Psicoanalista en Montevideo. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Coordinador general de la Delegación Uruguay de la EOL La guerra es una construcción humana, los derechos de autor son solo nuestros, los animales no entran en guerras. La guerra es efecto del lenguaje y la palabra. Inherente al ser humano, lo atraviesa desde el mismo momento donde la palabra existió. La guerra quizás sea la construcción más perfecta y definitiva del hombre, la autodestrucción innata que llevamos a cuestas y que no está dispuesta a renunciar. Quizás el fundamento mayor de lo absurdo de esto, esté relacionado a lo que Freud nombró como pulsión de muerte: “El ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino la tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infringirle dolores, martirizarlo y asesinarlo.[1]” El avance de las ciencias no sólo no ha logrado aplacar la pulsión de muerte sino que le ha fortalecido. Parece paradójico que el avance de la ciencia teóricamente pensando para mejorar la calidad de vida, es lo que nos está llevando inexorablemente al camino de la autodestrucción. Paradojas de la modernidad. Hoy la tecnología se ha desarrollado de tal forma que no es necesario combatir cuerpo a cuerpo en una guerra, un dron ejecuta el trabajo con precisión. Las guerras ya no son a campo abierto, se desarrollan en las ciudades, donde los civiles inocentes son parte del espectáculo que se ofrece en tiempo real por los medios de comunicación y las redes. Marie Hèléne Brousse[2] plantea que estamos en un tiempo confuso donde la mayoría de las ciencias produce un real sin sentido, y son las religiones las que proponen sentidos. No es casual que las guerras hoy fundamenten su discurso en la religión. Pulsión de muerte, religión, tecnología, declinación del Nombre del Padre, un cóctel explosivo, uno conformado por un nuevo orden que mezcla creencia y mercado, produciendo como efecto la incertidumbre e inestabilidad que hace a la pulsión de muerte hacer su trabajo con mayor eficacia. [1] Freud, S. (1930 -[1929]). “El malestar en la cultura”. Obras completas, Vol. XXI (2001). Buenos Aires. Amorrortu. [2] M. H. Brousse, El psicoanálisis en la hora de la guerra, Bs As. Tres Haches, 2014. Fotografía seleccionada por el editor del blog.