Democracia: paradojas y síntomas

Democracia: paradojas y síntomas

LA CIUDAD Y SUS CONVERSACIONES- Por Fernando Tarragó

Adherente al CIECParticipante del Nudo La patria del sinthoma Zadig Córdoba En tiempos en que la conversación ciudadana está en crisis y los semblantes que comandaban una o varias modalidades de lazos quedan fuera de funcionamiento ante el goce desbocado de un discurso corriente, surge la necesidad de preguntarse qué es una ciudad para el sujeto hablante. Porque una ciudad no es solo sus barrios y su demografía, su arquitectura y su administración del poder. La ciudad también es ese hecho social que se construye en una conversación con el Otro y con los otros. Es parte de un lazo y hasta da lugar a diferentes figuras: amo-esclavo, profesor-alumno, jefe-trabajador, etc. Hay una figura, la última en llegar, que fue inventada por Freud y se nombró como el analista, quien se dedicó a escuchar eso que los otros discursos no sabían cómo tratar. Las diferentes relaciones entre esas figuras se dan sobre un fondo imposible, y cada una de ellas ubica diferentes goces que pueden variar según el sonido de un tambor, es decir, según una contingencia favorable. Hay otra cara de la ciudad que se manifiesta en esa violencia que prescinde de la conversación. Entonces, ¿qué hacer? Italo Calvino en un breve ensayo sobre la ciudad[i], la describe como un organismo vivo que evoluciona e involuciona, y que como todo proceso deja restos inservibles. Estos pueden volver a tener utilidad, incluso pueden volver a servir para rehacer la ciudad. La ciudad es como un tejido viviente, que incluso puede tener un crecimiento sin razón, pura acefalia y en un mismo movimiento dejar partes disgregadas y cancerosas. Pero el autor alerta que no hay que perder de vista cual ha sido el elemento de continuidad que la ciudad ha perpetuado a lo largo de su historia, el que la ha diferenciado de otras y que ha sido efecto de su invención singular. Este será un “programa” implícito, que hay que saber reencontrar cuando se lo pierde de vista si no se quiere desaparecer. Según el autor, este programa puede ser representado por figuras como: “nombres que equivalían a personificaciones de actitudes vitales del comportamiento humano y debían garantizar la evocación profunda de la ciudad, o bien personificaciones de elementos ambientales que debían garantizar su permanencia como imagen a través de las transformaciones sucesivas, como forma estética y como emblema de esa sociedad”[ii], porque llegado el momento, luego de catástrofes y desastres, cambios y pérdidas, debe en el momento justo, bajo distintas formas, reencontrar sus marcas de cultura, contra la pulsión de muerte. Teniendo en cuentas estas marcas, recordé una intervención de Gabriela Dargenton en Studio Lacan[iii], ante la pregunta sobre el interés del psicoanálisis por la conversación democrática, responde que el inconsciente esta en la relación del ser hablante con lo que ha hecho marca en la trama social. La democracia no solo es una figura de participación política mediante el voto, sino una forma de “inscribir bordes que respeten el interjuego de la vida de los cuerpos y los objetos”. En esa misma intervención, se ubicó que esta figura permitió “el tratamiento de la legitimación legal de lo que fue una herida social”[iv]. Esta conversación que se dio la cuidad, podríamos decir retomando a I. Calvino, instaló esos nombres que equivalen a lazos sociales. Ante los últimos hechos de escándalo público y actos flagrantes de renegación de los pactos del lazo social, se hace necesario ese trabajo de deber ético con respecto a la ciudad, de recordar lo que la constituyó como una conversación democrática y hace de ella un tejido viviente. [i]  Italo Calvino. Punto y parte. Los dioses y la ciudad. Siruela. España, 2015. [ii] Ibidem, pag 331. [iii] https://lapatriadelsinthoma.wordpress.com/2023/12/10/studio-lacan-emision-del-9-12-2023-con-denis-merklen-y-gabriela-dargenton/ [iv] Ibidem. *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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CEDER EN LAS PALABRAS – Por Ana Cecilia Gonzalez

