Feminismos

Feminismos, Textos y Entrevistas

El consentimiento en nombre de La familia grande

En esta ocasión, compartimos el texto publicado en Lacan Cotidiano Nº910  LQ-910-BAT.pdf y difundido por este Blog con la amable autorización de su autora. Asimismo, y siguiendo nuestra conversación sobre Feminismos, los invitamos a la lectura de los siguientes escritos: Contra el neo-feminismo. Por Annie Le Brun, en Lacan Cotidiano 911 LQ-911-BAT.pdf Feminismo y transactivismo, ¿mismo combate?. Por María Paz Rodríguez, en Lacan Cotidiano 911 LQ-911-BAT.pdf Entre mi vida y el neo-feminismo. Por Cristiane Alberti, en Lacan Cotidiano 914 /LQ-914-BAT.pdf El consentimiento en nombre de La familia grande. Por Clotilde Leguil ¿En nombre de qué, el sujeto consiente a eso que, sin embargo, no desearía? ¿En nombre de qué se deja hacer, aunque tenga que pagar el precio de “una inmensa culpabilidad de existir”? [1] El libro de Camille Kouchner La Familia Grande, después del de Vanessa Springora sobre Le Consentement, nos conduce a las raíces de la experiencia enigmática del consentimiento. Porque el consentimiento no es solamente un hecho de sujeto libre y esclarecido. Toca a lo más íntimo de un sujeto que, para existir, tiene necesidad de confiar en alguien. En ese sentido, quien traiciona un consentimiento, manipula la confianza y la fe en la palabra. En este libro está, en efecto, la cuestión de un hecho de consentimiento que nos muestra que el abuso puede comenzar subrepticiamente, simplemente a partir de eso que se ha escuchado, eso que se ha sabido y que viene a inmiscuirse en el corazón de la vida íntima de un ser, aquí de una adolescente. “El entraba en mi cuarto y por su ternura y nuestra intimidad, por la confianza que yo tenía en él, todo delicadamente, sin violencia, en mí se instalaría el silencio”, [2] escribe ella. El abuso es así, el poder que hace callar al sujeto sin que siquiera él lo perciba. Lo que Camille Kouchner demuestra así, es que tener confianza, cuando se tiene catorce años, es una condición indispensable para albergar su ser. Tener fe en las palabras, de alguien a quien uno se remite, es creer en el Otro, pero también en el mundo. ¿Cómo existir si no? Entre ceder y consentir “Mi culpabilidad es la del consentimiento. Soy culpable de no haber frenado a mi padrastro, de no haber comprendido que el incesto estaba prohibido”. [3] Camille Kouchner se siente culpable de su propio consentimiento. ¿Pero debemos pensar que la adolescente que se calla, como le pide su hermano con sus palabras: “si tú hablas, yo muero”. [4] consiente verdaderamente a ese silencio? ¿Es porque ella mantiene en secreto la confidencia que su hermano le ha hecho y por obedecer, bajo el golpe del poder, a ese silencio que le impone su padrastro, que ella consiente? Si el consentimiento puede abrir la vía al abuso y más precisamente a un “dejarse abusar” en todos los sentidos del término, también hay una zona imprecisa entre “ceder” y “consentir”. Yo querría volver, a través de la lectura de este libro, sobre el aforismo “ceder no es consentir”, para mostrar hasta qué punto la frontera entre “consentir” y “ceder” es a la vez necesaria y al mismo tiempo precaria. En un sentido y como ella lo dice, ha consentido, es verdad. Pero ella ha consentido sin saber a lo que consentía, ella consintió a lo que no comprendió ni eligió. Su consentimiento al silencio no se funda tanto en una insondable decisión del ser, como que, es ya el efecto del trauma. Ella ha cedido a la situación más que la ha consentido, forzada por su padrastro a elegir entre “perder el mundo que era el suyo”, el de la familia grande, o callarse. Este relato permite así aproximar esta frontera entre “ceder” y “consentir”, donde se revela a veces que un sujeto no dispone de medios para decir “no”. Respecto del suicido de Paula, su abuela, acontecimiento trágico que precedió al abuso sexual por su padrastro a su hermano mellizo, Camille Kouchner escribe: “Aquel día me escondí por el miedo”. [5] Desde entonces, luego de ese suicidio, vacilan los fundamentos de su mundo, es entonces que su madre se apaga y no está más para ella y su padrastro, adorado hasta allí, abusa de su hermano gemelo. La adolescente de catorce años queda entonces abatida, estupefacta, por el sometimiento a este hombre que vino a ocupar el lugar del padre faltante. Se atormenta por el miedo de que otro drama surja, que un suicidio se repita en la familia: el de su madre gravemente debilitada por la pérdida violenta de su propia madre. La culpabilidad de no haber sabido decir “no”, la culpabilidad de haber dicho “sí” a lo que no ha discernido, callándose, es a partir de allí lo que la habita, la hidra que la envenena, como ella la nombra. Bucear en las raíces del consentimiento, nos muestra que en el origen de la culpabilidad experimentada luego del traumatismo sexual y psíquico, una experiencia de “dejarse hacer” le vuelve al sujeto bajo la forma de enigma. ¿Por qué se deja hacer “por el otro? “Yo tenía 14 años y lo permití. Yo tenía 14 años y dejando hacer, es como si yo misma lo hubiera hecho. Yo tenía 14 años, sabía y no dije nada”. [6] El sujeto abusado por el otro, se reprocha posteriormente por haber cedido a una situación que forzaba su consentimiento. El sentimiento de la falta, de su falta, allí está el estigma de la experiencia de “someterse” bajo el golpe del que usa el poder. ¿Pero en nombre de qué finalmente el sujeto se somete?  En nombre de … Hay siempre un “en nombre de”, que hace consentir y cerrar los ojos. Hay siempre un “en nombre de” que empuja a someterse. Hay siempre un “en nombre de”, que invita a la dimisión de sí mismo. Pero es también “en nombre de” que el sujeto puede un día despertarse y desobedecer, en fin, sustraerse a la sumisión que se ha impuesto. Si es en nombre de la familia grande y

