que podemos tener en cuenta, aristas que por consecuencia de políticas sanitarias que incumplen los principios elementales de nuestra Carta Magna, como la responsabilidad del Estado de garantizar el derecho a la salud de los ciudadanos, entre otros, desencadena consecuencias de riesgo, de gravedad hasta llegar a la muerte de personas ( ej, uso reciente de fentanilo). En tal caso, no dejo fuera de este sesgo, la reciente implementación de la suspensión de los subsidios a las discapacidades por la degradación de ellas por parte del Estado,  donde queda incluida la prestación que los practicantes psi realizan a este colectivo, prestaciones donde está incluido el psicoanálisis. Aquí agrego una reflexión: entonces, ¿la Carta Magna de una Nación, en estos tiempos que corren, perdió su poder de ser rectora del funcionamiento y regulación de las funciones de un Estado? Este “incumplimiento”, va llevando a los ciudadanos a naturalizar, como se dice ahora, que los hospitales y las obras sociales se vacíen de profesionales, que sus salarios sean indignos, que los turnos sean inalcanzables, que la libertad de elección del profesional se haya borrado de las aspiraciones de cualquier persona, etc., etc. J.-A. Miller con su propuesta de “año 0”, incluye el “llevar el psicoanálisis a la política”, campo profundamente dominado por la segregación, como interpreto en lo que precede, en el campo sanitario. Hay otros.  Entonces, los psicoanalistas debemos no solo estar atentos a los embates −políticos− en relación al psicoanálisis, sino, entiendo que en un doble movimiento, si consideramos llevar el psicoanálisis a la política, debemos  posicionarnos claramente en nuestra ética y sus fundamentos. Cada psicoanalista en ámbitos diversos −y en especial de la Salud Mental− es un agente de esta ética, su formación en una Escuela debe permitirle hacerse agente de una enunciación potente, contraria a la segregación, además de promover los debates oportunos en el seno mismo de nuestras instituciones así como en otras. Una Escuela de psicoanálisis, base de operaciones, “laboratorio de producción de identificaciones desegregativas”, al decir de Eric Laurent (1), que habilite invenciones de acción que apunten a revertir las operaciones del discurso del amo. 11/12/25                                                                                                              1- Laurent, E. «Política del Pase e identificación desegregativa», Revista Lacaniana 26, EOL, Bs. As., 2019, p. 103.

Textos y Entrevistas

El Estado: ¿Ahorrador o Miliciano? – Por Deborah Gutermann-Jacquet

Psicoanalista en París Miembro de la Escuela de la Causa Freudiana (ECF) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis *Publicamos este texto de gran actualidad que se inscribe en el debate sobre el valor del psicoanálisis en la salud pública y la libertad de elección. La enmienda, redactada el 14 de noviembre de 2025 por cuatro senadoras y senadores en el marco del proyecto de ley de financiación de la Seguridad Social para 2026, opta, para lograr ahorros en un contexto donde se invoca la «solidaridad nacional», por eliminar pura y simplemente el psicoanálisis de la esfera pública. Él sería, por lo tanto, el enemigo a batir, en nombre del presupuesto, pero también de la ciencia. ¿El argumento económico parecía demasiado débil así que se le añadió otro, esta vez basado en la experiencia? Sin embargo, a juzgar por los recurrentes ataques que sufre el psicoanálisis, parecería más bien que el argumento económico es simplemente la nueva forma de una guerra ideológica que, desde El Libro Negro del Psicoanálisis, ha resurgido constantemente, bajo diferentes formas, pero con un objetivo inmutable: prohibir el psicoanálisis difamándolo. El objeto de la enmienda es simple: «A partir del 1 de enero de 2026, los tratamientos, procedimientos y prestaciones que se declaren psicoanalíticos o basados ​​en fundamentos teóricos psicoanalíticos no darán lugar a reembolso o contribución financiera del seguro médico». Esto significa, por un lado, la sentencia de muerte de toda práctica psicoanalítica en instituciones (cuya lista es tan larga como variada, desde hospitales hasta centros de salud mental (CMP) y centros de día (CATTP)…), y apuntará lógicamente a todo practicante privado que, directa o indirectamente, se apoye en el psicoanálisis. Pero también implica que el Estado, en lugar de ser ahorrador, se vuelvamiliciano. ¿Qué hacer con el formulario de reembolso de un psiquiatra que haya publicado artículos sobre psicoanálisis? Para ser consecuentes, habría que rechazar su reembolso y excluirlo. El Estado, con el fin de «garantizar la coherencia científica y la eficiencia de los gastos de la seguridad social», pretende censurar, reprimir y etiquetar. ¿Es esto ciencia? Causa risa también ver escrito, negro sobre blanco, que se sostiene la «libertad de elección de los pacientes» y la «libertad de práctica de los profesionales», mientras que los pacientes solo podrán acceder a la oferta monocromática (y no definida) del Estado dentro de las instituciones. ¿Qué pasa con el profesional que se orienta por el psicoanálisis, aquel cuyas prácticas se consideran aquí «inadaptadas» y «contraproducentes»? ¿Sigue siendo «libre» cuando, formado en «salud mental», se entiende que no puede postularse para ninguna institución sanitaria? Libertad significa en adelante prohibición. Con una mano, se queman los libros de Freud y Lacan; con la otra, se proclaman la razón, la ciencia y la libertad. Solo en los sistemas totalitarios se encuentran tales aberraciones en el uso de la lengua. Sería un error considerar esta arma únicamente desde una perspectiva económica. Ella no es más que una fachada tras la cual se expresa una amenaza a la democracia misma. Porque si la caza de brujas comienza mañana en los hospitales y continúa pasado mañana en los consultorios, entonces tendrá que extenderse a las universidades, donde también habrá que desalojar al enemigo. Ya lanzada, ¿dónde se detendrá? No es el presupuesto de la Seguridad Social lo que está en juego, sino una elección de sociedad. Traducción: Jorge Castillo.

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