Psicoanalista en Buenos Aires Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) De nuevo, el recuerdo de una máxima freudiana –pues si a Lacan se le daban los aforismos, a Freud le iban las máximas– me asalta al leer un tweet – ¿o habrá que inventar otro verbo para decir lo que hacemos en las redes sociales, eso que se parece poco a la lectura por su temporalidad de instante sin consecuencias? Retomo: leo un tweet en el que una representante de los feminismos, comprometida y famosa, se refiere a las recientes condenas por abuso sexual de dos personajes poderosos, y concluye “Se les acabo la impunidad. Fin.” Y enseguida pienso: punto para Adorni. Lo escribo en un tweet que nadie lee, pues no suelo usar esa red para escribir, sino para enterarme de noticias y trending topics, también para intentar reírme un poco ante esta realidad nefasta. Digo en el tweet: Cada vez que alguien cita esa muletilla horrible, les confiere poder sobre algo tan fundamental como es el uso de las palabras. Y ahí, pegadita, la máxima freudiana, según la versión de López Ballesteros, que esta vez logra la contundencia que le falta a Etcheverry: “(…) se empieza por ceder en las palabras y se acaba a veces por ceder en las cosas”[1]. Y Freud lo dice, nada más y nada menos, que en el capítulo IV de Psicología de las masas y análisis de yo, cuando se ve llevado a retomar el tema de la sugestión y la hipnosis, que signaron sus inicios y de cuyo poder abjuró para inventar el dispositivo analítico. Una reflexión sobre las masas y su seducción irresistible no podría obviarlos, claro, pero hoy, un siglo más tarde, se quedan cortos para explicar el influjo que las redes sociales ejercen. Una hipótesis: mientras la masa freudiana se unificaba en torno a un Otro, las masas contemporáneas que se agitan fantasmagóricamente en las redes, se nutren de la iteración del Uno que ellas perpetúan, cortocircuitando al Otro, que entonces deviene lo Otro a chicanear, devaluar, exponer, difamar, hostigar, injuriar, insultar, agraviar, agredir, violentar, y todos los matices que se aplanan con el término de la jerga, trollear.  O a la inversa: la adulación boba del conteo de likes, seguidores y audiencia de streamings, las palabras elogiosas y vacuas martilladas sin tregua, en suma, el modo influencer de un Otro de pacotilla.  Está claro que en las palabras cedimos hace rato, pues lo antepuesto es sólo la punta del iceberg de la degradación generalizada a la que asistimos, y entonces aquí estamos, entregando las cosas, “todo por dos pesos”. Como practicantes del psicoanálisis, abocados a una experiencia que sigue siendo tributaria de la función y campo de la palabra, el lenguaje, y agreguemos, lalengua, la problemática nos concierne de lleno. Valdría la pena, quizás, hacer el inventario, o por qué no, un estudio riguroso, de los modos en que las redes formatean lo usos del lenguaje y la lengua, y describir toda la artillería de operaciones mutiladoras al servicio de aplastar la enunciación, desdibujar las gradaciones poéticas y las resonancias, obliterar el vacío entre las palabras y la cadencia que abre intervalo, borrar la sutileza de los matices, para quedarse con una jerga holofraseada, de verbos empobrecidos  y muletillas estupidizantes, slogans y remates repetidos hasta el hartazgo, y la ironía hipostasiada devenida consumo, nuevo reducto para las almas bellas. Valdría la pena también, que antepongamos a ese estudio una reflexión sobre el modo en que nos insertamos en esas redes y los usos que hacemos de ellas.  [1] Freud S., Psicología de las masas, Tomo I, López Ballesteros, 1967, p. 1136.

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POPULISMO DE LOS CUIDADOS- por Roque Farrán