Feminismos, Textos y Entrevistas

Ambigüedad del consentimiento, potencia del escrito. Sobre “Le consentement [El consentimiento]” de Vanessa Springora *

El movimiento de liberación de la palabra femenina en torno al #metoo y a la toma de palabra de la actriz Adèle Haenel marcaron los años 2018 y 2019.En Francia, el año 2020 nos introdujo aun a otro registro, que ya no es el dela denuncia. Con el libro de Vanessa Springora, Le Consentement [El Consentimiento] (1) se abre un nuevo capítulo en esta liberación de la palabra, el de la escritura. Si el #metoo permitió tomar conciencia de la masividad del fenómeno de acoso padecido por las mujeres, no dio cuenta sin embargo de la complejidad de la posición femenina. El precioso testimonio literario de Vanessa Springora tiene el mérito de mostrar que no es porque se trata de acoso o de abuso que no está en juego la dimensión del deseo en femenino, la dimensión de la sexualidad femenina en tanto que diferenciada de la sexualidad masculina, la del amor y sus abismos. Allí está la potencia del escrito.Tres puntos me marcaron especialmente, en tanto mujer de la misma generación que Vanessa Springora, pero también en tanto psicoanalista. El relato lleva como título con delicadeza, El Consentimiento. Pero el consentimiento lleva en él un enigma. ¿Sabemos exactamente a qué consentimos cuando consentimos por amor a volvernos objeto del deseo de un otro? ¿Acaso el consentimiento no comporta en sí una ambigüedad que hace que si aceptamos todo lo que podrá ocurrir, estamos en ese sentido en la desnudez en cuanto a aquello a lo que consentimos? «¿Cómo admitir que hemos sido abusadas cuando no podemos negar haber consentido (…) cuando hemos sentido un deseo?» (2)La gracia y la potencia de este relato están en situarse a la altura de lo quesignifica, para una niña muy joven que sueña con devenir una mujer, elencuentro con el deseo del Otro. Este precio acordado al deseo del Otro noes ni sumisión ciega, ni debilidad condenable sino pura posición femeninaasumida. Es lo que el perverso traiciona. Al leer El Consentimiento, captamos lo que significa consentir a algo que sobrepasa aquello a lo cual creímos haber consentido. Captamos que consentir al deseo del Otro no es sin angustia. Consentir a la femineidad es siempre un franqueamiento para una mujer. El primer encuentro, aquél durante el cual una joven pierde su virginidad, deja sobre su cuerpo estigmas imborrables. V. dice que en virtud del deseo que ella sentía jamás se identificó ella misma a una víctima. Allí donde creyó que el deseo del Otro buscaba despertar el deseo de ella, fue abusada. Es porque devenir mujer pasa por este consentimiento a ser deseada que el abuso es una traición del consentimiento en sí.El efecto traumático no viene solamente de haber iniciado de manera muy precoz prácticas sexuales que no eran de su edad, y eso tratándose de un hombre de cincuenta años mientras que ella tenía solamente 14. Pero es el hecho de haber deseado a este hombre y haber creído amarlo lo que hace trauma. Es en este punto de vulnerabilidad que actúa el veneno del mal encuentro. Ya que aquello a lo cual ella consiente en virtud del deseo sentido, es al forzamiento. Entonces hubo engaño. Ella creyó consentir a serun objeto de deseo y de amor. Devino puro objeto de goce para el otro.El mal encuentro viene a responder a una vacilación existencial, la de una colegiala de 14 años – tomada por una madre