Democracia: paradojas y síntomas

Democracia: paradojas y síntomas, Textos y Entrevistas

Caos – por Silvia Baudini

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana Lo real puede muy bien desbocarse, cito a Lacan en La Tercera. Lo cito porque asistimos a un momento donde la palabra pierde su valor de intercambio. ¿Qué función tiene entonces? Ya no sirve para armar lazo entre los hombres, para discutir, son objetos arrojados al rostro. Sin ton ni son. Fuera de sentido. La palabra pierde su valor de semblante, su dignidad de discurso. El discurso es lo que hace lazo entre los seres hablantes, hay cuatro que Lacan formuló.  ¿Qué escuchamos hoy desde el lugar del poder gubernamental? Injurias, chicanas, frases sueltas, estribillos. Nada de eso permite al otro responder, solo puede quedar aplastado en su ser.  La injuria es una palabra última, el otro queda convertido en víctima, víctima de la injuria.  La chicana no espera respuesta agrede y humilla. La frase suelta, se suelta de la cadena significante, y llama a un esfuerzo de réplica autista.  El estribillo es una reiteración ociosa y petulante que desconoce la humanidad. Cuando la palabra se desboca, se hace real y llama al caos, al barullo, al desorden, al desconcierto, a la incertidumbre, al miedo, a la vergüenza, a la indignidad. ¿Como apelar al coraje? ¿Como hacerle la contra? Lacan dice que el analista en los próximos años dependerá de lo real, y no lo contrario, y que su misión es hacerle la contra.  Entiendo hacerle la contra poniendo en juego un discurso, el discurso analítico, incidir a partir del psicoanálisis en lo social. Sostener sin miedo el discurso del que somos deudores, sin caer en juicios partidistas. Pero no sin emitir un juicio sobre lo que se lleva por delante la legalidad del lenguaje. Hablar es poner de sí, poner el cuerpo. Hablar es tomar partido por la vida de las palabras.  El estado no es un proveedor es quien permite que los hombres y las mujeres, los ciudadanos de un país puedan convivir. Para ello se da sus métodos, que son mas o menos falibles, pero que no pueden anularse.  La ausencia del estado en la vida ciudadana es peligrosa, dañina, caótica.  Ni débiles asistidos ni objetos de consumo segregados. Ciudadanos dignos de ser escuchados.  La libertad sin ley es la locura. Hacia allí avanza.

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Por qué es necesaria la Ley 25.542 de protección del libro – por Alejandra Glaze