Investigador Independiente (CONICET)   Director del Programa «El giro práctico en el pensamiento contemporáneo»(CIECS-UNC-CONICET) Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET) Me he dado cuenta que los amigos de mis amigos no son mis amigos, la amistad para mí no es transitiva nigeneralizable, sino siempre una relación única con una singularidad absoluta que se teje de a poco. Nunca fui muy afecto a la lógica de grupos y las identificaciones miméticas, tampoco a las subordinaciones e idealizaciones. Claro que, además de la amistad, existe la arena política donde tenemos que aprender a convivir y aliarnos con aquellos que, si bien pueden no simpatizarnos, necesitamos para hacer frente a un enemigo que nos quiere destruir. Mientras que la ética es cuidarnos a nosotros mismos, tanto de falsas amistades como del peor enemigo: los mandatos crueles del superyó. Practicar el sutil arte de las distinciones, porque no todo es lo mismo. El Papa ha propuesto una reunión de veinte premios nobeles para pensar los problemas de la humanidad. Puede sonar demasiado espectacular y rimbombante el llamado, pero me parece acertado, creo que por instinto de supervivencia un poco todos nos estamos juntando a pensar la cosa, desde distintos lados, convocados por diversos sectores, gremios, disciplinas, etc. He tratado de responder afirmativamente a las invitaciones que me han hecho porque es también mi inquietud: cómo salir de este embrollo, cómo no rendirnos ante la destrucción que avanza. El problema mayor es poder reconocer y apreciar lo que hace el otro, aunque no coincidamos en todo, aunque tengamos fuertes diferencias. Que nos una el amor y no el espanto. El uso de la inteligencia en toda su potencia, que es siempre colectiva, resulta crucial. Pero también el asumir el riesgo de hablar en nombre propio, porque uno siempre lo hace a través de sus marcas. Estamos haciendo cosas, nos estamos juntando, no estamos entregados, solo hay que encontrar el modo de componerse virtuosamente con otros y dejar las pequeñas vanidades de lado. No todos somos amigos ni pensamos igual, pero no por eso somos enemigos ni debemos odiarnos. Planteo que tenemos que dejar de lado la grilla clasificatoria “derecha/izquierda” porque no sirve a la disputa política actual; se encuentra demasiado mancilladay desdibujada. Por el lado de las posiciones ultraderechistas gobernantes es calificado de izquierda todo lo que no se ajusta a su visión mesiánica y autodestructiva; por el lado de las posiciones críticas todos son sospechados de no ser suficientemente de izquierdas, entonces resulta de allí el purismo y la división intestina. Tenemos que orientarnos por los afectos y las dinámicas pulsionales, antes que por consignas ideológicas, porque la tarea de composición es urgente y no hay tiempo para precisiones epistemológicas sobre categorizaciones históricas desancladas de lo que acontece realmente. Sobre todo, tenemos que caracterizar de manera efectiva a nuestro adversario político: el fascista. El fascismo neoliberal odia, por eso descuida. Los efectos desastrosos están a la vista, y van a empeorar. La fórmula de esta racionalidad política ya la sintetizó brillantemente Foucault: “Hacer vivir, dejar morir”. Hoy no son necesarias grandes promesas o elocuentes discursos para responder a la destrucción desatada, apenas una propuesta política que apunte al cuidado en todos los frentes y modos posibles: un “populismo de los cuidados”. No hablemos más de derecha o izquierda, hablemos de qué gobierno es capaz de cuidar a su pueblo. Algo tan simple como eso. Los legados históricos se heredan en gestos efectivos, no en meras declamaciones doctrinarias. Reafirmo entonces la frase de Evita: “Donde hay una necesidad, nace un derecho”. Todavía no escuché a nadie refutar el sofisma libertario que tanto repite el presidente: que la justicia social es una aberración porque los recursos son finitos y las necesidades infinitas. La conexión entre lo finito y lo infinito forma parte nodal de nuestro legado filosófico: que los humanos seamos finitos no impide que podamos conectar con el infinito actual a partir de nuestras creaciones artísticas, científicas, políticas y amorosas; que los recursos sean finitos no impide que incesantemente busquemos fórmulas de uso y recombinaciones distributivas para dar el salto a lo infinito que implica la generosidad y la justicia social; que el Estado haya ampliado esas posibilidades, a partir de la creación de nuevos derechos, cifra la singularidad histórica del peronismo. Al contrario, negar la finitud nos condena a la estupidez del círculo ilimitado de lo mismo: la teología económico-política del neoliberalismo como dogma de la ganancia que nos empobrece por todas partes. Si no movilizamos desde el deseo, si no nos reunimos para hacer frente a lo peor, si no reinventamos nuestros legados con honestidad intelectual y coraje, tenemos el fin garantizado. Eso nunca estuvo en duda, por supuesto. Córdoba, 13 de mayo de 2024 *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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EL ASEDIO A LOS S1 DE LA DEMOCRACIA ARGENTINA – por Ana Cecilia González

Psicoanalista en Buenos Aires Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) En 1915, a propósito de la Gran Guerra, Freud hace la siguiente reflexión: “(…) la afrenta y la dolorosa desilusión que experimentamos por la conducta inculta de nuestros conciudadanos del mundo en la presente guerra no estaban justificadas. Descansaban en una ilusión de la que éramos prisioneros. En realidad, no cayeron tan bajo como temíamos, porque nunca se habían elevado tanto como creímos”(1). La afirmación es extrapolable a este presente distópico, y cabe recodar las nociones freudianas sobre las que se asienta la cultura: diques, formaciones reactivas, renuncia pulsional, represión, sublimación. En síntesis, el bicho humano sólo consiente trabajosamente a los requerimientos de la vida en común, pues “lo anímico primitivo  –es decir, lo indómito de la pulsión y sus derivas mortíferas– es imperecedero en el sentido más pleno”(2) y cede fácilmente a la regresión. Así las cosas, hace falta cada vez, en cada tiempo y en cada lugar, edificar los bordes más o menos endebles que demarquen un espacio posible para el lazo social. En Argentina, una operación sublimatoria de esta índole es la que llevaron a cabo las víctimas del terrorismo de Estado de la última dictadura – Madres, Abuelas, Hijos y demás actores y organismos de DDHH–, quienes, ante el horror más oscuro y desbocado, forjaron una serie de significantes –Memoria, Verdad, Justicia, Nunca más, 30.0000 detenidos-desaparecidos, Ni olvido ni perdón– que hicieron de borde y dieron sostén al pacto democrático. El asedio al que esos significantes han sido sometidos desde hace casi diez años – desde “el curro de los DDHH” en adelante– alcanza su punto más cínico en el cuestionamiento de la cifra de desaparecidos, cuando se esgrime la inexactitud del número, como si fuera posible saber cuántos desaparecieron en un sistema represivo despiadado y clandestino, como si no hubiera documentos desclasificados que permiten deducir que la cifra podría ser incluyo mayor que los 30.000, ese significante cuyo valor reside, justamente, en su condición de tal. Los resultados del ataque a los S1 de la democracia argentina están a la vista: descomposición de los lazos y la convivencia, manifestaciones cada vez más extremas y frecuentes de odio y violencia. A diferencia del discurso del amo, la operación analítica no consiste en sacralizar los S1. Incluso más, Lacan se encargó de denunciar lo “indecente” (3) de escribirlos en los muros, refiriéndose así a la pretensión de universalidad y eternidad de los tres de la Revolución Francesa. El racismo se arraiga en la fraternidad del cuerpo (4), vaticinaba, y a la vista está una nueva versión de lo que puede llegar a hacerse en nombre de la libertad. El discurso analítico se ocupa de producir los S1 de un sujeto para vaciar el goce mortificante adherido a ellos y habilitar otros usos, o una nueva invención, siempre singulares. “En su individualidad lo significantes son modelados por el hombre y probablemente más todavía con sus manos que son su alma” (5), decía Lacan a propósito de la sublimación. ¿Cómo, dónde, cuándo puede tener lugar el trabajo artesanal que habilite un discurso cabal, es decir, un nuevo lazo, allí donde campea el odio? Que la chispa de un deseo o una contingencia afortunada vengan a alumbrarlo, y que sea pronto, porque urge. Referencias 1- Freud, S., “De guerra y muerte. Temas de actualidad”, Obras completas, vol. 14, Buenos Aires, Amorrortu, 1992, p. 286. 2- Ibíd, p. 287. 3- Lacan, J., El Seminario, libro 19, …. o peor, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 73. 4- Ibíd., p. 231. 5- Lacan, J., El Seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2007, p. 148.