adorada y un poco perdida con quien ella parece hacer uno, y un padre indiferente a su existencia. En el momento en que ella espera un hombre, así como se espera un padre, surge aquél que hará de ella una presa. El padre que ella encuentra no es el del amor, ni el del deseo, sino el del goce, aquél que, abusando de la fascinación que ejerce, sacia sus propias pulsiones. Después del mal encuentro – crisis de angustia, episodio de anorexia, momento de despersonalización vendrán a marcar el seísmo que fue para ella esta primera historia que no era deamor.“¿Desde hace cuánto tiempo había perdido el rastro de mi misma?“ (3)Perder el rastro de una misma, he allí una experiencia propiamente femenina que puede condenar a una mujer a la inexistencia. El mal encuentro vino también a relanzar el trauma après-coup, el de la noche en que, siendo todavía niña, oye una escena violenta entre sus padres. El “date vuelta“ que su padre dirige a su madre volverá por parte de este hombre del que no logra sustraerse a sus 14 años, así como uno no puede sustraerse a un imperativo de goce feroz.En fin este relato personal abre la pregunta de una época –la de los años setenta – en que grandes intelectuales como Sartre, Beauvoir, Barthes, Deleuze, Derrida… buscaron, firmando peticiones, proteger a estos hombres cuya pedofilia estaba comprobada. Brillantes como pueden haber sido, ¿no estaban un poco perdidos en la cuestión de la liberación sexual como para no diferenciar deseo y pulsión?Este libro de una mujer que logró salirse gracias al psicoanálisis, gracias a una celadora del secundario que supo hacer un lugar de excepción a su drama subjetivo y gracias a un hombre en quien pudo confiar, nos muestra que la cuestión del deseo y del goce es más compleja de lo que se resume en una sola fórmula: la dominación masculina. Nos interroga también sobre los limites de la liberación sexual. ¿El goce sin trabas conduciría a legitimar el arrancar al otro su consentimiento para asegurarse de hacer de él un objeto sexual a su medida?Si Vanessa Springora consintió a su primer amor, su cuerpo decíaque “no“ a algo. Su cuerpo la recondujo a lo real del trauma. Allí también está la potencia de la letra. Es también lo que aprendemos a leer en un análisis.La escritura permite aquí captar lo que la liberación de la palabra pública sola silencia. Si ser deseada tiene un precio para una mujer, el consentimiento en femenino debe poder continuar abriéndose una vía más allá de las cuestiones de género. Es por el

Feminismos

Aportes de Zadig para el debate sobre la Ley de legalización de la Interrupción voluntaria del embarazo

En el marco del debate sobre el proyecto de ley que propone la despenalización y legalización del derecho al aborto en Argentina, colegas de diferentes nudos de la red ZADIG Argentina escribieron aportes que fueron  enviados a la Comisión de Salud del Senado nacional. Compartimos dichas contribuciones  publicadas en el blog ZADIG Argentina Silvia Salman – Las mujeres y el deseo de no Silvia Baudini – La dignidad de elegir Gisela Smania – Acerca del estatuto de cuerpo y la noción de “decisión” en psicoanálisis Pilar Ordoñez – Breves reflexiones sobre la vida  y la condición humana desde el psicoanálisis de la orientación lacaniana Eugenia Serrano – En los limites de lo natural, la potencia de lo singular Matias Meichtri – Acerca de la Vida Claudia Lázaro – Ante una elección forzada    

Scroll al inicio