Miembro de la Asociación Mundial de PsicoanálisisMiembro de la Escuela de la Orientación LacanianaEditora de Grama Ediciones En Argentina, a partir de 2001, la regulación del precio de venta al público por parte de las editoriales se convirtió en un elemento fundamental para mantener un equilibrio entre las pequeñas librerías y las grandes cadenas. Esto se logró mediante un acuerdo entre todos los actores del sector después de la promulgación de la Ley 25.542. Gracias a esta medida, las librerías independientes, han podido competir en igualdad de condiciones con las cadenas más grandes. La Ley reconoce que un libro no es simplemente una mercancía, sino un elemento cultural que difunde ideas, conocimiento, cultura e identidad, y que es esencial para el desarrollo individual y social de un país. Como afirma la Cámara Argentina del Libro en su comunicado de rechazo a la modificación de esta Ley: «De lo contrario, las grandes cadenas, plataformas y superficies comerciales dominarían el mercado de libros, eliminando a la competencia, concentrando el mercado y decidiendo qué se publica y, por tanto, qué se lee». Este enfoque en el precio fijo beneficia a la industria editorial nacional al fortalecerla y diversificarla, permitiendo una variedad de voces en la publicación. Al igual que otros países como Alemania, Francia, España, Dinamarca, Austria, Grecia, Italia, Holanda, Portugal, Japón y Corea del Sur, Argentina ha adoptado esta práctica para preservar su rica industria literaria y cultural. Sin embargo, la nueva propuesta del gobierno, que busca eliminar esta regulación, podría tener consecuencias graves, especialmente para las librerías más pequeñas, y se extendería al conjunto de la industria editorial. Si las cadenas y las grandes librerías tienen libertad para establecer sus propios precios, es probable que ofrezcan libros a precios más bajos y obtengan mayores ganancias debido a su capacidad para vender grandes volúmenes. Esto dejaría a las librerías independientes en una situación desventajosa, incapaces de competir. Además de afectar negativamente a las librerías independientes, esta medida tendría graves repercusiones en la industria editorial argentina, que es reconocida como una de las más importantes de América. Las editoriales de menos recursos, que a menudo se enfocan en mercados más especializados y diversos, se verían especialmente perjudicadas, ya que las grandes cadenas podrían imponer condiciones y precios que no favorecerían la diversidad editorial. En muchos casos, estas cadenas no muestran interés en libros con temáticas específicas, como el psicoanálisis o la poesía, lo que limitaría su disponibilidad y visibilidad. Son las librerías más pequeñas y comprometidas con la cultura las que realmente promueven y valoran estas producciones. La falta de regulación de precios llevaría a una disminución en la diversidad de títulos disponibles. Los libros más vendidos ocuparían el centro del escenario, con grandes descuentos, lo que relegaría a segundo plano a los libros que no sean bestsellers. Esto limitaría su visibilidad y, por lo tanto, su capacidad de venta, lo que podría resultar en la no reedición o impresión de una cantidad limitada de ejemplares. En resumen, la eliminación de la regulación de precios en la industria editorial argentina no solo perjudicaría a las librerías independientes y culturales, sino que también impactaría negativamente en la diversidad editorial, limitando el acceso a libros de temáticas específicas y autores menos conocidos. Es fundamental considerar el impacto de estas decisiones en el ecosistema literario argentino y buscar soluciones que promuevan la igualdad de oportunidades para todos los actores involucrados en defensa de la cultura argentina y, en particular, del psicoanálisis. En este contexto, la presencia de libros de psicoanálisis en la oferta cultural de la ciudad adquiere una gran importancia en el contexto de la política actual