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EL ARTE DE LA AMBIGÜEDAD- por César Mazza

Psicoanalista en Córdoba Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana Adherente al CIEC Ante la vorágine de atentados perpetrados contra la cultura en nuestro país por parte del nuevo gobierno nacional, una de las primeras voces que reflexiona sobre la embestida autoritaria la sostiene Carlos Indio Solari, ex líder de Los redondos y actual referente de Los fundamentalistas del aire acondicionado. En una entrevista (Caja negra, por Julio Leiva, enero 2024) desliza unas frases dónde afirma que la ambigüedad es la posibilidad de la música, del hecho artístico: “Me manejo mucho con la ambigüedad, entonces trato que las personas de movida tengan un abanico de cosas que digo y que no digo, a veces uno toca el tambor y otras veces no, pero la gente tiene que estar acostumbrada cuando uno no toca el tambor entonces de esa manera es libre de interpretar e imaginar qué digo cuando no toco el tambor y no lo que me pasó a mi cuando la hija del fletero no sé qué …me hizo …” Este elogio a la ambigüedad no queda en su costado meramente estético, sino que plantea una posición política, más específicamente referida al tema de la subjetividad encarnada y reproducida por los nuevos-viejos antidemocráticos de siempre: “Deberemos aceptar que debe haber un género que vuelva a encausar un pensamiento, la música es un gran difusor de ideas, y de ideas lo suficientemente ambiguas para que uno no se transforme en un tirano de uno mismo y de los demás, creo que sí, que a la música hay que usarla para eso, he tenido bandas de combate, no de entretenimiento” (Op. Cit.) Consideremos entonces que la lectura es la clave para entrar en estas obras abiertas, llena de hendiduras. Obras que no se asimilan a los dictados del sentido común, aún teniendo una llegada muy popular, ofrecidas a una recepción en singular, a quien se decida a leer. De esta manera, tanto en la sonoridad de las palabras en las canciones, lo imprevisible jugará a favor del receptor, que también es un lector: pondrá su parte para habitar el mundo propuesto por una obra no idéntica a sí misma, en los juegos equívocos de la ambigüedad. El tema de la ambigüedad, el arte de la lectura entre líneas, confluye con el lugar del psicoanálisis en la actualidad. Subrayamos que la experiencia analítica, puede permitir a alguien, distanciarse o deshacerse, transitoriamente, del tormento de creer que las cosas son idénticas a sí mismas. Destaco una línea de lectura planteada por Jacques-Alain Miller cuando se refiere, en una entrevista previa al Congreso de la AMP (1), a la locura respecto de la creencia/no creencia y su relación a lo privado y lo públicoen un sistema político. La cita es: “…el mundo instituido de las Islas Británicas le indica a cada cual que tiene derecho a estar loco, a condición de que se quede su locura para él solo. Ahí empezaría la locura, si pretendiera imponer su locura privada al conjunto de sujetos…” (Jacques Lacan, Seminario 4). Una tesis sobre Inglaterra de la posguerra y sobre los fundamentos de la tolerancia, comentará Miller. De esta manera, estará “admitido soportar las creencias del otro a condición de que no se adhiera demasiado a ellas como para imponérmelas, ni tampoco para empeñarse en hacerme renunciar a las mías. La tolerancia supone que nadie pretenda comunicarse con un Otro absoluto, y amarlo hasta la locura. Por lo tanto, creer sí, pero con moderación, no totalmente. A partir de allí, la creencia es ambigua, porque no creer es un momento de la creencia.” (Op. Cit.). Renovar la apuesta por lo que puede venir, el deseo, en su indeterminación ambigua, dispuesto al acontecer, es una respuesta a la locura de los que se la creen y de los que pretenden hacernos creer su locura privada. (1) París, febrero de este año “Todo el mundo es loco” en https://twitter.com/EOLacaniana.

