LA CIUDAD Y SUS CONVERSACIONES- Por Fernando Tarragó
Adherente al CIECParticipante del Nudo La patria del sinthoma Zadig Córdoba En tiempos en que la conversación ciudadana está en crisis y los semblantes que comandaban una o varias modalidades de lazos quedan fuera de funcionamiento ante el goce desbocado de un discurso corriente, surge la necesidad de preguntarse qué es una ciudad para el sujeto hablante. Porque una ciudad no es solo sus barrios y su demografía, su arquitectura y su administración del poder. La ciudad también es ese hecho social que se construye en una conversación con el Otro y con los otros. Es parte de un lazo y hasta da lugar a diferentes figuras: amo-esclavo, profesor-alumno, jefe-trabajador, etc. Hay una figura, la última en llegar, que fue inventada por Freud y se nombró como el analista, quien se dedicó a escuchar eso que los otros discursos no sabían cómo tratar. Las diferentes relaciones entre esas figuras se dan sobre un fondo imposible, y cada una de ellas ubica diferentes goces que pueden variar según el sonido de un tambor, es decir, según una contingencia favorable. Hay otra cara de la ciudad que se manifiesta en esa violencia que prescinde de la conversación. Entonces, ¿qué hacer? Italo Calvino en un breve ensayo sobre la ciudad[i], la describe como un organismo vivo que evoluciona e involuciona, y que como todo proceso deja restos inservibles. Estos pueden volver a tener utilidad, incluso pueden volver a servir para rehacer la ciudad. La ciudad es como un tejido viviente, que incluso puede tener un crecimiento sin razón, pura acefalia y en un mismo movimiento dejar partes disgregadas y cancerosas. Pero el autor alerta que no hay que perder de vista cual ha sido el elemento de continuidad que la ciudad ha perpetuado a lo largo de su historia, el que la ha diferenciado de otras y que ha sido efecto de su invención singular. Este será un “programa” implícito, que hay que saber reencontrar cuando se lo pierde de vista si no se quiere desaparecer. Según el autor, este programa puede ser representado por figuras como: “nombres que equivalían a personificaciones de actitudes vitales del comportamiento humano y debían garantizar la evocación profunda de la ciudad, o bien personificaciones de elementos ambientales que debían garantizar su permanencia como imagen a través de las transformaciones sucesivas, como forma estética y como emblema de esa sociedad”[ii], porque llegado el momento, luego de catástrofes y desastres, cambios y pérdidas, debe en el momento justo, bajo distintas formas, reencontrar sus marcas de cultura, contra la pulsión de muerte. Teniendo en cuentas estas marcas, recordé una intervención de Gabriela Dargenton en Studio Lacan[iii], ante la pregunta sobre el interés del psicoanálisis por la conversación democrática, responde que el inconsciente esta en la relación del ser hablante con lo que ha hecho marca en la trama social. La democracia no solo es una figura de participación política mediante el voto, sino una forma de “inscribir bordes que respeten el interjuego de la vida de los cuerpos y los objetos”. En esa misma intervención, se ubicó que esta figura permitió “el tratamiento de la legitimación legal de lo que fue una herida social”[iv]. Esta conversación que se dio la cuidad, podríamos decir retomando a I. Calvino, instaló esos nombres que equivalen a lazos sociales. Ante los últimos hechos de escándalo público y actos flagrantes de renegación de los pactos del lazo social, se hace necesario ese trabajo de deber ético con respecto a la ciudad, de recordar lo que la constituyó como una conversación democrática y hace de ella un tejido viviente. [i] Italo Calvino. Punto y parte. Los dioses y la ciudad. Siruela. España, 2015. [ii] Ibidem, pag 331. [iii] https://lapatriadelsinthoma.wordpress.com/2023/12/10/studio-lacan-emision-del-9-12-2023-con-denis-merklen-y-gabriela-dargenton/ [iv] Ibidem. *Fotografía seleccionada por el editor del blog