de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), que busca hacer accesibles las enseñanzas de la orientación lacaniana a las nuevas generaciones. Sabemos que las normativas del capitalismo y el psicoanálisis no van de la mano, y es probable que otras disciplinas aliadas al discurso capitalista (como las neurociencias o la autoayuda) sigan avanzando en copar un lugar preponderante en las estanterías de las librerías de las grandes cadenas. La diversidad de voces y enfoques en la cultura y la literatura deben ser protegidos y promovidos, ya que, como he leído en estos días: «Sin librerías independientes, siempre nos contarán la misma historia». *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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“Oh libertad de no ser libre”* – por Malena Alvarez

*Julio Cortázar Miembro condicional NPJEOL Delegación Mendoza Leo “política pública” Y tiemblo Temo Con nostalgia anticipada y un dolor inconmensurable Sobre lo que intuyo y advierto como desaparición Cómo anticipar una alternativa posible Y pasible de vivirse con dignidad Si el pueblo ya eligió la libertad del mercado. Es decir: el reino del mercado sin regulación Una muy distinta de aquella patriótica y soberana que se erigió en las banderas de las auténticas luchas “libertadoras” de nuestra historia latinoamericana De la que Solari ha dicho que “ha visto tanto hermano muerto, tanto amigo enloquecido” Si la hegemonía del mercado impera, La libertad se reduce a un privilegio Y la sobrevivencia a una condición azarosa, Al menos al partir del punto real en el que confluyen las condiciones a las que cada quien adviene La desmemoria colectiva no es sino el síntoma de un pueblo sometido sistemática e intelectualmente diezmado. ¡Al gran pueblo argentino! ¿Salud? *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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El botellazo – por Silvia Baudini

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana Habeas corpus es una fórmula que proviene del derecho romano. El cuerpo debe aparecer. Hace algunos días se produjo la asunción presidencial. Todo ocurría con un rigor protocolar eficiente, más allá de algunos malos humores. Podemos decir que el espíritu era de alegría y conformidad.  El número de personas en la plaza de los Dos Congresos era razonable, ni mucha ni poca, llevaron bolsas de consorcio para recoger los deshechos, la plaza quedó muy limpia. La caravana en el descapotable y luego de a pie, sin euforia, con esperanza.  De pronto irrumpe un botellazo, alguien arroja a la caravana presidencial una botella de vidrio que impacta sobre un agente de seguridad. Hay sangre, hay sorpresa, hay silencio.  Habeas corpus, que aparezca el cuerpo. No siempre aparece de la misma manera, en esta ocasión el cuerpo se hizo presente por la vía de un pasaje al acto.  En la época se multiplican los pasajes al acto violentos que incluyen un nivel cada vez mayor de segregación social.  El discurso del presidente fue muy verdadero, ningún lugar para la ficción, ni para la esperanza, ni para la ilusión. El público aplaudió la frase pronunciada “no hay plata”, difícil de entender sino pensamos que, al aplaudir, cada uno no estaba allí en cuerpo, encore, encorps. El otro aplauso espontáneo fue coreando el término “policía”, justamente lo que Lacan menciona como lo que hace girar en torno de una ronda eterna, cuerpos bajo control. “Circule, circule”. Las ficciones humanizan los cuerpos, no es lo mismo la ficción que la mentira. Las ficciones son efecto de un real, el impasse sexual. Las ficciones permiten que el amor haga que el goce condescienda al deseo.  Olvidar las ficciones, decir toda la verdad, deshumaniza, retira el cuerpo. Forcluye el cuerpo. Pero el cuerpo hace su entrada de alguna manera.  *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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Otra heroicidad es posible – por Roque Farrán