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UN PUÑADO DE PALABRAS HELADAS (necesidad de Rabelais) – por Fernando Tarragó

Adherente al CIECParticipante del Nudo La patria del sinthoma Zadig Córdoba Dos hechos políticos en el mes de marzo de este año hablan de un clima de época que no arrancó ayer, sino que tiene la temporalidad de un resurgimiento, llevado a cabo por los movimientos de ultraderecha: la Proposición de Ley de Concordia de la Cortes de Castilla y León en España propuesto por el PP y Vox que derogaría el Decreto de Memoria Histórica que se había aprobado en 2018; y el otro fue el video documental dirigido por Santiago Oría que salió desde las redes sociales de Presidencia de la Nación de la Argentina cuyo lema era “Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia Completa”. Ambas acciones se apoyaron en palabras que en el sentido común cuentan con cierto consenso, cargadas con buenas intenciones, pero como escribió Dante Alighieri: el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Los antecedentes en estos usos tienen sus hitos: Obediencia debida, Punto final o Indultos. Usos en tiempos de democracia que van a favor de un discurso corriente que niega una memoria colectiva. En el apelativo de “completa” o “concordia”, en su revés se ubican intentos de-negar una memoria colectiva. Hacer de caja de resonancia de las respuestas, como fue la denuncia pública que circuló por los medios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que “supone la puesta en marcha de una gran operación de blanqueamiento del fascismo”[i] de la estimada Concordia. Como también, las manifestaciones masivas con récord de participación ciudadana por el 24 de marzo en la Argentina, demuestran que la memoria no depende del poder de turno. Pero, ¿de qué está hecha la memoria para el psicoanálisis? Viene al caso una respuesta de Lacan en sus clases sobre el Hombre de los Lobos (1952): “¿Acaso los animales tienen historia? ¿La historia es una dimensión estrictamente humana? Digamos que la historia es una verdad que tiene la propiedad de que el sujeto que la asume depende de ella en su constitución misma de sujeto. Por otro lado, y a la inversa, la historia misma depende del sujeto, que la piensa y la repiensa a su manera.” (En los confines del seminario, 24). La memoria, como motor de la historia humana, es dinámica y está viva, difícil de someter a regímenes de sentido de turno, y tiene una estructura que hace depender, pero también depende del ser-hablante. Como diría Rabelais en el Apólogo de las palabras heladas -referencia de Lacan en sus Escritos– es necesario primero saber escuchar las palabras heladas que provienen de lugares desconocidos, pero hay que darles un tratamiento para deshelarlas. La memoria podría ser esa manera de tratarlas a favor de la civilización y el lazo social. En palabras de Pantagruel: “—Mirad, aquí tenéis algunas que aún no se han deshelado— y al decir esto arrojó sobre el combés unos cuantos puñados de palabras heladas que semejaban perlas con irisaciones de diversos colores. Las vimos de color azul, sinople, negro y hasta doradas. Cuando las tomábamos entre nuestras manos, se fundían y las oíamos perfectamente, pero sin poder entenderlas porque eran en un lenguaje extraño”. Héctor Schmucler, en una entrevista realizada en Mediodicho 29 (publicación de la EOL sección Córdoba, 2005) plantea lo siguiente con respecto a los discursos que intentan negar o relativizar números o las consecuencias de ciertos hechos: “Estamos frente a un crimen ontológico, así lo llama Steiner, no un crimen de Estado. La desaparición es la negación del ser, negándole la muerte. Steiner hablando de Antígona dice: el Estado tenía razón, pero a Antígona no le importaba, quería enterrar a su muerto. Morir o matar en batalla es injusto en un sentido absoluto, uno puede decir qué injusta y aberrante es la guerra. Sin embargo, los muertos en combate pueden ser exaltados, celebrados como héroes, en cambio la negación de la muerte tiene otro estatuto”. De ese otro estatuto están hechas estas palabras que resurgen de lugares no tan desconocidos. *Fotografía seleccionada por el editor del blog [i] Recuperado de https://zadigespana.com/2024/03/28/proposicion-de-ley-de-concordia-de-la-cortes-de-castilla-y-leon-lo-que-piensa-y-pide-la-asociacion-para-la-recuperacion-de-la-memoria-historica/

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PÍLDORA ROJA – por Gustavo Stiglitz

Psicoanalista en Buenos Aires Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana Píldora roja es una novela de Hari Kunzru [1], escritor británico, traducida al castellano por el escritor argentino Damián Tullio. Se trata de la experiencia psicótica de un escritor norteamericano, que viaja con una beca al Centro Deuter para la Investigación social y cultural en Wannsee, suburbio de Berlín, con el objetivo de finalizar una investigación y escribir un libro. Se plantean desde el comienzo elementos aparentemente sin relación, pero que generan una atmósfera de tensión. El protagonista es anónimo. Podría ser cualquiera. El tema sobre el que se propone escribir es “El yo lírico”. No se sabe bien de qué se trata, pero evidentemente es una versión particular del yo. El Centro Deuter para la Investigación cultural y social, es una institución fundada y sostenida por un exitoso empresario industrial y está situado muy cerca de la casa en la que los nazis tomaron la decisión de llevar adelante la “solución final”. Los becarios trabajan obligatoriamente en un ambiente donde todo es transparente, sin intimidad. Anonimato, delirio del yo, concentración de riqueza, totalitarismo, panóptico, segregación y muerte, todo junto para la preparación de una situación explosiva. Es muy interesante cómo, hacia el final de la historia, una vez estabilizado su brote psicótico y retomado su vida familiar, el protagonista establece una continuidad entre la locura, la suya, y la vida cotidiana. “Píldora roja” es también una expresión de amplia circulación en redes sociales, sobre todo las que representan actualmente ideologías de extrema derecha. Es lo opuesto a “píldora azul”, oposición que aparece en la película Matrix (1999, Lana y Lilly Wachowsky). El protagonista del film se encuentra ante la decisión entre tragar  la píldora roja – lo que le permitirá conocer la cruda realidad de un planeta devastado – o tomar la píldora azul y vivir en una ilusoria y cómoda ignorancia de lo real, producida por la Matrix. La idea de base es que aquel que elige la píldora roja, ve la luz, la verdad de lo que pasa tras bambalinas. En las redes sociales, se trata de una luz más bien oscura, ya que parece que lo que se ve – al menos desde la extrema derecha – es que el mundo es controlado secretamente por los progresistas. Por lo tanto, “ver la luz”, lleva a todo tipo de teorías conspirativas que desembocan en movimientos de resistencia o revolucionarios, que hacen de la supremacía blanca, del odio a las minorías, a lo femenino, del insulto al oponente, del culto al individualismo y un terrorífico etc, sus bases para la acción. Son las características de los movimientos del tipo de la Alt Right. Mientras que el que elije tomar la píldora azul, se entrega al adormecimiento del sentido. La luz, la píldora roja, viene de – o lleva a – la derecha extrema. ¿Asistimos hoy en Argentina a una “epidemia de luz” causada por una sobredosis de píldoras rojas? ¿No parece una versión oscura -por más iluminados que parezcan – de la Ilustración? De pronto se descubre que el estado regulador es pernicioso, que la concentración de la riqueza es buena para la economía de las mayorías, que lo heroico no está sino en relación con la acumulación del capital… Volviendo a la novela de Kunzru, el protagonista hace un buen diagnóstico de lo que vivió, cuando su esposa, militante demócrata, invitó amigos a su casa para seguir por televisión las elecciones presidenciales que ganó Donald Trump. “Observo a mi alrededor y noto la preocupación en las caras, la imagen del mundo que tenían hace unas horas se desmorona, esa idea de que el mundo era previsible y centrado y lógico puede que estuviera equivocada…descubro que nada de esto me sorprende en absoluto, que se siente apenas como la continuidad de todo lo que me estuvo pasando durante este año, como si mis pensamientos por fin estuvieran encarnándose.” “…abro mi computadora y entro en uno de los foros de ultraderecha…hay muchísimas referencias al nazismo y a “las catorce palabras” (se refiere al slogan del supremacista blanco David Lane: “Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”)”. El protagonista tiene la certeza de que “hasta ahora ha habido dos carriles o líneas de tiempo: la que vivían mi esposa y sus amigos, en que el futuro es predecible…mujeres y hombres que pueden planear cosas y ahorrar para su retiro, que llevan a sus hijos al colegio…Pero hay otro carril, oculto, en donde toda esta normalidad es una escenografía de papel pintado que tapa otra realidad sangrienta y atávica que emerge desde lo hondo de nuestra historia. De alguna manera, a través de mí, ese segundo carril contaminó el primero. Mi locura, esa por la que me medicaron, ahora se convirtió en la locura de todo el mundo.” “Lo que los enardecidos (por la victoria de Trump) llaman realismo, no es más que una cínica demostración de fuerza…en su mundo la hospitalidad es un pecado mortal y la esencia de las relaciones humanas es la sujeción o la dominación”.  Cuando un par de días después ve un joven con una camiseta que decía We Only Love Family, piensa: “una expresión de solidaridad con los suyos, nosotros contra el mundo, pero ese “only” me dio tristeza, era deprimente, una renuncia a un amor más grande. Hay un proverbio que dice: Un hombre solo es carne de lobo. Así nos quieren. Aislados como una presa. Tenemos que juntarnos. Tenemos que recordar que no existimos solos”. Lo único real e irrenunciable para este escritor anónimo – lo que justamente viene a darle un nombre – es el amor por su mujer y por su hija. Como no hay acceso a lo real si no es por medio del semblante, cada efecto “píldora roja” engendra su propio efecto “píldora azul”.  El problema es cuando los significantes que produce la píldora azul son rígidos y vacíos de sentido. Así, los

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SALUD MENTAL SIN LEY – por Damián Leikis