     Investigador Independiente (CONICET)   Director del Programa «El giro práctico en el pensamiento             contemporáneo»(CIECS-UNC-CONICET) Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET) El muy sabio Spinoza había sugerido que antes de burlarse, lamentarse o detestar, conviene comprender. Nietzsche había tratado de mostrar que el conocimiento emerge del entrelazamiento de esas mismas pulsiones, no de su represión o denegación. Agregaría que hoy no sólo tenemos que entender las pasiones mencionadas, pensarnos atravesados por ellas in situ, sino también trabajar en torno a otras como el miedo, el catastrofismo o la derrota. Varias cuestiones a tener en cuenta.  Primero, entender que los mecanismos de poder actuales ya no son sólo disciplinarios o de control, sino que se encuentran vinculados a la modulación e incitación de la autoagresión: aprovechan el mismo deseo de autopreservación para volverlo contra sus agentes (las técnicas de policía que provocan la resistencia física para producir asfixia son un ejemplo cruel y dramático).  Segundo, entender que el poder real ya no depende de estructuras fijas, localizables o identificables, sino que es ubicuo y escapa al control de sus mismos agentes: las castas y corporaciones son puestos menores respecto al gobierno algorítmico que hoy impera (la creación de las plataformas digitales o la IA brindan un claro ejemplo de ello).  Tercero, entender cómo responden a este estado desesperante de la situación global modos de subjetivación improvisados que apelan a imágenes, consignas o significantes pobres, limitados, anacrónicos y específicos de cada lugar, que pueden infundir temor o esperanza pero que están totalmente desconectados de sus materialidades históricas (por ejemplo, las amenazas a partir de la circulación de imágenes de los “falcón verdes” que pertenecían a grupos operativos del ejército durante el terrorismo de Estado).  Nada de esto debe ser subestimado, por supuesto, pero tampoco sobrestimado; resulta necesario entender cuál es su efectividad real y cómo responder en cada caso. Organicemos nuestro pesimismo, y sobre todo entendamos nuestra potencia de obrar. Hace tiempo propongo una serie de ejercicios prácticos que ayuden al entendimiento, que contribuyan a liberarse de las significaciones comunes y apunten a modular la singularidad de cada quien junto a otros. El problema no es la “crisis de la narración” como dice Han, o la “imposibilidad de la crítica” ante la ausencia de lectores ilustrados, como dice Berardi; el problema es que los ejercicios de lectura y escritura, cualesquiera sean su forma o extensión, no ayuden a transformarse, no hagan cuerpo el pensamiento. Si las fantasías de omnipotencia contemporáneas alimentan el mito de los superhéroes, como dice Dessal, para sobreadaptarse a un sistema que permanece incuestionado y replica cada vez más sufrimiento, en lugar de rechazar todo tipo de heroicidad y dificultad de las instrucciones, propongo cultivar otro tipo de ethos. Concluyo entonces con algunas instrucciones para ejercitarse y habilitar el devenir héroe colectivo. O mejor: un gesto de heroicidad que solo puede sostenerse en el pensamiento del nudo solidario que nos constituye. Escucha, lee, escribe, piensa, interpela a los demás a hacerlo en función de lo que aumenta la potencia de obrar: podemos hacer más cosas y podemos hacerlas mejor en la medida en que otros participan y el contento en sí mismo se afianza, aún si el pronóstico resulta funesto. El relato siempre está en crisis para quienes no lo toman como algo natural o dado, porque encuentran las condiciones materiales para ejercitarse y transformarse en el uso de los saberes. Están los ‘saberes sabidos’ y los ‘saberes no sabidos’, el reparto entre lo consciente y lo inconsciente, pero también están los ‘saberes ejercidos’ en función del precio absolutamente singular que se ha pagado para acceder a una verdad. Una verdad que transforma es siempre singular y colectiva, histórica y ontológica al mismo tiempo: desea ser transmitida para que cada quien encuentre su modo. A la locura individualista de la autorrealización a expensas de los demás, responde en espejo el llamado a la eterna modestia del que debe confesarse a sí mismo su impotencia o su falta, volverse un hermeneuta del sufrimiento y un explicador omnisciente de los motivos, en lugar de afirmarse en aquello que le produce un verdadero contento, a partir de lo cual puede empezar a contagiar a otros. Hay momentos históricos que conllevan un peligro de tal magnitud para la existencia en común que llaman a juntarse para elaborar una respuesta entre todos, donde cada uno importa, no desde una igualdad formal sino desde el punto singular donde puede ejercer su importancia porque no se la cree en absoluto. Hay una heroicidad en marcar la diferencia que vale cuando no hay patrón de medida común sino anudamiento solidario de cada parte. El peligro de disolución del conjunto es lo que interpela a cada uno a asumir su lugar en la trama y el desenlace: entender lo que está en juego y jugar su parte. *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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Imperialismo – por Anne Colombel-Plouzennec