Practicante del psicoanálisis en la ciudad de Resistencia, Chaco Miembro de la Agrupación Psicoanálisis en la Ciudad Han tomado estado público y notoriedad mediática los debates a propósito de los cambios que introduce en la ley de Salud Mental el mega decreto de necesidad y urgencia que el recientemente asumido ejecutivo impulsa.Es necesario subrayar que algunas de estas modificaciones responden a un malestar creciente en la opinión pública acerca de las modalidades de internación de personas con crisis subjetivas o descompensaciones psicopatológicas.¿Es suficiente plantear que el DNU y la política general que impulsa el actual gobierno relega y desacredita abordajes colectivos y proteccionistas en favor de lógicas individualistas y de mercado? Ciertamente no. Es montada sobre la queja de los familiares y allegados de los denominados usuarios que la avanzada de la industria farmacológica y de las instituciones privadas de internación se apoyan, encontrando el intersticio para proponerse como solución válida ante un denominado “estado ausente” que no ofrece respuestas satisfactorias.Se habla de retorno al paradigma tutelar y de judicialización de la salud en tanto que se otorga a los jueces la posibilidad de determinar las internaciones compulsivas dejando en segundo plano el rol de los equipos interdisciplinarios a la hora de tomar decisiones sobre las medidas terapéuticas a implementar.La báscula ahora se inclina sobre la parte que representa a los familiares, representados por las madres y sus demandas, en tanto, que desde el sector de los trabajadores de la salud mental se denuncian los peligros a los que se exponen los derechos civiles de los sujetos con padecimiento psíquico resguardados en el texto original de la ley. Disputa entre partes instalada en nombre del “bien” del paciente en donde, como es de esperar, asoman la cabeza, viejos convidados de piedra de la psiquiatría como son la noción de peligrosidad y conciencia de enfermedad.Lacan mostró, analizando el caso Schreber (1), que el ideal al que confronta el sujeto en el momento de un desencadenamiento, se trate de una psicosis o no, forma parte de los ideales familiares y sociales que determinan el anverso y reverso de una misma función. La del lugar del Otro en la estructuración subjetiva en éxtima conexión al campo social.También destaca que es necesario que el sujeto consienta al dejar plantado de las voces que lo atormentaban para lograr un cambio de posición y una estabilización aceptando los ideales que la emasculación le demandaban, y así, correlativamente, se produjo un cambio de Otro al que el delirio se dirigía. (Lacan, 1958) Al respecto del lugar del Otro en la salud mental Eric Laurent indicó:“…La salud mental es lo que asegura el silencio del Otro, así como la salud es el silencio de los órganos.” (2) Hacer hablar al Otro para que se despliegue su dimensión equívoca, y generar mecanismos de discusión acerca de los ideales en juego resulta imprescindible para romper la espiral confrontativa que no puede concluir en otra cosa que no sea el ejercicio de un poder. 1 Lacan, J. De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. Escritos II. Siglo XXI2 Laurent, É. (1995). Revista Mental. Revue de psychanalyse appliquée et de santé mentale, Escuela Europea de Psicoanálisis, Editorial del N° 1, París, junio de 1995. *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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LA TRÁGICA FRIVOLIDAD – por Fernando Tarragó

Adherente al CIECParticipante del Nudo La patria del sinthoma Zadig Córdoba Antonio Machado en un poema titulado Meditación del día (1937) ubica el lugar de su España como aquella de la palma de fuego que deja un anochecer, de la tarde silenciosa, de jardines de paz, de una Valencia florida y de un Guadalquivir que se bebe; a pesar de ello, piensa en la guerra. La guerra que viene como un huracán que avanza sin tregua. Este poema en forma de meditación puede ser trasladable a esta época. El Guadalquivir puede ser el rio de La plata o el Putumayo o el Paraná; la Valencia florida puede ser cualquier ciudad de este sur continental; la España del poema puede ser la Argentina o el Ecuador actual. El poema continúa: “Pienso en España, vendida toda de río a río, de monte a monte, de mar a mar. Toda vendida a la codicia extranjera: el suelo y el cielo y el subsuelo. Vendida toda por lo que pudiéramos llamar -perdonadme lo paradójico de la expresión- la trágica frivolidad de nuestro reaccionarios. Y es que, en verdad, el precio de las grandes traiciones suele ser insignificante en proporción a cuanto se arriesga para realizarlas, y a los terribles males que se siguen de ellos, y sus motivos no son menos insignificantes y mezquinos, aunque siempre turbios e inconfesables” (335). Lacan en El seminario XX Aun (1972-1973) va ubicar el lugar del discurso corriente que podría interpretarse como la manera de hablar de ese sujeto que Machado nombra como el de la “frivolidad de nuestro reaccionarios” y que circula sin ton ni son, que está en las conversaciones de café, en la charla con amigos o familiares y en el mismo recinto del Parlamento. Lacan plantea que: “disco-fuera-de-la-corriente también, fuera de campo, fuera de juego respecto a todo discurso y, por tanto, disco sin más: eso que gira y gira exactamente por nada. El disco se encuentra exactamente en el campo a partir del cual todos los discursos se especifican y donde todos naufragan, donde cada quien es capaz, tan capaz como cualquiera, de proferir tantos enunciados como el que más, aunque por un afán de lo que llamaremos, con toda justificación, decencia, lo hace, al fin y al cabo, lo menos posible” (44). En la traducción al castellano la palabra decencia es resaltada, y Jacques-Alain Miller la retoma en un texto: ¡Des-sentido (decencia) para la psicosis! (Matemas I), la palabra es tratada vía el equívoco como des-sentido, para así darle una dignidad al sujeto hablante e introducir al sujeto en un discurso operando un corte con ese disco que gira y gira. ¿Como ubicar el corte en el discurso corriente? El poeta se adelanta: “Todo necio/confunde valor y precio”; y “El tono lo da la lengua/ni más alto ni más bajo; sólo acompáñate de ella”. Cuando el discurso corriente esta desbandado, fuera-de-corriente, la operación poética que el psicoanálisis introduce en el decir, invierte la indignidad en dignificación y el pulular del sentido en decencia del sujeto hablante. Citas: Poesía. Antonio Machado. Buenos Aires, Editorial Losada, 2012. El Seminario XX Aun. Jacques Lacan. Buenos Aires, Editorial Paidós, 1975. Matemas I. Jacques-Alain Miller. Buenos Aires, Editorial Manantial, 1986. *Fotografía seleccionada por el editor del blog