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AP de la École de la Cause Freudienne Doctora en psicoanálisis (Paris 8) El pasado 30 de noviembre, el diario Le Monde titulaba “La Corte suprema de Rusia condena a la clandestinidad a las organizaciones LGBT, designados como extremistas”[1]. La medida es seria, ya que “los participantes de una organización extremista se arriesgan hasta a seis años de prisión, los designados como organizadores, hasta diez años”. Los “movimientos LGTB” no son evidentemente los únicos concernidos, en tanto que “una modificación de la legislación en curso debería también permitir condenar toda “justificación del extremismo”. ¿Extremistas? Extremista es el nombre de todo lo que se opone a la muy larga “ofensiva ultraconservadora” actualmente implementada por el Estado ruso que, según los dichos del activista LGTB, Igor Kochetkov, citado por Le Monde, “continúa creándose enemigos imaginarios, en nombre de su ideología del ‘mundo ruso’ y de los valores tradicionales”. Esto testimonia, según la politóloga Tatiana Stanovaya, acerca de la necesidad de las autoridades “de una narrativa sobre la identidad rusa que la aleja siempre del Occidente hostil y que permite representar la confrontación con el Oeste como un combate de civilizaciones”. Claro que no podemos ignorar que esto se inscribe también en las circunstancias pre- electorales en un contexto de guerra que se estanca. Así se lanza la caza de chivos expiatorios”. Imperialismo En una serie de artículos titulados “Pequeña crónica del imperialismo”, Philippe Hellebois[2] vuelve sobre esta distinción. Él precisa cómo, a diferencia del Imperio, que se especifica por su referencia al padre y al poder de lo simbólico para organizar los modos de gozar, los imperialismos, tan característicos de nuestro tiempo, inaugurados por el advenimiento del discurso de la ciencia y del capitalismo que lo implica, no hace más que “yuxtaponer” los llamados modos de gozar “sin orden”, lo que tiene por consecuencia “el ascenso del racismo y la segregación”, que los modos de gozar estén en competencia y “apunten a la hegemonía”. Con Lacan, podríamos entonces concluir que el imperialismo es entonces el movimiento –económico, político, militar, etc.– que presenta más afinidades con la materia gozante, en tanto que semejante con el goce Uno, sin Otro, precisamente porque ella no es discretizada por el poder de lo simbólico. Eso se extiende, solo, más allá de todos los contornos se fabrican frentes, allí donde no hay fronteras, según la propuesta de Tigrane Yégavian[3], en el marco de la emisión Studio Lacan n°69, a partir de la situación actual de Armenia. Los frentes son hoy geográficos, religiosos, ideológicos… empujando al otro modo de gozar detrás de la barrera de la segregación. “Extremistas” entonces. Perspectiva Pero Lacan, frecuentemente citado allí, ya abrió en 1967 un camino decisivo. A partir de la situación específica de las psicosis del niño, extiende su propuesta a este tiempo que es el nuestro y que califica de “planetario” –lo que traducimos hoy, según France Jaigu[4], con el termino de “mundialización”– para hacer la pregunta, a saber: “¿cómo hacer para que las masas humanas agrupadas en un mismo espacio, no sólo geográfico sino a veces familiar, permanezcan separadas ?”[5] ¿Cuánto avanzamos hoy entonces en el campo de la invención, sin nostalgia de los poderes ancestrales del simbólico, para discretizar[6] de manera renovada? Dicho de otro modo, ¿cómo y dónde se establecen hoy los agujeros, y entonces los bordes, a partir de los cuales se puede atar de otro modo el goce ? El psicoanálisis aborda cotidianamente estas cuestiones en los dominios de su experiencia y de la clínica. Lacan extiende su lectura a la dimensión de las “masas humanas”. [1] Vitkine B., “ La Corte Suprema de Rusia condena a la clandestinidad a las organizaciones LGTB, designadas como ‘extremistas’”, Le Monde, 30 de noviembre 2023, disponible en internet para los abonados al diario. [2] Hellebois P., “Pequeña crónica del imperialismo”, Hebdo Blog, 1er Enero 2023, disponible en internet [3] Tigrane Yégavian, poeta y autor notable de “Geopolítica de Armenia”, Studio Lacan n°69, próximamente. [4] Jaigu, F. “1967 : Lacan y los imperialismos”. Studio Lacan n°69, próximamente [5] Lacan, J. “Alocución sobre la psicosis del niño”. Otros Escritos, Buenos Aires, Paidos, 2012 [6] Artículo Larousse, “discretización”: “operación consistente en reemplazar las relaciones relativas a las funciones continuas, derivadas, etc., por un número finito de relaciones algebraicas relativas a los valores tomados por esas funciones en un número finito de puntos de su conjunto de definición” Traducción: María Paula Guzmán *Fotografia seleccionada por el editor del blog ———————————————————————— Impérialisme Le 30 novembre dernier, le journal Le Monde titrait « La Cour suprême de Russie condamne à la clandestinité les organisations LGBT, désignées comme “extrémistes” »[1]. La mesure est sérieuse, puisque « les participants à une “organisation extrémiste” risquent jusqu’à six ans de prison, ceux désignés comme organisateurs, jusqu’à dix ans ». Les « mouvements LGBT » ne sont évidemment pas les seuls concernés, puisqu’« une modification de la législation en cours devrait aussi permettre de condamner toute “justification de l’extrémisme” ». Extrémistes ? Extrémiste est le nom de tout opposant à la très large « offensive ultraconservatrice » actuellement mise en œuvre par l’État russe qui, selon les dires de l’activiste LGBT, Igor Kochetkov, cité par Le Monde, « continue de se créer des ennemis imaginaires, au nom de son idéologie du “monde russe” et des “valeurs traditionnelles” ». Ceci témoigne, selon la politiste Tatiana Stanovaya, du besoin des autorités « d’un narratif sur l’identité russe qui l’éloigne toujours plus de “l’Occident hostile” et qui permet de dépeindre la confrontation avec l’Ouest comme un combat de civilisations ». Bien sûr, nous ne pouvons l’ignorer, ceci s’inscrit aussi dans des circonstances pré-électorales dans un contexte de guerre qui s’enlise. Voilà comment la « chasse aux boucs émissaires » est lancée. Impérialisme Dans une série d’articles intitulés « Petite chronique de l’impérialisme »[2], Philippe Hellebois revient sur cette distinction. Il précise comment, à la différence de l’Empire, spécifié de sa référence au père et au pouvoir qui est celui du symbolique d’organiser les modes de jouir,

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Psicoanálisis, democracia y neofascismo

La afinidad entre la democracia y la vida encuentra su explicación en el hecho de que ambas tienen como columna vertebral la indeterminación propia de lo real contingente, y por lo tanto, es lo que hace al conflicto necesario e irreductible. La democracia asume una relación directa con la vida pues, como el psicoanálisis nos enseña, está atravesada por el azar, y por la indeterminación radical propia de los acontecimientos contingentes de la historia política de un pueblo. Quién podría imaginar que la democracia brasileña, aún en fase de gestación, iría a pasar por esa ola avasalladora de oscurantismo conservador. Si la contingencia, la diversidad y la división constituyen el corazón de todo régimen democrático, se exige de él una política de protección y defensa. Esperamos que, en estos próximos días, los movimientos y fuerzas políticas concientizadas sepan ejercer esa protección y defensa de la democracia, por medio de la creación de un frente republicano que pueda derrotar al amo reaccionario, obstinado en querer restaurar el orden patriarcal y falocéntrico. Y no hay dudas de que el psicoanálisis podrá desempeñar su modesto papel en esta búsqueda de preservación de la vida democrática. La democracia como experiencia e invención Es preciso considerar que la democracia no es finita y, por lo tanto, no se escribe jamás en el cuerpo social de modo definitivo. Será siempre capaz de sorprendernos. Solo encuentra su fuerza, si admitimos que sus debilidades y sus males no son pasajeros, sino constantes e irreductibles. La democracia es experiencia e invención, y está para siempre, sujeta a ser reescrita. Es esa relación con la vida que hace que la democracia pueda enfermar gravemente. En los tiempos actuales, ya se presenta en un cuadro de enfermedad aguda y corre serios riesgos de morir con la inminencia del triunfo electoral de Jair Messias Bolsonaro, del capitán reformado del ejército brasileño. Cabe resaltar que bastó la adhesión en masa del pueblo brasileño a esta figura de violencia y horror, para que las expresiones típicas del fascismo como la intimidación, discriminación, fanatismo y violencia, pasaran a proliferar entre nosotros. Los relatos sobre actos sórdidos aumentan, como ejemplifica el caso del asesinato del capoerista bahiano Moa do Katendê realizado por un elector enfurecido de Bolsonaro. En la Psicología de las masas, Freud tuvo la ocasión de tratar estas expresiones de fanatismo y violencia, por medio de procesos identificatorios que envuelven al cuerpo y sus afectos. Desde entonces, la política en general y especialmente las tentaciones totalitarias no deben ser vistas como fenómenos racionales, pues implican al cuerpo pulsional. ¡Pensamientos son palabras y palabras son actos! Siendo precisos, a lo que asistimos en los últimos tiempos, es a actos discursivos que diseminan la violencia y el odio. Se vuelve importante, el impedir el avance de un candidato cuyas palabras están al servicio de la defensa de la tortura, de la segregación racial y de la misoginia, tal como se evidencia cuando le dijo a una colega diputada, en público, que “ella no merecía ser violada”. Identificación al poder falocéntrico del capitán Es importante constatar que ese discurso del odio en que se sacraliza la violencia se hace presente en ambientes restringidos a internet, en los grupos de Whatsapp, por medio de intimidaciones en las que solo uno de los lados puede tomar la palabra. El lado restante, si no se silencia, será blanco de prácticas de intimidación coercitiva. El odio diseminado en las redes digitales tiene como trasfondo el uso político del afecto, reinante en esos días sombríos, a saber: el miedo. Los grupos de Whatsapp reproducen, en consecuencia, procesos de masa, vía el proceso de identificación horizontal de los individuos entre sí, y verticalmente con el Uno que, a pesar de buscar confundirse con un hombre común, ese Uno se presenta como excepción. En efecto, unas de las características de este fenómeno de masa es la oferta de un semblante de hombre común que, aparentemente, se confunde con la masa de brasileiros, y donde se destaca el uso particular de la lengua, con exceso de clichés y términos groseros que incitan a la violencia. Por otra parte, el fanatismo es un amor hipnótico por el líder capitán que se coloca en el lugar del padre redentor y que alardea, por todos los rincones de Brasil, que va a trabajar por la higiene moral de la suciedad que los otros dejaron. En realidad, sabemos muy bien lo que es ese trabajo de higiene: es oponerse a una sociedad diversa y plural, lo que se nota por ejemplo en el combate que emprende a lo que estúpidamente llama “ideología de género”. La mediocridad llega al punto de rechazar el saber de la ciencia en la acción gubernamental, al negar los cambios climáticos, y querer entregar la Amazonia para un extractivismo primario y grotesco. Ya se ha declarado claramente contrario al sistema de poderes y contrapoderes, y al modo de escrutinio de nuestro país. Milita contra los derechos humanos y contra las libertades individuales, llegando a propugnar las ejecuciones extrajudiciales, considerando que esos derechos del ciudadano son la razón de la crisis de la seguridad pública. Otro componente típico de las prácticas de violencia fascista es la creación de organizaciones paramilitares y milicias, contrarias al hecho de que la violencia, es un monopolio del brazo armado del Estado, y que solo el gobierno puede usar legítimamente la fuerza, siendo ese uso regido por la ley y por las instituciones autorizadas para este fin regulatorio. El colmo de ese discurso del odio es la defensa intransigente, de que el ciudadano de bien tenga porte de armas para poder defenderse y defender a su familia de la violencia, en una evidente apología de los “discursos que matan”. No hay fin de la historia Lo que está en juego en este momento es el hecho de que el orden democrático republicano, necesario para la práctica del psicoanálisis, se encuentra cuestionado. Desde la caída del muro de Berlín en 1989, todo indicaba que no íbamos a asistir al surgimiento de

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