Democracia: paradojas y síntomas, Textos y Entrevistas

PATOLOGIZACIÓN DE LA CACEROLA – por Karina Perez

Practicante del Psicoanálisis en Pilar, Bs AsResponsable de Biblioteca de la Delegación Pilar del IOM2 Hace unos días (Diciembre 2023) el presidente Argentino, explicó las protestas contra su gobierno diciendo que los manifestantes padecían Síndrome de Estocolmo. En la misma línea, un político español, portavoz de VOX, finalizó su alocución refiriéndose al mismo síndrome (ambos políticos comparten la misma posición ideológica). En general unsíndrome, al menos en el discurso psicológico, está integrado por rasgos fenomenológicos que no tienen relación unos con otros, pero al presentarse juntos, definen un estado determinado. De las supuestas respuestas que de allí se derivan, se generaliza un tipo de conducta; sin embargo, este “diagnóstico” no cuenta con criterios de validación científica; de hecho, ni siquiera el DSM ha incluido esta categoría (y justo es decir que dicho manual no se contenta con unas pocas, sino que siempre está a la “caza” de nuevas conductas a patologizar). Por menos que lo percibamos, el lenguaje de las neurociencias atraviesanuestras concepciones cotidianas, moldeando nuestra percepción e interpretación de los hechos sociales, sean éstos individuales o colectivos. Basta detenerse en la proliferación de trastornos en la infancia: a cada conducta le corresponde un nombre de trastorno y porende uno o una batería de tratamientos combinados con medicación. Las neurociencias consideran al cerebro como órgano fundamental que determina lo que somos y hacemos. De hecho, todos los días encontramos un supuesto nuevo hallazgo científico, que intentaexplicar, mediante alguna maniobra de localización cerebral, alguna conducta o afecto (valga como ejemplo la consideración de que la zona del hipotálamo es la responsable del enamoramiento) ¡Pobres poetas! Otra característica fundamental de las neurociencias es el “dinamismo” de sus postulados, de tal manera que hoy pueden aseverar un resultado y dentro de unos años, lo contrario. El creador del diagnóstico de TDH, confesó antes de morir que esta categoría era ficticia y que, al ubicarla como consecuencia de un déficit genético, buscaba acallar la culpa de los padres, por el comportamiento de sus hijos. El elemento de beneficio económico de los laboratorios, no debe quedar soslayado. De este modo el discurso de las neuro ciencias, de la mano de la política, la educación o la psicología, intentan reducir al sujeto a la categoría de “menor” en el sentido del Derecho, alguien a quien hay que tutelar, corregir y proteger.Volviendo al llamado síndrome de Estocolmo, dicha sanción pronunciada en tal contexto, intenta reducir al sujeto político a la categoría de víctima, deslegitimizando cualquier acción que entre en contradicción con el orden establecido o que se intenta establecer es un intento de rebajamiento del estatuto de ser humano y protagonista de la historia, a la categoría de “menor” en el sentido del Derecho como alguien a quien hay que tutelar y proteger. Efecto paradojal del discurso en torno a la libertad; allí donde se afirma que el Estado es un Padre terrible que, al modo del padre de la horda primitiva goza de todo dejándonos privados y es por ello que hay que matarlo, para tener nosotros ese acceso al goce, pero que una vez cometido el crimen constatamos que el goce es imposible; intenta implantar un Padre no de la Ley, sino que afirma: “es Mi-Ley”. Tal vez por eso Lacan pudo decir que el loco era el hombre libre. También lo somos, locos, no libres, toda vez que consideramos que podemos ser los artífices de nuestro destino, sin Otro. *Fotografía seleccionada por el editor del blog

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